"(...) La recesión de balances derivada de la mayor burbuja inmobiliaria de la
historia nos encadena. Las soluciones adoptadas para hacer frente a la
misma nos torturarán en nuestro devenir futuro, salvo un cambio radical
de políticas que, sinceramente, no espero. ¿Y qué decimos del presente?
Pues que obviamente se nos escapa de las manos por no hacer aquello que
era justo y eficiente.
Bajo este cuadro temporal, permítanme explicar el ciclo de la economía española, su relación con las políticas fiscales y monetarias, su conexión con el ciclo de deuda e inversión externa y, finalmente, su correspondencia con la situación del sistema bancario español.
Los motores de crecimiento patrios son, por un lado, la relajación del
ajuste presupuestario y, por otro, la entrada de flujos financieros
foráneos en nuestra economía, derivados fundamentalmente de la política
monetaria del BCE. El objetivo último es mantener el statu quo
actual de nuestro país.
Si alguien cuestionará de verdad la política
económica que emana de la actual Unión Monetaria, automáticamente el
Banco Central le cerraría el grifo, se paralizaría el crédito,
aumentaría la aversión al riesgo y emergería con toda su fuerza la
fragilidad de los balances bancarios.
Y finalmente, como en Grecia,
intentarían imponer al nuevo gobierno, esa austeridad que relajaron
conscientemente en el período 2014-2015. De ello ya hemos hablado largo y
tendido y no me extenderé más.
Ciclo económico y ciclo de deuda
Lo más interesante es analizar la relación del ciclo económico con el
de deuda, el de inversión externa y la situación bancaria. Para ello
acudimos a los datos actualizados relativos al ciclo de endeudamiento de
nuestro país a partir de los datos de Cuentas Financieras de Banco de España, así como la composición de la posición de inversión internacional neta de España a partir de los datos de Balanza de Pagos de Banco de España. Finalmente se analiza las necesidades de capital de los cinco grandes bancos españoles.
La deuda total supera los 4 billones de euros, y representa un 393,3% del PIB.
Mientras que la deuda de la administración central se ha reducido algo
por la devolución de parte del rescate bancario, aumenta la de las
comunidades autónomas, y continúa el desapalancamiento de sociedades no
financieras, y, sobretodo, de entidades financieras y de las familias
españolas. La cifra sigue siendo muy superior a la de 2007. (...)
La deuda externa alcanzó el máximo histórico en el primer trimestre de 2015 casi los 1,2 billones de euros, un 114% del PIB, y apenas se ha reducido.
El 48% de esa deuda externa corresponde a la deuda de las
administraciones públicas (en el año 2008 solamente representaba el
20%).
Bajo este contexto, los países acreedores, dentro del Euro, ante
cualquier incremento de la aversión al riesgo en los mercados, que haría
impagable nuestra deuda total y externa, nos impondrán más devaluación
salarial y más austeridad fiscal.
Teniendo en cuenta nuestra experiencia
histórica, España continuaría consolidándose como un centro estratégico
de mano de obra barata donde ensamblar productos manufacturados, pero
nada más. (...)
Además habría otro efecto colateral: los acreedores presionarían para
continuar con un proceso de privatizaciones que abarque servicios
básicos, desde la educación y sanidad hasta el agua, pasando por
servicios municipales.
Ciclo económico, ciclo de inversión y situación bancaria
La situación se agrava si analizamos la composición de la posición de inversión internacional neta
de España. Mientras en el último año apenas se ha incrementado la
inversión directa extranjera en 8.000 millones de euros, la inversión
foránea especulativa que había superado el billón de euros, empieza a
disminuir.
Los flujos de inversión extranjeros se han destinado básicamente a financiar al Tesoro y a las emisiones de bonos corporativos de las grandes empresas.
Apenas hay mejora en nuestro aparato productivo.
En definitiva, el
crecimiento español se está financiando con más deuda pública -con
soberanía monetaria no sería necesaria más deuda para financiar ese
gasto-, induciendo a su vez a un aumento de la deuda externa neta, en
niveles récord. Y ahora el BCE sustituye a ese flujo foráneo, pero, acuérdense, sin mutualizar deuda, ya que se mantienen en el balance del Banco de España.
En este escenario, la situación de los balances bancarios y el déficit de capital siguen siendo preocupantes. Según los cálculos realizados y actualizados continuamente por Centre for Risk Management HEC, ubicado en Laussane, si vinieran mal dadas, el déficit de capital total de los cinco grandes bancos españoles (Santanter, BBVA,
CaixaBank, Banco Popular, Banco Sabadell y Bankia), se aproxima a los
83.000 millones de euros.
La cifra es demasiado elevada, si bien hay
países cuyos déficits de capital son mucho mayores (especialmente Reino
Unido y Francia).
De nuestro análisis, en definitiva, se derivan tres ideas básicas.
Primera, apenas hay mejora en nuestro aparato productivo, simplemente las élites han decidido inducir crecimiento económico –saltándose su ortodoxia- para mantener el statu quo actual.
Segunda, la propensión al riesgo de los mercados financieros, variable no controlada por los gobiernos, permite evitar los males de la actual situación de inestabilidad financiera.
Tercera, las necesidades de capital de la banca española, si vinieran mal dadas, son muy superiores a lo asumido por las autoridades económicas y monetarias.
Parafraseando a Flaubert, ¡el pasado nos encadena, el futuro nos tortura, y el presente se nos escapa!" (Juan Laborda, Vox Populi, 01/06/16)
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