"Quizá algo abochornados por la barbarie turca al derribar sin
contemplaciones un caza ruso que volaba sobre la frontera turco-siria,
aunque sin mostrarlo ostensiblemente pues Turquía es un viejo aliado que
desempeñó un papel fundamental durante la Guerra Fría, los 28
representantes nacionales ante la OTAN se vieron forzados a celebrar una
reunión de urgencia a petición del Gobierno de Ankara. (...)
Con la boca pequeña y sin identificarse, algunos de los embajadores ante
la OTAN han reconocido que el protocolo normal en estos casos es que
los cazas que salen a interceptar un avión incursor, tras la
identificación visual, lo escolten fuera del espacio aéreo violado,
haciéndole notar la trasgresión en la que ha incurrido.
Posteriormente
tendrían lugar las oportunas reclamaciones diplomáticas por las vías
usuales y las investigaciones para aclarar el motivo de la infracción. (...)
El asunto se explica mejor al observar que Turquía y Rusia no
combaten en Siria contra el mismo enemigo. Más aún: tienen enemigos
distintos, enfrentados además entre sí, lo que complica bastante la
cuestión. Esto no es nada nuevo, dada la variedad de actores que operan
en territorio sirio.
Uno de los grupos rebeldes alzados contra el Gobierno sirio son los
turcomanos, un pueblo étnicamente turco que lleva siglos habitando en la
región. Algunos se concentran en las montañas cercanas a la frontera
con Turquía.
Fueron perseguidos por el régimen de Bagdad, que les
prohibió el uso de su idioma y combatió sus señas de identidad; se
sublevaron en 2011 contra El Asad, contando con el apoyo de Ankara y
unidos a otras facciones que también aspiraban a derribar al presidente
sirio.
Instruidas y entrenadas por Turquía, las brigadas turcomanas agrupan a
unos 10.000 combatientes que luchan a la vez contra el ejército regular
sirio y contra el Estado Islámico. Les apoyan otras fuerzas, como el
Ejército Libre de Siria, la rama de Al Qaeda en el país (el Frente
Nusra) y el grupo islamista Ahrar al-Sham. Es precisamente en esta
vinculación con grupos próximos al terrorismo internacional donde se
basa la acusación de Putin a Turquía de apoyar al yihadismo.
La aviación rusa atacó a los turcomanos y esto es lo que Ankara
parece haber vengado con la destrucción del cazabombardero ruso, en una
acción sin precedentes después de la Guerra Fría. Es natural que ambas
partes -Rusia y Turquía- presenten versiones distintas del mismo hecho,
sobre todo en una zona donde la frontera serpentea entre Siria y
Turquía.
Se discute también si en el momento del ataque el avión ruso
estaba penetrando o abandonando el espacio aéreo turco. Teniendo en
cuenta que Rusia y Turquía no están en guerra, el hecho presenta enorme
gravedad. (...)
El acto de guerra que supone abatir un cazabombardero ruso solo por
haber violado brevemente el espacio aéreo turco, sin ningún otro indicio
de acción agresiva contra Turquía, es un acto hostil y como tal debe
ser tratado en los foros internacionales. La OTAN deberá explicar
debidamente esta agresión, aunque no haya estado controlada por los
órganos militares de la Alianza y sea responsabilidad exclusiva de
Ankara.
Convendrá que la Alianza ignore esas voces exaltadas que exigen
estar “al lado del amigo, con razón o sin ella”, porque los ojos del
mundo están puestos en una Alianza militar que se quedó sin el enemigo
que la hizo nacer y crecer y algunas de cuyas acciones recientes han
suscitado razonable desconfianza." (Alberto Piris - República.com , en Attac 10/12/015)
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