"Los papeles de Panamá representan la enésima gota que colma el vaso. Son un reflejo de la degradación económica, social, política y moral de una forma de entender el mundo, emergida a mediados de los ochenta del siglo pasado, con la llegada al poder de los neoconservadores Ronald Reagan y Margaret Thatcher.
La profunda crisis sistémica está entrando en una segunda etapa que bautizamos en su momento como La Segunda Fase de la Gran Recesión. Y esta profundización de la crisis tiene que llevar implícito el final del Consenso de Washington.
El capitalismo liberal se derrumba tanto en sus vertientes económicas,
con la agonía de la ortodoxia neoclásica; como políticas, donde aquellos
partidos y movimientos políticos cuyos líderes han permitido la mayor
acumulación de riqueza de la historia pasarán a ser irrelevantes.
Si
somos capaces de revertir la actual situación, la durísima crisis que se
avecina debería dar paso a una nueva fase de auge económico prolongada.
En caso contrario el abismo se cernirá sobre nosotros. (...)
Incluso podríamos afirmar que ciertas élites se han regodeado en su abundancia. ¿Se acuerdan esa excelente pieza de Robin Hood in a Time of Austerity, del escritor y periodista británico James Meek?
En ella Meek relataba magistralmente cómo los otrora pobres y débiles
-desempleados, discapacitados, refugiados…- han sido acusados y
presentados como vagos, perezosos, parásitos. Mientras que los que antes
se consideraban ricos, ahora, por obra y gracia del lenguaje, se les
presenta como aquellos que trabajan muy duro para obtener una recompensa
más o menos justa.
Y en la nueva versión del mito, “Robin Hood” es el que rebaja los impuestos a los ricos. Y puestos a eso, ¿por qué no facilitamos la evasión de impuestos? Y de eso van los papeles de Panamá, de cómo el escalafón superior del 1 por ciento más rico ha utilizado empresas fantasmas y paraísos fiscales en el extranjero para evitar el pago de miles de millones de euros en impuestos. (...)
Las transgresiones documentadas en los papeles de Panamá fueron directamente facilitadas por el Tratado de Libre Comercio entre Panamá y Estados Unidos, que el Congreso de los Estados Unidos ratificó en 2012. En 2011, Sanders llevó al pleno del Senado una denuncia enérgica respecto al acuerdo comercial:
"Panamá es un líder mundial cuando se trata de permitir a los
estadounidenses más ricos y a las grandes empresas evadir y esconder su
dinero en paraísos fiscales en el extranjero. El acuerdo de libre
comercio con Panamá hará que esta mala situación sea todavía mucho peor.
Cada año, las personas más ricas de este país y las grandes
corporaciones evaden alrededor de 100 mil millones de dólares en
impuestos a través de paraísos fiscales abusivos e ilegales en Panamá y
en otros países".
Y, ¿qué dijo Hillary Clinton? Nada. Ignoró por
completo el problema de paraíso fiscal, y en su lugar, repitió los
tópicos y argumentos manoseados por aquellos que aquí y ahora defienden
el Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversión
(conservadores, socialdemócratas y liberales). Ya saben, el mucho
empleo que se genera, lo cual es falso.
En el caso de Estados Unidos
está demostrado que el acuerdo NAFTA ha diezmado trabajos del sector
industrial estadounidense mientras que a la vez se ha producido una
crisis de migratoria de refugiados económica en México. (...)
Con el Tratado de Libre Comercio entre Panamá y Estados Unidos, se abrió el camino a los grandes bancos y corporaciones para eludir las leyes y reglamentos nacionales.
La campaña de Sanders se está llevando a cabo bajo
la premisa de que Clinton está intrínsecamente ligada a la corrupción
política, a ciertas intervenciones militares desastrosas, y a una
connivencia con Wall Street.
Si se puede demostrar que estuvo implicada en irregularidades expuestas en los documentos de Panamá, ello catapultaría a Sanders a la victoria en las primarias de Nueva York. Entonces el relato de la elección cambiaría drásticamente. ¡Ojalá!" (Juan Laborda, Vox Populi, 09/04/16)
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