12.5.16

El cambio climático es peor de lo que se le ha dicho... pero la solución es más fácil: parar la producción, consumo y distribución de energías fósiles, y sustituirlas por renovables, lo que crearía más empleo

"(...) todavía parece no haber plena conciencia entre las estructuras de poder del mundo (y las instituciones que las reproducen) de que el cambio climático es peor de lo que creen, que este cambio es irreversible y que sus consecuencias son mucho más negativas de lo que piensan. (...)

Recordará el lector que, según los mayores medios de información, el supuesto gran éxito de la Conferencia era haber alcanzado el acuerdo de todos los 196 países participantes para que, a partir de ahora, se tomaran medidas con el fin de que la temperatura terrestre no subiera más de 2º centígrados para final de siglo.

Y para enfatizar la enorme importancia de este hecho y la inteligencia colectiva en tal Conferencia, se presentó también como signo de otro éxito el que se aprobara también que se intentaría que este incremento fuera incluso menor, es decir, un incremento de no más de 1,5º centígrados. Tal petición la habían hecho los países más pobres y más vulnerables al cambio climático. Estos dos eran supuestamente los grandes éxitos de la Conferencia. (...)

Lo que es probable que usted no conozca es que tales objetivos no tenían ningún valor normativo. Era un desiderátum, sin que se tomaran medidas (incluyendo las sancionadoras) que estimularan a que se alcanzase tal objetivo. 

En realidad, voces científicas creíbles han calculado que, sumando todas las medidas a las que cada país participante en la Conferencia se comprometió a realizar para alcanzar el objetivo aprobado, (no más de 2ºC de aumento), el objetivo final sería mucho peor, pues el crecimiento de la temperatura global sería de 3,5º centígrados, un aumento auténticamente catastrófico que pondría en cuestión la propia viabilidad del colectivo humano (ver “The Irreversible Climate Change”, Monthly Review, vol. 67 N.9, february 2016).

Otra debilidad de la Conferencia fue que dicho acuerdo no dijo nada sobre los límites de las emisiones de CO2, que deberían reducirse drásticamente para alcanzar el famoso tope de 2ºC. Las soluciones propuestas, vagamente expresadas, se basan en supuestos excesivamente optimistas. 

Por ejemplo, aún cuando recomiendan la sustitución de los recursos fósiles por renovables, el hecho es que todavía hoy evitan referirse a la necesidad de eliminar la dependencia energética en el primer tipo de recursos, argumentando que siempre y cuando se desarrollen medidas que absorban el CO2, la producción de tales gases puede compensarse con el crecimiento de estas últimas medidas absorbentes. 

Ejemplos de tales medidas son, por ejemplo, el crecimiento de los bosques, o la utilización de nuevas tecnologías que se asume se inventarán (supuesto que se ha presentado por voces críticas como la tecno-utopía), que realizarán tal labor de absorción y limpieza de tales gases. 

Otra gran limitación del documento es que en ninguna parte se hace mención del grave problema que representan las emisiones de gases derivadas del tráfico aéreo y marítimo internacionales, a pesar de que ello es una de las mayores causas de la acumulación de los gases causantes del problema. 

Y, por sorprendente que parezca, no se dijo nada sobre el hecho de desincentivar el uso del petróleo y otros derivados fósiles. En realidad, los gobiernos de las grandes potencias mundiales lucharon para defender sus intereses, anteponiendo los intereses de las industrias energéticas que utilizan combustibles fósiles, a los de sus propias poblaciones y los de la población mundial. 

Las soluciones al enorme problema creado por el cambio climático son fáciles de ver. Hay que parar la producción, consumo y distribución de tales fuentes de energía fósiles, sustituirlas por otras renovables, y adaptar la sociedad a estos cambios climáticos. 

La aplicación de estos principios podrían constituir cambios muy importantes, que beneficiarían a todas las poblaciones, facilitando el establecimiento de nuevas sociedades, con un mayor bienestar al actual. 

Y ello no pasa por las “políticas de austeridad” o por el control demográfico (como algunos sectores del movimiento ecológico están proponiendo), sino por una intervención masiva y conjunta de los Estados, así como los organismos internacionales, para desarrollar políticas públicas en la dirección apuntada en este párrafo.

 La sustitución de las energías fósiles por las renovables es totalmente factible, así como la adaptación de las economías a otras formas de energía, creando una gran actividad económica (con una enorme producción de puestos de trabajo). (...)"        

(Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 23 de febrero de 2016, en www.vnavarro.org, 23/02/16)

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