"Durante las últimas semanas me he pronunciado en contra del Brexit.
Esto, por supuesto, no significa que esté de acuerdo con la política
económica europea. La política económica europea no tiene remedio.
Nunca
antes tantos han estado tan categóricamente equivocados en todo. La
cuestión fundamental es descubrir el modo de cambiar los mecanismos
europeos de gestión económica. El poder económico compra el poder
político: Alemania domina la UE tanto económica como políticamente.
Alemania es la responsable de los grandes desequilibrios dentro de la
zona euro. ¿Cómo se traduce el poder económico de Alemania en poder
político? Y si no se producen cambios en Alemania, ¿el resto de países
pueden hacer algo para remediarlo? ¿Merece el Lexit nuestra aprobación? (...)
A lo largo del tiempo, la Comisión Europea y el Consejo de Europa, en
conformidad con el Parlamento, han creado una página web de normas de la
UE sobre “la gestión de los asuntos económicos”.
Estas normas tienen el
objetivo de consolidar la austeridad en la zona euro. El ejemplo más
reciente es la ley El Khomri en Francia. Aunque el Gobierno francés es
oficialmente el responsable de esta enormemente regresiva ley, es
evidente que los ataques a los derechos laborales vienen impulsados por
la UE.
Según Kenneth Haar,
Francia se ha convertido en un caso que sienta precedente: las normas
sobre el déficit han de ser respetadas, literalmente a cualquier precio
–aunque, eso sí, acumular superávits no supone un problema (véase más
abajo)–. Francia tiene que aumentar su competitividad reduciendo los
salarios y destruyendo sus sistema de protección social. (...)
Grecia es, por supuesto, el ejemplo más surrealista y flagrante. (...)
Sencillamente se trata de un colapso económico absoluto. El consumo se
ha reducido en todos los sectores, incluso en la venta de alimentos al
por menor. La gente se limita a lo estrictamente necesario. Sin embargo,
la Troika no cede. De una forma escandalosa, exige a Grecia que recaude
100.000 millones de euros en 2020 “para asegurarse un crecimiento
sostenible que sacará al país de la crisis”.
No hay excusa para tamaña
estupidez e inhumanidad, independientemente de los errores cometidos por
los gobiernos griegos en el pasado. Esto no es lo que quiere Europa.
Es, empleando un concepto de Chernomas y Hudson, un asesinato social, lisa y llanamente. (...)
El Tratado de Maastricht de 1992 creó las bases del euro. Las normas de
Maastricht especifican objetivos máximos y mínimos para el equilibrio
presupuestario, la inflación y la deuda públicas. A los gobiernos se les
exige que el déficit en el sector público no supere el tres por ciento
del PIB.
El tratado no especifica un límite más alto, lo cual implica
que el superávit nunca será demasiado alto. Esto es totalmente
irracional: cualquier superávit siempre será el déficit de otro. Si
algunos países (o uno en particular: Alemania) acumula enormes
superávits, los déficits del resto superarán la norma del 3%.
Cuando
esto ocurre, lo único que se puede hacer es aplicar programas de
austeridad. Estas reformas, a su vez, contienen el crecimiento y acaban
aumentando el déficit presupuestario. No ha habido excepción alguna a
esto. Una mayor austeridad acaba traduciéndose en un crecimiento mucho
menor y en un aumento del déficit presupuestario.
Esto ha ocurrido en el
Reino Unido, Bélgica, los Países Bajos y en todas partes. Flassbeck ha
demostrado en sus análisis cíclicos que, de entre todos los países del
Norte, los Países Bajos y Finlandia -los otros dos grandes campeones de
la austeridad- van peor que el resto de países (véase un ejemplo aquí). No se trata de una coincidencia, es una cuestión de causa y efecto. (...)
En 2010, el superávit alemán en cuenta corriente era del 5,5% del PIB, que ahora ha alcanzado el 8,3%. Unos superávits constantes en cuenta corriente de tal magnitud son mercantilismo de facto. El sistema no puede funcionar sin sanciones a países que excedan unas pautas de superávit (véase aquí).
Esto es precisamente lo que Keynes propuso en Bretton
Woods en 1944. Keynes defendía la creación de un banco global, el
International Clearing Union (ICU). Todos los países capitalistas
pasarían a formar parte de esta nueva institución.
Si un país acumulaba
superávits por encima de determinado umbral, el ICU automáticamente
revalorizaría la moneda del país en cuestión o pondría a disposición de
los países deudores préstamos baratos para que invirtieran en sus
infraestructuras productivas o, si fuera necesario, adoptaría otras
medidas en ese terreno. Si la UE hubiera erigido un organismo como el
ICU, el problema de la moderación salarial alemana ahora no existiría.
(...) el semestre europeo no es la única vía por la que la UE está haciendo bajar los salarios (véase aquí).
El Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos (PDM), que se puso
en práctica poco después de que estallara la crisis del euro, permite a
la Comisión controlar el desarrollo económico de los estados miembros.
El indicador clave es la evolución de los costes laborales unitarios. Si
los salarios no se ajustan a la baja, la Comisión tiene el poder de
aplicar multas. (...)
Weeks comentaba que “Los burócratas de la CE muestran su ideología al
basarse en la inflación y no en la productividad o el desempleo para
medir la salud económica” (véase aquí). Así ha sucedido desde que la UE, o anteriormente la CE, existe: la lucha contra el desempleo nunca ha sido una prioridad. (...)
Tal y como Jean-Luc Mélenchon preguntó en el Parlamento Europeo la
semana pasada: ¿quién quiere vivir en una zona que se está gobernando
tan mal y de una forma tan poco democrática?" (Will Denayer, CTXT, 27/07/16)
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