"(...) El brexit rompe la credibilidad de la UE como proyecto irreversible.
En el contexto europeo hay dos factores que destacan. (...) La construcción de la UE entra en zona de riesgo, probablemente
aumenten las tendencias rupturistas en más países y se abra un largo
periodo de incertidumbre política y económica con consecuencias
difíciles de pronosticar.
Las reacciones económicas inmediatas ante el
resultado han sido muy negativas, pero habrá que esperar si se origina
una recaída en la recesión económica en Europa a pesar de que el BCE
haya prometido toda la ayuda que haga falta para contrarrestar los
efectos de la salida británica.
Seguramente los intereses de la
gran burguesía europea serán dañados seriamente, perdiendo peso e
influencia en el conjunto mundial a favor de otras grandes potencias y
bloques como EE.UU., China y la zona de Asia-Pacífico, al igual que el
euro va a verse reducido, o desaparecer, en su papel de dinero mundial
alternativo y en concurrencia con el dólar, que volverá a su papel
mundial sin competidores.
La derrota de la gran burguesía europea no
será una victoria para los trabajadores europeos, cuyas fuerzas
políticas son prácticamente impotentes, sino para otras grandes
burguesías del mundo.
El brexit fortalece las fuerzas populistas xenófobas en Europa.
El segundo factor a tener en cuenta es en qué sentido se ha dado la
victoria del brexit. Es decir que fuerzas políticas le impulsaban y
cuales pueden resultar beneficiadas. A pesar de que existen algunas
fuerzas en la izquierda radical - totalmente marginales - que abogan por
la salida de la UE de sus países para recuperar la soberanía y acabar
con el neoliberalismo, las fuerzas políticas más importantes que
impulsan el euroescepticismo y la ruptura con la UE son populismos de
extrema derecha cuya principal munición son los discursos xenófobos.
Esas han sido las fuerzas más importantes que han impulsado y encabezado
el Brexit, el UKIP y los sectores más radicales del partido conservador
(en una nueva muestra de la autonomía relativa de la política, al
actuar en contra de los principales intereses económicos británicos), y
los que más han celebrado la victoria del brexit en Europa (Le Pen,
etc.) y el mundo (Trump). Y esas son las fuerzas que más réditos van a
obtener del brexit en los próximos meses o años.
Recientemente
esa extrema derecha estuvo a punto de obtener una victoria esencial en
las presidenciales de Austria, ahora en Gran Bretaña ha recargado
energía, y su gran asalto va a ser el año próximo en las elecciones
presidenciales francesas, donde Le Pen utilizará a fondo el brexit.
Una
victoria en Francia de esa magnitud podría impulsar definitivamente a
las fuerzas de extrema derecha populista y xenófoba en toda Europa,
hiriendo de muerte a la UE y haciendo aparecer el fantasma del fascismo
europeo de los años 30. (...)
Síntomas de una izquierda a la defensiva y en retroceso a nivel mundial.
Lo que todos estos ejemplos recientes ponen en evidencia es el
ascenso de los partidos populistas de derecha extrema con diversos
matices, y la debilidad de una izquierda que se ve obligada en la
mayoría de los casos a apoyar opciones de derecha como un mal menor.
Esta situación de la izquierda se ve agravada si se considera que los
populismos de extrema derecha recogen una parte importante de sus votos
de un electorado tradicionalmente de izquierdas en zonas habitadas por
trabajadores o clases populares.
En Europa hay un discurso en
la izquierda que señala a las políticas de austeridad, a sus
consecuencias sobre las clases populares, al desmantelamiento del Estado
de Bienestar y el recorte de los derechos sociales, como los
responsables de la ola de chauvinismo y xenofobia que se está
extendiendo de manera imparable por el viejo continente, pero esta
acusación, con ser cierta, no quiere ver la situación de fondo y no
responde a una pregunta esencial.
La cuestión de fondo es que no existe
unas instituciones europeas dominadas por el neoliberalismo y unos
gobiernos de sus Estados miembros que no lo están, el dominio neoliberal
se da tanto a nivel estatal como comunitario y, por tanto, es una
falsedad sostener que abandonando la UE se recupera el Estado de
Bienestar, Gran Bretaña es el ejemplo de este error, dónde el
neoliberalismo ha dominado desde el gobierno de Thatcher sin
interrupción.
La pregunta esencial es por qué el malestar y la decepción
de las clases populares se ha canalizado hacia el populismo chovinista y
xenófobo y no hacia una izquierda que plantea mantener la UE pero
acabando con su orientación neoliberal en favor de una Europa más
social.
Las clases populares han sido engañadas por dos
ilusiones falsas que han vendido con éxito los populismos nacionalistas
xenófobos, que saliendo de la UE y expulsando a la inmigrantes
recuperarían sus condiciones de bienestar anteriores a la crisis.
Y el
nacionalismo identitario siempre ha funcionado bien – al igual que la
religión - como compensación psicológica frente a situaciones adversas
que requieren un gran esfuerzo y tenacidad para poderse cambiar. Y por
razones complejas, que excederían los límites de este artículo analizar,
la izquierda no ha conseguido enfrentarse con éxito a este discurso.
Solo en tres casos la izquierda europea ha logrado recientemente un
ascenso con diferentes resultados. El primero fue el de Syriza en Grecia (...) El segundo fue el de Portugal donde la izquierda apoya desde el
parlamento a un gobierno del PS (único caso en que la socialdemocracia
no establece alianzas de gobierno con los conservadores).
El tercero es
el de Podemos, una fuerza que con su última política de alianzas a la
izquierda puede convertirse en alternativa de gobierno en función de las
decisiones postelectorales del PSOE. Solo este último caso está abierto
a diversos desarrollos, pero representa, por el momento, un caso
aislado dentro de Europa. Habrá que mantenerse atentos a su evolución en
un entorno internacional crecientemente hostil." (Jesús Sánchez Rodríguez , Rebelión, 01/07/16)
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