"Yo creo mucho en la doctrina del ministro Montoro. Una persona que haya
operado en el offshore del terrorismo no puede dedicarse a la política.
Y, sin embargo, ahí está el llamado Otegi, encabezando una candidatura
de la izquierda a la presidencia del gobierno vasco y encarnando la peor
corrupción de España.
(...) los votantes de Otegi encarnan la peor quiebra moral de España. El
pueblo no aceptaría un exdelincuente fiscal de candidato, pero no tiene
mayor problema con un exterrorista. El pueblo es muy suyo, y con su
sumisión a Otegi no hace sino legitimar el asesinato como método de
acción política. (...)
El problema grave es que las instituciones españolas no hayan podido
evitar que el antiguo miembro de una banda de asesinos se presente a
unas elecciones y tenga posibilidades de ganarlas. Es por este tipo de
asuntos por los que España presenta una sostenida y crucial intimidad
con el fracaso. (...)
Al uno lo presentan como un tipo avergonzado, que reconoce sus erratas y
sus errores; con él no hay debate posible: prima la doctrina Montoro, y
hasta yo mismo estoy de acuerdo. Por el contrario, al exterrorista lo
presentan como un hombre opinable; y es que, al parecer, con su caso no
hay doctrina. (...)
Una democracia que discute la compatibilidad entre política y asesinato
pero que se muestra inflexible ante la incompatibilidad entre política y
dinero off es una democracia pintoresca, a punto de virar a lo
siniestro." (Arcadi Espada, El Mundo, 19/04/16)
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