"(...) el desempleo recoge un grave problema de demanda efectiva.
Es decir, las empresas, las que crean empleo, apenas pueden planificar a
más de 6 meses sus decisiones de contratación porque no hay
expectativas fiables de que el crecimiento económico vaya a ser robusto y
duradero más allá de la campaña de Navidad, que es lo que viene ahora, o
la del turismo, recién terminada.
Esta falta de expectativas recogería la duración media de los contratos
temporales, la rotación y, en parte, los bajos salarios. Aquí hay que
introducir la dualidad entre empresas que solo operan en el interior, la
gran mayoría, y las que se mueven en mercados globalizados y con mayor
valor añadido.
El gran problema con esta variable, las expectativas, es
que no hay visos fiables de que vaya a mejorar en el corto y medio
plazo, lo que sin duda, por más que retorzamos los datos del paro
registrado, nos aboca a un tasa de desempleo crónico, sumando al
estadístico el subempleo, no inferior al 18% en los próximos cinco años. (...)
El segundo gran problema a considerar es el grave problema de
empleabilidad que también explica la tasa de paro de larga duración que
afecta, especialmente, a los segmentos de edad por encima de 45
años, incluso con niveles de cualificación medio y alto, y
especialmente al colectivo con formación media-baja, que supone un
porcentaje que no baja del 50% del total de
desempleados EPA.
Este problema, que no se soluciona con las ocurrencias
de las bonificaciones a la Seguridad Social o el Contrato Único, es
endémico y nadie ha querido ponerle coto. (...)
Junto a este drama subyacen otros de igual magnitud y complejidad de
inserción, como son los trabajadores discapacitados, pero también
jóvenes y mujeres. (...)
La carencia de empleabilidad choca contra la ausencia absoluta de
políticas activas de empleo. La farsa de lo hecho hasta ahora con la
formación continua, tanto para ocupados, como especialmente para
desempleados merecería que los agentes involucrados hiciesen un examen
de conciencia, si es que la tuviesen, y dimitiesen en bloque para poder
dejar paso a un nuevo modelo que trajese las mejores prácticas y
eliminase del ideario colectivo el cursillo de 500 horas de auxiliar
administrativo como panacea de la inserción laboral. (...)
La desigualdad en España es ya estructural. Incluso para jóvenes con
carrera universitaria, su probabilidad de inserción laboral es muy baja,
porque carecen de otro tipo de capital solo accesible a las
clases favorecidas, como es el capital social, el cultural y el
económico.
Las familias más ricas establecen vínculos, familiares y
mercantiles, con personas que ocupan cargos influyentes y conocen las
necesidades del mercado. Acceden a información privilegiada no
disponible por otras vías, algo que es inaccesible para gran parte del
mercado laboral español. (...)
En suma, no hay que engañar a la población española. Nunca seremos Dinamarca o Francia, sino que seguiremos siendo un país pobre, con graves carencias formativas y de empleabilidad para una gran parte de la población parada y excluida, y sin visos de cambiar el patrón de crecimiento.
La desigualdad galopante dejará fuera a otra gran
parte de la población, al carecer de capital social, cultural y
económico de sus familias. Esta parte solo tendrá dos opciones, la emigración o el subempleo. (...)
Por eso da tanto coraje, escuchar y reír las gracias a tanto mediocre
que nos gobierna, nos ha gobernado y desgraciadamente nos gobernará." (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 06/01/06)
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