"Lo peor del “mejor acuerdo posible” alcanzado ayer en París es que ni
siquiera es decepcionante. El consenso alcanzado entre 195 países, con
150 jefes de Estado desplazados y tantos periodistas, “sólo podía ser un
éxito”, dice sin ironía Germán Palacios, de la Universidad de
Amazonia-Leticia.
Este acuerdo es lo que da de sí el sistema
socioeconómico vigente en el mundo de hoy. El resultado de ese “éxito”
–más emisiones que sobrepasarán los 2 grados Celsius de incremento de la
temperatura a fin de siglo– nos lleva derechos a una catástrofe
científicamente establecida. (...)
Este acuerdo climático es “histórico” precisamente por lo que tiene
de ocasión perdida. El texto no está a la altura de lo que la ciencia ha
establecido. Hay una total imprecisión a la hora de definir los
objetivos de reducción de emisiones, abandonados desde Cancún (2010) a
la voluntad de cada país.
Eso significa que no hay una hoja de ruta para
impedir el incremento de temperatura. Lo único “jurídicamente
obligatorio” no es la reducción sino la periódica revisión de esa
voluntad de cada país, que hoy por hoy nos aboca a incrementos de
temperatura bien superiores a los dos grados. Esa contradicción no
impide la audacia de formular el deseo de ir más allá (tope de 1,5ºC),
pero para eso las emisiones deberían reducirse en más de un 80% hasta el
2030, algo a lo que los países del norte se niegan.
No se
menciona fecha del pico de emisiones. Se habla de “cuando sea posible” y
a largo plazo se relega todo para la segunda mitad del siglo XXI. La
justicia ambiental entre el norte y el sur menciona “daños y
perjuicios”, pero se opone expresamente a admitir la deuda ecológica. Un
artículo, el 52, excluye expresamente toda responsabilidad legal (
liability) y compensación, tal como quiso la administración Obama en
representación del norte global.
La aviación civil y el transporte
marítimo, ambos responsables de alrededor del 10% de las emisiones
globales, quedan fuera del acuerdo. Y, naturalmente, se mantiene una
referencia al “crecimiento económico”. No es el fin del mundo. Es una
nueva ocasión perdida de civilización. War y warming, guerra y
calentamiento, dos palabras con la misma raíz." (“El mejor pacto posible”, de Rafael Poch de Feliu Fernández, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 13/12/15)
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