"(...) Es evidente la necesidad de mantener entre los países europeos, TODOS
los países europeos, estructuras que permitan formas adaptadas de
cooperación. Pero las instituciones de la U.E. ya no están en
condiciones de asegurar esta función. En este sentido, la U.E. está
muerta.
Esta muerte de la U.E. supone que se tome conciencia de las
realidades. Ahora bien, algunas de ellas son particularmente
desagradables para un cerebro que haya sido regado por la propaganda
europeísta, como en el caso de una gran parte de nuestra clase política.
- La “pareja” franco-alemana está muerta. Esta muerte es antigua, y hay que decir aquí que esta “pareja” nunca funcionó como lo hubiese deseado la imagen complacientemente difundida en Francia. Esta pareja entró en agonía desde que Alemania procedió a su reunificación. Los intentos de mantenerla chocaron con la realidad de que una Alemania que había recuperado su soberanía no tenía ya necesidad de una alianza especial con Francia. (...)
- Las divergencias entre alemanes y franceses sobre el futuro de la U.E. son irreconciliables. Alemania no ve en una U.E. reforzada ningún interés más que el control indirecto que podrá ejercer sobre las decisiones presupuestarias de los países vecinos. No quiere comprometerse bajo ninguna circunstancia en el camino de una mayor solidaridad. Francia, o para ser más preciso los dirigentes franceses, ya se trate de François Hollande o de Alain Juppé, siguen haciendo creer que una U.E. reforzada es posible, cuando no tenemos ningún medio de imponer a Alemania las transferencias presupuestarias que ello implicaría. Salvo, por supuesto, que se enviara una brigada blindada a ocupar Berlín… (...)
- La falta de conclusión estructural de la zona euro y de la Unión Económica y Monetaria ha alcanzado ya su punto crítico. La subida de la morosidad en los balances de los bancos italianos y portugueses y la crisis fiscal que se anuncia en Grecia hacia el final del verano son síntomas de una crisis profunda. (...)
Ya ahora, bien sea en los Países Bajos, en la República Checa o
incluso en Italia, puede observarse el ascenso de las oposiciones a la
U.E. Por ello la Unión Europea está atrapada entre dos fuegos.
O intenta
minimizar el coste del Brexit, y cae en el juego de sus opositores, o
intenta “hacer pagar” al Reino Unido, como han dicho de modo muy
imprudente y estúpido algunos periodistas. Pero entonces la U.E. entrará
en una situación en la que las represalias británicas le costarán
caras, lo que dará más argumentos a los adversarios de la U.E.
La única solución inteligente consiste en levantar acta del
fallecimiento de la U.E. y, como hemos escrito, organizar una
conferencia entre los países que deseen participar para elaborar un nuevo tratado, que sustituya por completo los tratados anteriores, incluido el tratado de Maastricht, y establezca una comunidad de Naciones. (...)
La unión europea está muerta. Tenemos la opción de vivir con su cadáver y
sus pestilencias, con todos los riesgos que comporta dicha política, o
tenemos la opción de enterrarla. Pero para esto hace falta un tratado
nuevo, no uno a base de parches sino un tratado que refunde una
comunidad en el lugar de la Unión. (...)" (Jacques Sapir, El Viejo Topo, 14/07/16)
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