"En EEUU la sabiduría convencional promovida por el establishment
político-mediático del país, y que se reproduce a través de los mayores
medios de información, está descubriendo que algo falla en su análisis
de la realidad de aquel país. (...)
La tasa de desempleo, que era de mucho
más del 10% de la fuerza laboral cuando Obama inició su mandato, ha
bajado a un 5%, una de las más bajas que se haya conocido en los últimos
treinta años. De estos datos, el establishment político-mediático del
país concluye que la economía va bien, y que por lo tanto, la clase
trabajadora (que en EEUU se la llama clase media) tendría que estar
satisfecha.
Pero la enorme movilización de rechazo
contra tal establishment por parte de la clase trabajadora (hay más
ciudadanos de aquel país que se definen como miembros de la clase
trabajadora que de las clases medias, situación que también se da en
España), que queda reflejada en el inesperado triunfo del candidato
republicano Trump, y en la sorprendente fuerza del candidato demócrata
Sanders, cuestiona claramente esta percepción acrítica de la realidad
que da una imagen excesivamente optimista de lo que está ocurriendo con
la economía.
Como también ha ocurrido en España, el porcentaje de la
población adulta que trabaja ha descendido notablemente. Cerca de 3
millones de estadounidenses de 25 a 54 años han dejado de trabajar, y el
número de trabajadores a tiempo parcial (que lo están por no poder
conseguir un trabajo a tiempo completo) ha aumentado casi en dos
millones.
Y el hecho de que se hayan estado creando puesto de trabajo
durante 73 meses consecutivos tiene escaso valor, pues no tiene en
cuenta el tipo de trabajo que se crea, ni la tasa anual de crecimiento
en esta creación de empleo.
No es la revolución digital lo que crea el precariado, sino el debilitamiento de la clase trabajadora
En realidad, la calidad (estabilidad y
nivel salarial) de los puestos de trabajo ha descendido marcadamente
(una situación semejante está ocurriendo en España). Y como también
ocurre en España, tal situación se atribuye (erróneamente) a la
mecanización de los puestos de trabajo y a su digitalización.
Se repite
constantemente (y, de nuevo, erróneamente) que la clase trabajadora
manufacturera creada por la revolución industrial está siendo sustituida
por el precariado, resultado de la revolución digital, ignorando que no
es la revolución digital la que crea el precariado, sino que lo hace el
debilitamiento de los instrumentos de defensa de la clase trabajadora
–partidos de izquierda y sindicatos-. (...)
Es cierto que, en contra de lo que ocurrió en la Eurozona, el Presidente
Obama invirtió 1,4 billones de dólares en su estímulo económico, lo
cual aminoró la Gran Recesión. Y ello explica que la economía se
recuperara antes y sus indicadores fueran menos negativos que en la
Eurozona, donde los talibanes neoliberales continúan gobernando.
Pero
incluso esta cifra de 1,4 billones, que parece impresionante, no lo es
tanto como aparenta, pues cuando se divide por los ocho años de su
manato, es equivalente solo a un 1% del PIB anual de EEUU. Podría haber
hecho mucho más.
Y ahí está la causa del enorme deterioro del mercado de
trabajo y del rechazo radical por parte de la clase trabajadora frente
al establishment político-mediático del país, siendo el éxito del
candidato Trump un indicador de ello.
En España, afortunadamente, este
rechazo lo están canalizando nuevas fuerzas políticas de izquierdas,
como En Comú Podem, En Marea, Compromís o Unidos Podemos, que están
desarrollando alianzas de clase basadas en las clases populares y que se
expanden a otros estamentos sociales, las cuales pueden llegar a
alcanzar suficiente base social y electoral para permitir un cambio
profundo en el país en dirección progresista. (...)" (Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 2 de junio de 2016, en www.vnavarro.org, 02/06/16)
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