"El partido más corrupto de España ha ganado las elecciones. Esos
caballeros que saquearon España antes, durante y después de la burbuja
han sacado pecho. Ese españolísimo, “aquí roban todos”, es nuestra marca
del siglo, y debió de nacer en Catalunya, me temo, aunque sólo fuera
porque tuvieron un presidente con tal desparpajo que cuando le
descubrieron como delincuente apeló a las masas y ellas le dieron el
aval de que a partir de aquel momento sería la medida de la honradez en
política.
Todo eso sumado y revuelto se llama España, y tiene de Gran Padrino a Mariano Rajoy (...)
¿Por qué votaron al PP, sabiendo no sólo lo que representa sino todo lo
que ha hecho, ocultado o facilitado? Se podría explicar con una metáfora
histórica arriesgada. Como la gente tiene la memoria corta y la lengua
larga, conviene recordarles que de toda la Europa de nuestro entorno
nadie robó más y con tanto descaro como la banca española, y aquellas
entidades, tan familiares, que se daban en llamar cajas de ahorros,
desvalijadas por los sucesivos partidos locales.
Y sueldos directivos a
lo Wall Street. No sólo robaron, sino que el fraude y el dolo, las
sisas, su impunidad, su absoluta desvergüenza ante una ciudadanía que de
pronto se encontró que no le amenazaba la miseria sino que ya estaba en
ella. (...)
Robar, diga lo que diga la más sofisticada jurisprudencia mercantil y
financiera, que probablemente ni lo incluye en su vademécum, consiste en
quitarle a uno lo que es suyo. De la forma que sea, pero quitárselo.
Es
como cuando usted lee el recibo de la luz y le dan ganas de salir
corriendo a la oficina más cercana para que le aclaren los términos,
después de pedir un numerito y que le chuleen durante toda la mañana, y
salga convencido de que le han engañado pero que no tiene medios para
enfrentarse a un monstruo empresarial. (...)
Sabiendo lo que sabe, esa familia hipotecada hasta los biznietos,
conociendo las sisas mensuales a las que se someten sus recibos,
viviendo la angustia de unas pensiones que son como un monumento a la
desvergüenza, enterada de que ningún país de Europa tiene tal cantidad
de millonarios –a esto se llama demagogia, como antes, cuando veías una
película española o italiana sobre pobres, se decía que era un cine
deprimente y poco sano–, ¿a dónde creen que llevan sus humildes
recursos? (...)
Pues al mismo lugar que a ciencia cierta conocemos como unos chorizos
que ayer desvalijaron el país, que tuvimos que cubrir sus agujeros, que
tuvimos que soportar su chulería de arrogantes con salarios de pasmo.
¡Vamos al banco!¿Qué otra posibilidad hay? ¡El calcetín! ¡Debajo
del colchón! ¿En el congelador de la nevera? Sospecharía de nosotros
hasta el fontanero.
“Oiga, señor, estos billetes están más fríos que los
cubitos del gin-tonic”. El banco, la caja de ahorros, no son
imprescindibles pero se han constituido en lo más necesario para poder
vivir. Seguridad no dan ninguna. Tienen un pasado de juzgado de guardia.
Pero aún a nadie se le ha ocurrido poner una caja fuerte en el lavabo. (...)
Por eso ganó Mariano Rajoy y el más corrupto de los partidos españoles.
¿Qué hace usted con la mierda de dinero que le corresponde? ¿Y si tiene
más de 65 años y una familia, se va a meter en inventos? Cuando llegamos
a una situación donde no hay alternativa, donde votar al soldado
Sánchez es como hacer una tortilla sin huevos, cuando los nuevos
partidos ya no hablan de casta sino de clase política, uno entiende que
quien es pobre está indefenso y acepta la corrupción como forma de
paisaje social. Sucede en todo el mundo. (...)" (La doble humillación (1), de Gregorio Morán, La Vanguardia, en Caffe Reggio, 02/07/16)
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