3.6.16

La ruina... es Grecia... y es nuestra, totalmente europea

"(...) la montaña de la deuda –330.000 millones de euros, el 180% del PIB- sigue engordando y dificultando la recuperación. Cada griego, clases pasivas, niños y bebés incluidos, adeuda unos 30.000 euros por cabeza, y seguirá haciéndolo incluso aunque las condiciones de devolución de los préstamos mejoren. 

Abortadas in extremis dos serias amenazas de Grexit, en 2011 y 2015, el último Eurogrupo ha conjurado el fantasma del tercero, pero apenas si ha aliviado las penurias de la economía real (...)

“El aumento de las contribuciones, hasta el 70% de los ingresos en algunos casos, golpea a las rentas medias, y las consecuencias serán terribles, rebajando a muchos profesionales a un nivel de subsistencia”, cuenta Vasilis Kampanis, presidente de la federación de profesionales liberales, sobre la impopular reforma de la seguridad social -otro requisito de los acreedores- aprobada el 8 de mayo.  (...)

Grecia es tierra quemada, arrasada económicamente. La producción industrial declina año tras año mientras la deslocalización de empresas en los Balcanes continúa su tendencia al alza. Por eso el horizonte lejano de una reestructuración de la deuda, o al menos cierta clemencia en los plazos, no va a sacar de pobre al país ni a corto ni a medio plazo (y menos aún, sostienen los críticos, con un compromiso de superávit primario del 3,5%, el caballo de batalla en las negociaciones con los socios y un esfuerzo fiscal sobrehumano para una economía exánime).  (...)

La economía real, la que mueve el país día a día, también renquea, o cuando menos sobrevive. “Tras la introducción de controles de capital en Grecia, a finales de junio, el número de empresas griegas en Bulgaria se multiplicó por dos, pasando de 5.500 a 11.500, en paralelo a la apertura de 60.000 cuentas bancarias corporativas. 

La deslocalización se ha producido por un clima fiscal mucho más ventajoso, ya que el impuesto de sociedades es del 10%, casi 20 puntos menos que en Grecia, y los salarios más bajos”, contaba en enero Panos Kutsigos, presidente de la Cámara de Comercio Greco-Búlgara. 

Muchas de esas empresas deslocalizadas proceden del norte de Grecia. Porque esa región se asfixia inexorablemente por un abandono de siglos, con tasas de paro que superan en casi 20 puntos el nacional: alrededor del 40%, y hasta el 70% en el caso del paro entre los jóvenes de 15 a 24 años.

Paralelamente, la crisis de los refugiados se ha solapado con la económica, no sólo por el desembolso extra que ha supuesto al Estado su acogida, incluida la provisión de sanidad gratis para todos, o los planes de Educación para garantizar la escolarización de los migrantes desde septiembre, en todos los ciclos formativos. 

La presión migratoria ha tenido también un coste económico directo: el corte de las vías del tren junto al campamento de Idomeni ha supuesto pérdidas de entre 7.000 y 10.000 euros por cada mercancías varado, según el diario económico Naftemporiki

El bloqueo, que ha durado casi tres meses, ha repercutido también en la actividad del puerto del Pireo, vendido a la empresa china Cosco, al tener que desviarse la distribución de la carga hacia Bulgaria, encareciendo y retrasando el proceso. (...)

Para la familia Adiamandis, cuatro miembros, modesto piso propio y planes de futuro congelados, la presión fiscal añade un lastre más a su precaria existencia. “En casa entran sólo 757 euros al mes de mi trabajo como contable en una empresa a punto de echar el cierre. 

Con el incremento del Enfia [impuesto inmobiliario] y el IVA, calculo que nuestro poder adquisitivo se reducirá en torno a un 30%, así que ni soñamos con una semana de vacaciones en el pueblo. Sólo la cesta de la compra nos costará a partir de ahora como mínimo un 25% más”, señala Yorgos Adiamandis, economista.

La merma de poder adquisitivo se ha traducido estos años en un descenso del consumo interno del 40%, y la consiguiente y prolongada deflación. Así que ni pensar en gastos suntuarios, ni siquiera en academias o cursos de posgrado para los dos hijos universitarios de los Adiamandis, que sueñan con emigrar. 

De entre los 180.000 y 200.000 licenciados y doctores que han dejado el país, sólo el 15,9% ha vuelto a Grecia, según datos del Consejo de Europa, lo que implica una descapitalización penosa para los planes de recuperación.

El futuro en entredicho, esa es otra consecuencia sorda de la crisis. Varios indicadores muestran una radiografía de la sociedad al ralentí, como congelada en sus aspiraciones de proyectarse en el tiempo. La tasa de natalidad ha caído durante la crisis más del 10%, de 1,3 a 1,1 hijos por mujer, debido al ambiente de privación social y el temor a perder el puesto de trabajo por un embarazo. 

El 93% de los jóvenes griegos (de 16 a 30 años) “se sienten marginados de la vida económica y social”, según una encuesta encargada por el Parlamento Europeo al instituto TNS Opinion, y el sentimiento de exclusión empuja al 43% de ellos a buscarse la vida en el extranjero.(...)

  “Lo que estamos presenciando es una revolución cultural a gran escala, por extravagante que pueda parecer a simple vista la apreciación. Lo veremos en los próximos años. Para bien, porque la economía se recupere y la gente cure sus profundas y dolorosas heridas, o para mal, con un Estado fallido, un paria europeo o un país arrasado”, concluye el analista Rapidis. (...)

 Hay algunos brotes verdes, cierto, pero se limitan a Atenas y Salónica y soslayan completamente los sectores tradicionales, el grueso del tejido productivo griego. En los últimos años han brotado nidos de startups como Openfund, con una red de 200 emprendedores, o The Cube Athens, mientras languidece el pequeño comercio, que emplea al 85% de los trabajadores del sector privado, con una sola excepción: los innumerables establecimientos de comida rápida de calidad, muy barata, que han surgido al calor, o el frío, de la crisis. (...)"                 (María Antonia Sánchez Vallejo, El País, 29/05/16)

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