"(...) Para risa amarga, la que suscitan las propuestas de los partidos
animalistas. Prohibirían todo juego, fiesta o labor con animales, sea
trabajo agrícola, circo, zoo, deportes, desfiles, peletería, ópera,
utilización en laboratorios y supongo que también documentales porque
pueden estresar a los bichos como a estrellas de Hollywood.
Denuncian la
tauromaquia como algo primitivo que no habría podido nacer hoy (como la
sobrasada y otros embutidos, el vino, el queso de Cabrales, el guiñol,
la romería del Rocío o el teatro) y creen que han dado con un argumento
irrefutable que solo los obtusos pueden rechazar. Confunden el auge de
la razón en la modernidad con la modernidad como razón.
Solo aceptan con
remilgos a los animales como mascotas (los presentes) o como
asilvestrados (los ausentes para siempre). Junto a los bárbaros que
proponen tratar a otros humanos como plagas o bestias de carga, surgen
otros nuevos que consideran a los animales personas disfrazadas y
reclaman un ministerio del bienestar animal o un animal ministro, para
mejor ser.
A cual más eso y todos con derecho a voto, como los que creen
que la culpa del independentismo catalán la tiene Rajoy. ¡Una risa!" (Fernando Savater, El País, 04/06/16)
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