"Quiero una referencia clara y expresa a la libertad de prensa, si
no, no firmo”.
La Cumbre Europea en la que se acordó el pasado lunes, la
expulsión a Turquía de todos los migrantes, incluidos los sirios, a
cambio de 6.000 millones que el Gobierno de Ankara, manejará sin ningún
control, estuvo a punto de fracasar, cuando el primer ministro italiano
Matteo Renzi, de acuerdo con la canciller Merkel y el primer ministro
británico Cameron, planteó con toda dureza, que no se podía seguir dando
dinero a un gobierno que no respeta la libertad de prensa, que persigue
a los periodistas, que cierra cadenas de televisiones y que combate,
con todos los elementos que tiene a mano la libertad de expresión, y
otras libertades que deberían preocupar en Europa.
Esta es la cruda realidad de un país que combate a muerte a los
kurdos con los que mantiene un conflicto abierto; que no tiene por el
momento el mínimo interés en terminar con las mafias que se dedican al
tráfico de personas; que muchas de sus estructuras de poder están
conectadas con esas mafias; que se niega a que el islamismo, incluso el
más radical, desaparezca de la sociedad turca, sino todo lo contrario;
que tiene una actitud confusa y sospechosa en el conflicto sirio y en el
combate contra el Estado Islámico, y que ha sido acusado de tener
montado todo un negocio con el petróleo que, a bajo precio, está
vendiendo el Estado Islámico a empresas turcas que, según los servicios
de Inteligencia rusos, estarían controladas por el propio Jefe de Estado
turco Recep Tayyip Erdogan.
Esa es la realidad de Turquía, el país que tiene que controlar a esos
miles y miles de migrantes que serán expulsados a su territorio,
violando todas las leyes internacionales, incluidas las de la propia
Unión Europea, como la Convención Europea de Derechos Humanos, que
prohíbe expresamente, la expulsión colectiva de extranjeros.
Ningún
migrante puede ser expulsado si ha pedido asilo, y cada caso tiene que
ser tratado individualmente y no de forma colectiva, como decidieron el
pasado lunes los Jefes de Estado y de Gobierno de los veintiocho países
de la Unión Europea, en una de las decisiones más vergonzosas que ha
adoptado esa Europa de las libertades. (...)
Los líderes de la UE deben tener listo el pacto para la semana
próxima. Gran parte del mismo es difícil de aceptar. El plan de
expulsar masivamente a los refugiados que estén en Grecia y enviarlos a
Turquía es ilegal casi con seguridad, tal como Naciones Unidas no ha
tardado en señalar.
También es alarmante que, señala este lunes
Financial Times, en su desesperación por cerrar un acuerdo, la UE esté
abandonando las restricciones que han regido sus relaciones con Ankara
durante una década.
La UE está blindando a 75 millones de turcos, el acceso inmediato al
espacio Schengen de libre circulación de personas, y analiza levantar
algunas restricciones, en aspectos relacionados con las negociaciones
sobre el ingreso de Turquía a la UE.
Bruselas está ofreciendo esos
premios al presidente Recep Tayyip Erdogan, en el mismo momento en que
éste, en su país, está tomando medidas drásticas contra las
libertades políticas, judiciales y de los medios de comunicación." (José Oneto, República.com, 10/03/16)
No hay comentarios:
Publicar un comentario