4.3.16

Sobre la contrapopuesta programática de Podemos: permitiría recuperar servicios públicos a niveles anteriores a 2010

"(...) La reforma fiscal que plantea Podemos está bien concebida, y cuadran las cuentas en términos temporales y de coherencia con los apartados presupuestarios que trata de sostener, con una fundamentación de economía política. 

Es una propuesta bien diseñada que soporta el esfuerzo fiscal en las rentas altas y del capital, del patrimonio, y que propone una reducción del IVA en bienes básicos para los consumidores, y que por tanto encierra una solución progresiva del marco fiscal con mayor capacidad recaudatoria, más aún al dotar de recursos a la inspección fiscal y que contempla medidas contra la evasión y los paraísos fiscales. 

Pero es una propuesta tímida al insistir en un aumento de apenas del 3% del PIB de los ingresos públicos, aunque parece razonable para una legislatura y en el marco de la correlación de fuerzas actual y que, marcando una orientación positiva, puede entenderse como válida como un paso en la buena dirección y que permitiría recuperar servicios públicos a niveles anteriores a 2010.  (...)

 El segundo elemento que se plantea es que se acepta el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, si bien se propone su flexibilización y su cumplimiento en un plazo más largo. La exigencia de Bruselas de recortes por un montante que puede ascender a unos 11.000 millones de euros sería el primer escollo a superar. 

Las élites europeas sólo toleran flexibilidad para gobiernos conservadores afines. Un gobierno en estas condiciones estaría liderado por el PSOE, que es devoto del Pacto Fiscal con apenas retoques. Sólo en esas condiciones se entiende una propuesta así, más aún cuando sería una propuesta de negociación de difícil aceptación por Bruselas.  (...)

La pregunta que cabe plantearse es, ¿qué se hará si no se acepta esta flexibilización?. ¿Se acatará y se asumirán los recortes consiguientes?. ¿Se desobedecerá y se asumirá la sanción de un 0,2% del PIB, más de 20.000 millones de euros?. ¿Se distanciará de la UE sin cumplir sus preceptos?. ¿O qué?.

Otro punto moderado es el abordaje de la cuestión de la deuda, que sigue consistiendo en la reclamación mediante un impuesto de solidaridad a la banca de la devolución de los 60.000 millones que costó su rescate. Siendo una medida justa, es insuficiente y, si lo que se busca es no enfadar a la banca, no lo va a conseguir, porque la banca no aceptará ceder nada, y sólo cabe plantear medidas de intervención política que, si nos atenemos a la responsabilidad de la banca en la crisis, deja como sumamente floja la respuesta política que se le da.

 Ahora bien, entendemos que como punto de partida para una negociación de entrada en un gobierno como un socio menor se comience por aquí.Podría plantearse como solución alternativa la conversión de las ayudas públicas en acciones de oro (participaciones públicas) de tal manera que una banca pública pudiera entrar en el accionariado de la banca privada con fuerza en su dirección.

Pero cabe mencionar que la reestructuración de la deuda, que debiera comenzar por una auditoría para determinar qué parte de impaga, a quién, de qué modo, y qué otra parte se posterga en su pago, o se modera en su montante y tipos de interés, es un capítulo fundamental que, aunque quizá no urge económicamente en un primer momento (aunque sí políticamente debiera ser de lo primero en acometer) es, posiblemente, el vacío más fuerte de esta contrapropuesta.

 Aunque, igualmente, es comprensible su ausencia en el marco de una negociación en la que se acepta ser un socio menor en un gobierno del PSOE… (...)

Se echa en falta una política respecto a la Unión Europea, que ante la tesitura de su comportamiento adverso no hay previsto planes de emergencia, tanto para hacer frente al perjudicial modelo de la UE, como ante su presumible reacción ante la necesaria acción política de hacer lo legítimo, aun cuando eso no coincida con la legalidad de la UE. 

Más aún cuando el problema es estructural, dada la arquitectura de la UE y de sus políticas en el marco del Sistema Euro. El incumplimiento de las reglas de la UE, recordemos, pueden suponer desde sanciones, interrupción de programas europeos en el país o, en el marco financiero, el cortocircuito de los mercados de cara a proveer financiación, o simplemente la expulsión de la eurozona. 

Para todo esto quedan más preguntas que respuestas. Y convendría tener ideado un plan de actuación en tal caso, lo que algunos han llamado un Plan B.  (...)

Este programa no lo aceptarán las clases dirigentes ni el PSOE, tampoco afronta numerosos retos como son la envergadura y complejidad de la crisis económica internacional, menos aún del modelo socioeconómico que la sustenta. Ni prevé respuestas ante la segura reacción de las clases dirigentes a escala nacional y europea. 

Es también un programa moderado, pero camina en una dirección interesante. Es un buen punto de partida para seguir discutiendo y un buen documento para dejar sin argumentos a las élites, que seguirán perdiendo cualquier rastro de legitimidad. Y eso es bueno."           (Daniel Albarracin, Economái Crítica y crítica de la economía)

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