"(...) si no se hace algo urgente, la economía mundial va hacia el estancamiento y la deflación prolongada.
Las señales son muchas. Pero quizá la más clara sea la decisión de
algunos bancos centrales —el último, el de Japón hace unas semanas— de
aplicar tipos de interés negativos a los depósitos que la banca
comercial tiene en el banco central.
¿Qué otra cosa sino el temor a una
depresión prolongada puede llevar a los normalmente ortodoxos bancos
centrales a aplicar este tipo de medidas heterodoxas? Convendría, por
tanto, prepararse para la próxima recesión. (...)
¿Cuáles son esas herramientas? Fundamentalmente, las políticas fiscales y
monetarias no convencionales reservadas para situaciones económicas y
sociales excepcionales. Se trata de mezclar en un único cóctel de
medicinas las recomendaciones de John Maynard Keynes y Milton Friedman.
Hasta ahora, los gobiernos han trasladado a los banqueros centrales la
responsabilidad de estimular la demanda y el crecimiento. Pero la
política monetaria convencional ha llegado a sus límites sin lograr
activar la demanda ni crear inflación.
Hay que volver la vista a los
grandes programas keynesianos de gasto público, especialmente en
infraestructuras, que a la vez que estimulen la demanda, el empleo y el
ingreso de los hogares, mejoren la productividad y el crecimiento
potencial a largo plazo.
Pero, ¿cómo financiar esos programas si las arcas públicas están
exhaustas? Con la fórmula del “helicóptero” de Milton Friedman:
financiación del nuevo gasto público directamente por los bancos
centrales.
En vez de seguir dando dinero a los bancos a través de
operaciones de quantitative easing que no logran trasladar liquidez a
los consumidores e inversores, se trataría de utilizar inyecciones de
dinero en vena mediante la financiación por el BCE de las emisiones de
deuda para inversiones.
Este tipo de herramientas excepcionales producen miedo a los
timoratos. Pero en el panorama económico, social y político que estamos
viviendo, a lo único que deberíamos temer es al miedo. Como ya ocurrió
en los años treinta del siglo pasado, las políticas fiscal y monetaria
“de guerra” son las únicas medidas inteligentes para salvar al
capitalismo, la sociedad liberal y la democracia.
A pesar de la declaración del G 20, no todos estuvieron de acuerdo en
utilizar todas las medidas posibles. Wolfgang Schäuble, el ministro
alemán de finanzas, se mostró reacio y volvió a recitar la letanía de
las reformas estructurales. Sin embargo, la región económica que tiene
más números de volver a la recesión es la eurozona.
La nueva recaída en
la deflación de precios lo confirma. La austeridad no funciona. Sin
embargo, la Comisión Europea sigue, erre que erre, recomendando el
rápido recorte del déficit público. La estupidez macroeconómica europea
parece no tener límites.
Si la austeridad no funciona y la deflación es una amenaza real, ¿por
qué Schäuble y la Comisión Europea no cambian de postura? Hay varias
explicaciones.
La primera es que en la macroeconomía de tradición
germánica-austríaca que domina la eurozona no hay ningún capítulo
dedicado al tratamiento de las deflaciones. Es como si en los manuales
de medicina no hubiese ninguna parte dedicada a la depresión.
La
segunda, es que a Alemania le ha ido bien esta situación al permitir a
su sector público y a sus empresas financiarse a tipos de interés bajos o
negativos, con un ahorro financiero extraordinario.
La tercera, es que
la UE no tiene una Hacienda propia que le permita embarcarse en grandes
programas fiscales al estilo del Tesoro norteamericano o del británico.
En estas circunstancias, la austeridad supone hacer de la necesidad
virtud.
Pero la mejor explicación de la resistencia de Schäuble y de la UE a
utilizar la política fiscal para evitar la próxima recesión es que están
bajo el síndrome del alcohólico reformado. Los gobiernos y las élites
europeas han interiorizado la falsa narrativa de que la crisis de deuda
soberana de 2010 fue la consecuencia de la adicción de los gobiernos al
gasto público durante la época de euforia.
Después de recomendar la
austeridad como terapia de rehabilitación, ahora temen que las medidas
fiscales y monetarias excepcionales les hagan caer de nuevo en el
alcoholismo. (...)" (Antón Costas , El País ,6 MAR 2016)
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