"(...) Aunque
ya pasaron más de 7 años desde la quiebra de Lehman Brothers, todo
apunta a que la crisis global todavía no toca fondo, pues conforme pasan
las semanas cobra nuevas víctimas, de un sector a otro, de una región
geográfica a otra.
Como consecuencia de la creciente desaceleración de
Asia-Pacífico, los países emergentes cuyos ingresos dependen de la
exportación de materias primas (commodities) se encuentran hoy en un
serio predicamento.
El canal de contagio (de la crisis) de los países industrializados hacia
los emergentes ya no es únicamente por la vía comercial –si bien cabe
destacar que el Baltic Dry Index (BDI), uno de los principales
indicadores del transporte marítimo y un dato fundamental para medir la
actividad comercial en términos reales, registra su peor desempeño de
las últimas 3 décadas–, sino sobre todo a través de las finanzas.
De acuerdo con una investigación publicada en octubre
por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en
inglés), que analiza los datos de 30 países, este año las salidas de
capitales de los residentes en los países emergentes alcanzarán más de 1
billón de dólares. Es el monto más dramático desde la crisis asiática
de 1998. No hay duda de que la euforia bursátil del Sur global no será
más.
Es que los inversionistas que venían comprando bonos de deuda soberana
de los países de América Latina y Asia-Pacífico, así como títulos
respaldados en commodities, en la actualidad están llenos de miedo e
incertidumbre. Ya no consideran seguro obtener elevados dividendos
apostando en activos financieros de alto riesgo.
Ahora nada les resulta más seguro que volcar sus inversiones hacia los
bonos del Tesoro de Estados Unidos. A pesar de su enorme deuda pública,
nadie cree que Washington vaya a declararse en bancarrota en el corto
plazo, eso llevaría a que el dólar viera debilitado su estatus de moneda
de reserva, y con ello, la hegemonía de Estados Unidos sería herida de
muerte.
Resulta una contradicción que aún con los graves problemas de la
economía estadunidense, la confianza en el dólar apenas se haya visto
mermada desde la crisis de 2008, si bien es cierto que hay otras
monedas, como el yuan, que han visto incrementada su influencia de modo
considerable.
En estos momentos el dinero nuevamente está regresando a casa, a sus
verdaderos dueños, a los bolsillos de los magnates de Wall Street. Eso
explica la caída de los tipos de cambio y los mercados de valores de los
países emergentes.
Sin embargo, ese dinero o bien se va a atesorar, o
bien se va a utilizar para llevar a cabo fusiones y adquisiciones
(mergers & acquisitions) de empresas, mas no se invertirá de forma
masiva en las actividades productivas y, por lo tanto, el mercado
laboral de Estados Unidos estará aún muy lejos de superar su degradación
estructural. (...)
Si
bien los datos más recientes del mercado laboral de Estados Unidos
parecen mejores que antes, eso no implica de ningún modo que la economía
de aquel país goce de una recuperación sostenida. La deuda privada se
mantiene muy elevada en Estados Unidos, lo mismo la de las empresas que
la de las familias.
Miles de estadunidenses no encuentran empleos de
tiempo completo, únicamente a tiempo parcial, la mayoría de las
ocasiones muy mal pagados y sin prestaciones sociales de calidad. Los
más desafortunados sobreviven a expensas de los seguros de desempleo y
los cupones de alimentos.
En contraste, gracias a las políticas del gobierno, los bancos
estadounidenses han logrado incrementar sus niveles de capitalización.
Asimismo, aumentaron su apalancamiento financiero (es la relación entre
crédito y capital propio invertido en una operación financiera), con lo
cual, está claro que más que proveer recursos crediticios a las pequeñas
y medianas empresas, se han dedicado a realizar apuestas especulativas
en el mercado bursátil.
Con todo, tal como lo apunté en mi entrega
anterior, ese auge también se ha venido agotando a gran velocidad. Según
los datos de los propios bancos de Estados Unidos, sus niveles de
ganancias apuntan a la baja.
Visto desde una perspectiva global, el gran riesgo está en que cualquier
decisión precipitada puede apuntalar las tendencias recesivas
(depresivas) en otros países. Paul Mason, editorialista del diario
británico de The Guardian, cita a los economistas del Banco de Pagos
Internacionales (BIS, por su sigla en inglés), para quienes es este “un
mundo en el que los niveles de deuda son demasiado elevados, el
crecimiento de la productividad es demasiado débil y los riesgos
financieros son demasiado amenazadores”. (...)
Es
así como tres de los bancos centrales más poderosos del mundo divergen
en sus planes de política monetaria, mientras que por un lado en Estados
Unidos se están preparando para elevar el costo del crédito, por otro
lado en Europa y Japón se alistan a lanzar programas de inyección de
liquidez mucho más agresivos.
Con ello, es evidente que la volatilidad
de los mercados financieros no disminuirá, sino que tenderá a aumentar
durante los próximos meses. (...)" (Ariel Noyola Rodríguez, Contralínea, en Jaque al neoliberalismo, 16/12/15)
"La Reserva Federal anunció este miércoles el despegue de las tasas de interés de corto plazo por primera vez en casi una década desde el rango de 0% a 0,25% al rango de 0,25% a 0,5%. (...)
Si bien la subida de tipos es muy pequeña, el aumento de 0,25 puntos
porcentuales es importante porque marca el principio del fin del dinero
fácil. La Reserva Federal necesita volver a la normalidad tras siete
años de luchar con el estancamiento económico.
Su decisión afectará a
millones de inversionistas y ahorradores de todo el mundo, especialmente
a quienes se han endeudado en exceso en estos últimos siete años dado
que el costo del crédito tendrá su primer giro al alza. (...)" (Marco Antonio Moreno
, El blog salmón, 16/12/15)
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