"Los sesudos gestores de las principales instituciones de ahorro
mundiales siguen alentando la ingeniería financiera para que sus
clientes no saquen su enorme bolsa de liquidez ociosa que viaja por el
mundo a la velocidad del sonido.
Estos prohombres de la búsqueda de
rentabilidad en un entorno de inflación cero y tipos de interés
negativos siguen sorprendiendo con nuevas revelaciones en forma de bonos
basura (...)
Esta franja de inversores, que acapara como se ha publicado
recientemente más riqueza que la gran mayoría de población, se mida
donde se mida, decidió que, ante la pésima política monetaria para sus
intereses por parte de Bancos Centrales, tenía que desarrollar
inversiones alternativas para poder rentabilizar toda esa bolsa ingente
de liquidez, cuyo destino nunca debería ser la inversión productiva,
sino eminentemente especulativa, como así ha sido siempre.
Para ello, han
contado con dos elementos cruciales: la ausencia de control y
supervisión de este tipo de instrumentos y la existencia de paraísos
fiscales, patrocinados por los propios gobiernos, para
depositar transitoriamente el botín, cuando las turbulencias o los
anuncios de cambios drásticos de la política de supervisión y control
aparece en algunos países de la periferia, como España.
La realidad nos lleva a una paradoja: el volumen de fondos ociosos en el
mundo ha alcanzado máximos durante la crisis, y la tasa de inversión
real no para de descender (...)
Esta atípica distribución de la riqueza, favorecida claramente por el
acceso al ahorro en activos financieros, se explica únicamente porque
los activos financieros, y no solo los bursátiles, no cumplen su función
de búsqueda de financiación para la toma de decisiones de inversión.
Cada vez más, la ingeniería financiera se ha puesto al servicio
de la retribución exclusivamente del capital de esta elite que no tiene
necesidad de invertir en activos reales, como en la economía
tradicional, sino que busca únicamente el retorno personalizado e
individualizado, como es, sin duda, la moda de la creación de valor para
el accionista.
Uno de los mejores ejemplos de esta furibunda búsqueda del retorno
del capital es la sucesión de burbujas creadas alrededor de los
colaterales que se van poniendo de moda. (...)" (Alejandro Inurrieta, Vox Populi, 24/01/16)
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