"Siete años después de que en 2008 entrase en erupción la crisis
financiera mundial, la economía del mundo ha continuado dando tumbos en
2015. Según el informe de las Naciones Unidas (ONU) titulado Situación y Perspectivas de la Economía Mundial 2016, la tasa promedio de crecimiento en los países desarrollados ha disminuido en más del 54% desde la crisis. (...)
Aún más preocupante es el hecho de que las tasas de crecimiento de los
países avanzados también se han tornado más volátiles. Esto es
sorprendente, ya que, en su posición de economías desarrolladas con
cuentas de capital totalmente abiertas, estas economías deberían haberse
beneficiado de la libre circulación del capital y de la distribución
internacional del riesgo —y, por lo tanto, deberían experimentar poca
volatilidad macroeconómica—. (...)
Sin embargo, las políticas dominantes durante el período posterior a la crisis —el ajuste fiscal y la flexibilización cuantitativa (QE)—
han ofrecido poco apoyo para estimular el consumo de los hogares, la
inversión y el crecimiento. Por el contrario, han tendido a empeorar las
cosas.
En EE UU, la
flexibilización cuantitativa no impulsó el consumo y la inversión
porque, en parte, la mayor parte de la liquidez adicional regresó a las
arcas de los bancos centrales, en forma de excesos de reservas. (...)
Las instituciones
financieras optaron por mantener su dinero en la Fed en lugar de
realizar préstamos a la economía real, ganando casi 30.000 millones —sin
correr ningún riesgo— durante el último lustro.
Esto equivale a una generosa —y, en gran medida, oculta— subvención de la Fed al sector financiero. (...)
Los incentivos
perjudiciales son solo una de las razones por las que no se
materializaron muchos de los beneficios que se esperaba recibir como
resultado de las bajas tasas de interés.
Dado que la QE logró mantener
las tasas de interés cerca a cero durante casi siete años, se debería
haber incentivado a que los gobiernos de los países desarrollados
obtengan préstamos e inviertan en infraestructuras, educación y sectores
sociales.
El aumento de las transferencias sociales durante el período
posterior a la crisis habría impulsado la demanda agregada y suavizado,
en cierta medida, los patrones de consumo.
Por otra parte, el
informe de la ONU muestra claramente que en todo el mundo desarrollado
la inversión privada no creció como era de esperar, tomando en
consideración las extremadamente bajas tasas de interés. (...)
En todo el mundo, los
títulos-valores emitidos por las corporaciones no financieras —las
mismas que, se supone, llevan a cabo inversiones fijas— aumentaron
significativamente durante el mismo período.
Esto implicaría que muchas
corporaciones no financieras obtuvieron préstamos, aprovechando las
bajas tasas de interés. Sin embargo, en lugar de invertir, estas
corporaciones utilizaron el dinero prestado para volver a comprar sus
propias acciones o para adquirir otros activos financieros. Por lo
tanto, la QE estimuló fuertes incrementos en el apalancamiento y en la
rentabilidad del sector financiero.
Sin embargo, dígase
una vez más, nada de esto fue de mucha ayuda para la economía real. De
manera clara, mantener las tasas de interés en un nivel cerca de cero no
conduce necesariamente a niveles más altos de crédito o inversión.
Cuando a los bancos se les da la libertad de elegir, eligen ganancias
libres de riesgo o incluso eligen la especulación financiera en lugar de
realizar préstamos que apoyarían el objetivo más amplio de crecimiento
económico. (...)
En vez de fomentar efectivamente a que los bancos no presten, la Fed
debería haber penalizando a los bancos por mantener excesos de reservas. (...)
Una consecuencia no intencionada, pero no inesperada, de la
flexibilización monetaria ha sido los fuertes aumentos en los flujos de
capital transfronterizos. El total de entradas de capital a los países
en desarrollo aumentó desde alrededor de 20.000 millones en 2008 a más
de 600.000 millones en 2010. (...)
Ni la política monetaria ni el sector financiero están haciendo lo que
tiene que hacer. Parece ser que la inundación de liquidez se ha dirigido
de manera desproporcionada hacia crear riqueza financiera e inflar
burbujas de activos, en lugar de ir a fortalecer la economía real. (...)
Hay otras políticas que mantienen la promesa de restaurar el crecimiento sostenible e integrador. (...) se necesitará un gran aumento de la inversión pública en
infraestructura, educación y tecnología.
Estos incrementos tendrán que
ser financiados, al menos en parte, por la imposición de impuestos
ambientales, incluyendo impuestos al carbono y al monopolio, así como
impuestos a otras rentas, mismas que se han tornado en omnipresentes en
la economía de mercado y que contribuyen enormemente a la desigualdad y
al crecimiento lento." (Joseph E. Stiglitz , Hamid Rashid , El País, 10 FEB 2016)
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