"(...) El Clínico es un centro de titularidad pública que sin embargo alberga
una sociedad denominada Barnaclínic que ofrece asistencia privada en las
instalaciones del centro y con facultativos del propio hospital. (...)
Lo primero que hay que constatar es que si la iniciativa privada está
tratando de colonizar o parasitar de diversas formas la red pública de
hospitales, ello es debido a un cambio de paradigma que hemos de
celebrar: hace treinta años se presuponía que la calidad asistencial y
la innovación estaban en el sector privado.
Ahora, nadie discute que la
garantía de calidad asistencial e innovación está en el sistema público,
lo que demuestra lo mucho que ha mejorado su gestión. Y también el
acierto político de consolidar un modelo que tiene una alta valoración
ciudadana y que además de calidad, garantiza equidad en el acceso. Con
iniciativas como la del Clínico, la nítida división funcional entre red
pública y red privada se desdibuja. (...)
Los ciudadanos pueden preguntarse por qué se destinan esos recursos
públicos a satisfacer una demanda privada cuando hay largas listas de
espera para ser atendidos en esos mismos hospitales. Si se trata de
aprovechar quirófanos que estarían cerrados por la tarde, ¿por qué no se
usan para acortar esas listas de espera?
Los gestores responden que el
Servicio Catalán de Salud no lo financia. Habrá que dirigir pues la
pregunta al Departamento de Salud que mientras mantiene cerradas
instalaciones propias, deriva pacientes a clínicas privadas mediante
conciertos especiales.
El ciudadano que está en la lista de espera se encontrará en una
situación inédita: la posibilidad, si tiene dinero, de saltarse la
espera y ser atendido inmediatamente en el mismo hospital y por el mismo
excelente profesional, pero pagando.
A la larga, esta nueva situación
puede acabar erosionando algo fundamental en un sistema público: su
legitimación social. Si se rompe el principio de equidad en el acceso,
resultará gravemente dañado ese intangible tan valioso que es la
confianza.
Como sostiene el filósofo norteamericano Michael J. Sandel en Lo que el dinero no puede comprar
(Debate), la ciudadanía tiende a rechazar por injustos los atajos y
privilegios que atentan contra la equidad.
Si el sistema español de
trasplantes se ha convertido en un modelo admirado e imitado en todo el
mundo es precisamente porque garantiza la equidad. Tenemos las tasas más
altas de donaciones porque los donantes saben que los órganos serán
implantados según un estricto orden de necesidad. Que no habrá
favoritismos ni mediará transacción económica alguna.
En el modelo de sistema de salud universal como el nuestro existe una
tensión permanente entre los recursos disponibles, siempre limitados, y
la demanda, siempre creciente. En este modelo, la asignación de las
prestaciones no puede regularse únicamente por el orden de llegada. La
sociedad confía en los médicos la potestad de priorizar, de decidir
quién debe ser atendido primero, en función de la gravedad.
Mezclar dos formas de acceso en un mismo hospital de la red pública
puede dar lugar a dinámicas perversas incluso en el caso de que la
autoridad exija una estricta separación de flujos. Supone sustituir la
ética de la prioridad por la ética del mercado.
Con el tiempo, la
pendiente resbaladiza en favor de la opción privada será dificil de
evitar pues cuanto más crezca esta, mayor beneficio obtendrá el médico.
Introducir la lógica mercantil en el sistema público puede ser una bomba
de efecto retardado para la legitimación social del modelo público." (
Milagros Pérez Oliva , El País,
29 NOV 2015)
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