10.3.16

El FMI era consciente de que el empréstito a Grecia era insostenible y que iba en contra de los mismos lineamientos del FMI

"Las reuniones con los técnicos y representantes de la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) son como chocar con un muro de sordos, ya pueden presentarse propuestas razonables y apoyadas en números que los negociadores no entran a discutir asuntos de calado. No tienen en ello ningún interés.

 Es la experiencia del economista y exasesor de Yanis Varoufakis, Daniel Munévar (Bogotá, 1984), quien ha participado en estas negociaciones durante la crisis griega y la aprobación de los programas de “rescate”.  (...)

Daniel Munévar recuerda que en las discusiones con el FMI los negociadores griegos argumentaron que las “reformas” no funcionarían. Y lo hacían a partir de los mismos informes del Fondo Monetario Internacional. El economista colombiano colaboró desde marzo de 2015 como asesor de Yanis Varoufakis en el Ministerio de Finanzas heleno, en materia fiscal y sobre deuda. 

Buscaba las referencias concretas en los informes del organismo monetario, y luego se las trasladaba al grupo técnico que mantenía las reuniones. Ésta era aproximadamente la respuesta que recibían por parte de la representación del FMI: “Miren, si ustedes no están interesados en reformarse, no tenemos ningún punto en común para continuar con las discusiones; apaguemos y nos vamos”. “Aquí está lo que ustedes han de hacer”.

El ejecutivo de Syriza entendía que se daba una relación decisiva entre una quita de la deuda y poner el freno a las políticas de austeridad. Informes del FMI del año 2013 reconocían la verdadera naturaleza de los créditos concedidos a Grecia tres años antes. 

“Lo publicaron por escrito porque primero hubo filtraciones”, destaca Daniel Munévar. Los préstamos del primer “rescate” que se otorgaron en mayo de 2010 a Grecia (110.000 millones de euros) sirvieron sobre todo para reflotar a los bancos alemanes y franceses. 

“Eran conscientes de que aprobaron un empréstito insostenible y que iba en contra de los mismos lineamientos del FMI, por eso tuvieron que cambiar sus reglas de crédito para la aprobación”. 

Con el fin de establecer una quita que aliviara la asfixia económica, el gobierno griego aportaba todos estos argumentos en las reuniones con el FMI, e incluso se mostraban los “papeles”, pero ésta era la respuesta: “Ustedes han de tener esa discusión con los países de la UE”. 

Una de las condiciones que establece el FMI en los “rescates” es que esta institución es la primera en cobrar, por tanto, se le tenía que abonar lo prestado y después ya se entendería el gobierno griego con los países de la Unión.

Pero tal vez la clave del dogal que impedía una quita podía observarse mejor en las argumentaciones de hierro de la Comisión Europea y el BCE. Se les decía a los negociadores griegos que incluso si se aceptaba una reestructuración de la deuda, habría que continuar con las medidas de austeridad. 

No se podía aceptar -era ésta la idea básica- que Grecia tuviera “obligaciones fiscales” menores que otros miembros de la UE que habían prestado capitales al país heleno. 

Pero la cuestión se situaba, aunque no se dijera, en el terreno eminentemente político. Porque si a Grecia se le dispensaba un trato más favorable que a otros países, podía entenderse que una “estrategia de confrontación” podía rendir resultados. Y podía cundir el ejemplo.  (...)"               (Entrevista al economista y exasesor de Varoufakis, Daniel Munévar, Enric Llopis ,  Rebelión,  08/03/16)

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