"Durante muchos años una Alemania que veía en Europa la única posibilidad de recuperar su soberanía y una Francia que temía dejarla sola formaron en común el gran eje de interés básico de la Unión Europea.
Eso ya no es así desde que Alemania superó aquel hándicap con su
reunificación nacional y comenzó a proyectar su soberanía sobre el
conjunto. Desde entonces, se disimula el divorcio que la crisis
financiera del 2007-2008 certificó con toda claridad. (...)
Disimular el divorcio resulta cada vez más difícil. La
política económica alemana perjudica a media Europa, porque es imposible
generalizar el excedente exportador de Berlín. La consecuencia es que
por doquier asoma como factor político lo que el desaparecido politólogo
francés Franck Biancheri anunció en 1998: los nietos de Pétain, Hitler,
Mussolini, Horthy, Pilsudski y otros protagonistas de la Europa parda
de preguerra.
En la Europa del Sur las políticas de recortes que han
acompañado a la nacionalización de las pérdidas bancarias han acabado
con el sueño europeo en su primera e inocente versión: Europa ya se
asocia a perjuicios.
La integración de Europa del Este ha sido globalmente un
fracaso. El antiguo dominio soviético se ha convertido en algo muy
parecido a la periferia colonial subordinada del periodo de
entreguerras.
Aún metida en los graves desórdenes ocasionados por la
quiebra financiera de hace ocho años, la Unión Europea “está dirigida
por el antiguo jefe de un paraíso fiscal (Jean-Claude Juncker); su banco
central, por un ex de la banca Goldman Sachs, responsable de la crisis
financiera y del camuflaje de las cuentas griegas (Mario Draghi),
mientras sus 40.000 funcionarios cooperan con otros 40.000 miembros de
grupos de presión del mundo de los negocios”, resume la carta al
director del lector de un medio de comunicación parisino.
“Todo muestra que en la mayoría de los países europeos los
ciudadanos ya no aceptan ser gobernados por instancias no electas que
funcionan con toda opacidad”, señala en París el manifiesto de veinte
intelectuales eurocríticos que piden una reconstrucción europea en
dirección a la democracia, una economía viable y una independencia
estratégica, en un momento en el que la ausencia de esta ya tiene
consecuencias con Rusia, cuyas sanciones tienen un enorme coste para la
economía europea.
¿Cómo gobernar esta crisis general y sin precedentes
después del Brexit? El mero disimulo del divorcio franco-alemán ya no
alcanza para nada. (...)
En el pasado, la influencia de Washington solucionó algunos
atascos. Hoy se constata la impotencia de ese factor: los británicos
ignoraron en junio el consejo de Obama contra el Brexit. La salida del
Reino Unido priva a Washington de su principal aliado y agente en
Europa, y en lugar del TTIP lo que asoma es algo parecido a una guerra
comercial, una ambigua guerra comercial. “Así se han abierto dos frentes
al mismo tiempo, el caso Apple y el TTIP”, explica un corresponsal
alemán en Bruselas.
La reclamación de 13.000 millones de euros a Apple es lo
más serio que ha sucedido entre la UE y EE.UU. en este frente desde la
bofetada que supuso el millonario Dieselgate contra Volkswagen. La
exigencia europea de que Apple pague impuestos puede extenderse
fácilmente a otras grandes empresas estadounidenses como Starbucks,
McDonald’s o Amazon, y “amenaza la inversión extranjera, el clima de
negocios en Europa y el espíritu de asociación económica entre la UE y
Estados Unidos”, advierte un portavoz del Departamento del Tesoro en
Washington. (...)
Como en el caso Volkswagen, la pregunta para Apple es: ¿por qué ahora? (...)" (Rafael Poch, 03/09/2016)
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