8.7.16

En EE. UU., 60.000 fábricas y más de 4,8 millones de puestos de trabajo obrero bien remunerados desaparecieron por las deslocalizaciones en la globalización... de ahí viene Trump y el 'brexit'

"(...) La globalización no es un concepto neutral. La globalización que se impuso tras la caída del Mundo de Berlín (1989) fue una camisa de fuerza tan fuerte como las ideologías acusadas de propiciar la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y los 50 años de Guerra Fría. (...)

Ahora, los periodistas descubren que el brexit y (el precandidato republicano estadounidense) Donald Trump son el resultado de la revuelta de las víctimas de esa globalización. Es importante señalar que estas suelen inclinarse hacia la derecha, salvo pocas excepciones como Podemos, en España, o el (precandidato demócrata) Bernie Sanders, en Estados Unidos.

Sanders denuncia que “en los últimos 15 años, casi 60.000 fábricas y más de 4,8 millones de puestos de trabajo obrero bien remunerados desaparecieron por los desastrosos acuerdos comerciales que alentaron a las corporaciones a desplazarse a países con bajos salarios”.  (...)

El problema, prosigue Sanders, “es que el trabajador promedio gana 726 dólares menos que en 1973, y la trabajadora promedio 1.154 dólares menos que en 2007. Y casi 47 millones de estadounidenses son pobres. Mientras, la décima parte del uno por ciento de los estadounidenses más ricos gana tanto como 90 por ciento de los más pobres. Las 62 personas más ricas del planeta concentran tanta riqueza como la mitad más pobre de la población, unos 3.600 millones de personas”.

Sanders nos plantea un dilema: “el cambio provendrá de la demagogia, del fanatismo y de sentimientos contra los inmigrantes, la xenofobia y el populismo, a menos que el nuevo presidente estadounidense apoye de forma contundente la cooperación internacional, que acerca a los pueblos del mundo, reduce el hipernacionalismo y disminuye las posibilidades de guerra y, por encima de todo, que protegerá a las y los trabajadores, y no solo a la élite”.

El problema no es que la globalización fomente el crecimiento, sino que el Estado dejó un mercado sin regulación y sin redistribución. ¿Por qué votarían por la sabiduría convencional del sistema quienes quedaron al margen, cuando son las víctimas?   (...)

El mundo postideologías, que acompañó a la globalización, transformó a los partidos políticos en máquinas de opinión pública, dirigidos para resolver problemas administrativos.

La ciudadanía deserta de instituciones sin visión, donde los dirigentes políticos parecen más interesados en perpetuarse en el cargo, y las herramientas de mercadeo y las encuestas sustituyeron al diálogo entre los ciudadanos. Los valores desaparecieron del debate político. Los asuntos globales convirtieron a los parlamentos en asambleas cada vez más irrelevantes.

No hubo respuesta global en materia de finanzas, con cuatro billones de dólares en paraísos fiscales, sin un órgano mundial de regulación y moviendo 40 veces más dinero que la economía real de producción y servicios.   (...)

Entonces, para ver el momento en el que estamos con el deterioro del internacionalismo, ¿Estados Unidos se comprometería a financiar 25 por ciento del presupuesto regular de la ONU, como hizo al momento de su creación? ¿Se aprobaría la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

Y finalmente, ¿sería posible suscribir el Tratado de Roma, de 1947, cuando se aprobó de forma unánime la visión de una Europa unida? Los gobiernos tendrían dificultades para responder, imaginemos los pueblos."          (Roberto Savio, 07-07-16)

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