"(...) Lo que hemos dado en llamar partidos del Régimen (...) Esos partidos irán cayendo por toda esa autodefinición
que cargan a cuestas. No nos damos del todo cuenta, pero dibujan
gráficos UCD style. El PSOE está en su mínimo histórico. Conocerá, tal
vez, ligeros aumentos, pero también, y más probable, nuevos mínimos
históricos. El PP, cuesta creerlo, pero también va a la baja.
Desde su
mayoría absoluta con Aznar, ha perdido varios millones de votos. No los
recuperará. Tras el 26J tiene aspecto de partido rollizo, pero el
aspecto acostumbra a ocultar la intimidad. No sé. Un pavo en diciembre
también goza de su mejor aspecto, pero íntimamente debe gastar cierta
bajuna.
Este 26J el PP, simplemente, ha recuperado los votos
que dejó a C's, y los votos desmovilizados que ha vuelto a movilizar. El
PP, por lo demás, y eso en ocasiones se nos olvida, es un partido
inconfesable. No puede verbalizar en voz alta sus dinámicas ni su
ideario.
Es posible que, por eso mismo, haya accedido a su máximo de
movilización posible sin tener que explicarse, autoformularse, algo que
nunca podrá hacer y que, en el trance de hacerlo, quizás sólo le
supondría desmovilización y una ruina absoluta.
El fracaso de C's --un
partido con una lógica, es decir, con unas fantasías difícilmente
verbalizables y parecidas a las del PP-- dibuja, a su vez, que la nueva
derecha, y el futuro de la derecha, está en el PP, en la vieja derecha, a
la que se recurre en caso de prisa. No habrá otra derecha a medio
plazo. Es, por tanto, una derecha vieja, con mitos viejos y votantes
viejos.
Al menos esta mañana a primera hora, la derecha española es un
momento histórico que culmina con el PP. Más concretamente, en la II
legislatura de Aznar, un tipo --una época-- que tiene más posibilidades
--si nos atenemos a escándalos como los negocios de Aznar de venta de
armas desde su despacho oficial-- de ir al banquillo que de volver a los
glory days. (...)
Unidos Podemos ha perdido más de un millón de votos. Y eso no sólo es bueno, sino muy bueno. Me explico. Hay dos hechos de ruptura planteados en el Estado. El 15M y --de forma más latente, discreta y presagiándose como un hecho fundamental cuando se agrave la crisis política española-- el tema territorial.(...)
EL 15M es una ruptura cultural descomunal --la única que ha habido--. Un
cambio de lógica que separa a la sociedad, algo más importante aún que
el electorado, en generaciones contrapuestas, con visiones del mundo
--por ejemplo, de la democracia-- absolutamente diferenciadas.
El 15M no
es un movimiento institucional, pero sí electoral. Desde que se formuló
en mayo de 2011 --en la campaña electoral de unas municipales--, ha
utilizado cada campaña electoral como jalón.
(...) en cada elección, se fueron apuntando opciones políticas del 15M. En las
Europeas de 2014, por ejemplo, participaron dos opciones próximas al
15M. Una, Partido X, agrupaba nítidamente a grupos e individuos del 15M
fundacional.
Ganó Podemos, una organización que surgía de partidos y movimientos
políticos anteriores al 15M, pero que el electorado interpretó como
depositaria de la agenda de ruptura del 15M. No creo que ese fracaso del
Partido X fuera interpretado como una catástrofe. Había que elegir un
sujeto político del 15M sensible de ser hegemónico en política --en la
sociedad ya lo era, para varias generaciones--.
Salió el no previsto, el
que había apostado más y mejor por un medio del siglo XX --la tele--.
Por dinámicas propias del 15M, tendentes al ahorro de tiempo, energías y
discusiones estériles, se apostó por él, a pesar de ser el más alejado,
biográficamente y vitalmente, del punto inicial 15M. Ese triunfo
europeo supuso dos dinámicas opuestas.
Por una parte, la progresiva
partidización, convencionalización y verticalización de Podemos,
planteada en Vistalegre, el abandono de inputs radicales del
pack 15M --como la Renta Básica--, y el inicio de discusiones internas
típicas de grupos de izquierda minoritaria anteriores al 15M, tales como
el roce entre populismo sudamericano --una tradición inexistente por
aquí abajo, y difícil de importar--, con planteamientos más nítidamente
marxistas, presentes en la tradición IU --otra tradición inexistente por
aquí abajo, si se me permite el chiste--. (...)
Lo difícil ya se ha hecho. Se hizo en 2011. Sin ello, ahora estaríamos
hablando del UK como país a reevangelizar, de recuperación económica, de
inmigración dañina y de reforma horaria. Y no lo estamos haciendo.
Siempre habrá una candidatura próxima al 15M, que dé cobertura política a
los avances sociales --los únicos que se están produciendo; la PAH, en
fin, ha hecho, por ejemplo, más en su campo que cualquier institución
política--. O que dé cobertura a una abstención llamativa, también 15M,
que juegue no jugando y que también ejerza la política. (...)" (Guillem Martínez, CTXT, 01/07/16)
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