"(...) desde 2010 los mercados bursátiles han experimentado
importantes subidas, al igual que los mercados de deuda corporativa y
otros activos de riesgo. También se ha producido un fuerte descenso en
las primas de riesgo de los bonos periféricos respecto a Alemania.
En
definitiva ha tenido lugar un aumento de la propensión al riesgo de los inversores, pero todo ello en un contexto, especialmente en los últimos dos años, de empeoramiento de las condiciones económicas globales, de fuerte sobrevaloración de la mayor parte de los activos de riesgo, y un exceso de optimismo por parte de los inversores al sentirse protegidos por los Bancos Centrales. (...)
Cuando en 2008 estalla primero el mercado inmobiliario estadounidense, y después el resto de burbujas inmobiliarias alrededor del planeta, se inicia la actual recesión de balances,
y la quiebra o insolvencia de la mayor parte del sistema bancario
occidental.
Sin embargo, en vez de aprender y corregir los
desequilibrios, básicamente reducir y reestructurar el tamaño del
sistema bancario acorde con la economía real, se inicia de nuevo una huida hacia adelante.
Los Bancos Centrales, guiados por Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal, conocido en los mercados bajo el apodo “helicopter Ben”, aumentan el tamaño de sus balances considerablemente,
bien financiando bancos zombis insolventes, o bien comprando en mercado
secundario deuda pública o privada, y, si hiciera falta, bolsa.
Se
convierten así en la nueva centrifugadora del riesgo de mercado.
Los inversores, en una fase donde el activo libre de riesgo no da nada,
se sienten protegidos por los Bancos Centrales, como si compraran una
opción put, y expanden su propensión al riesgo.
Como señala el estratega jefe del banco de inversión Nomura, Richard Koo,
“el único camino en el que la expansión cuantitativa puede tener un
impacto positivo en la actividad económica es si las autoridades
monetarias compran activos del sector privado para aumentar el precio de
los mismos, haciendo creer a la gente que es más rica, animándoles así a
consumir.
Se trata del efecto riqueza, denominado por
Bernanke como el efecto de rebalanceo de carteras, pero cuyo impacto,
asumido por el propio Bernanke, tiene un efecto muy limitado…”
Bernanke, al igual que los entusiastas defensores de la actual
política monetaria, se olvidan de una de las pocas máximas que siempre
se cumple en economía: la reversión a la media del crecimiento de la riqueza en relación al PIB.
La riqueza nacional debe, y empíricamente ocurre, crecer en el largo
plazo a la tasa de expansión del PIB.
Ello quiere decir que si no se
genera renta, al final las subidas artificiales de los mercados acaban
corrigiendo, en definitiva, colapsando. Y obviamente no se está
generando la renta prevista. (...)
En la literatura de las primas de riesgo bursátil existen distintos modelos de valoración a largo plazo de los activos financieros.
Hace ya bastante tiempo que comparto con ustedes el de una de las
gestoras estadounidenses más importantes, cuantitativa y
cualitativamente del mercado, GMO (www.gmo.com), que
cada mes publica las previsiones de rendimiento ex ante a largo plazo de
distintos activos de riesgo, y que ustedes pueden consultar.
Como
pueden ver en el gráfico adjunto a este link, los rendimientos ex ante a largo plazo esperados para distintos bolsas mundiales son muy bajos,
en el caso estadounidenses negativos, al igual que para los bonos. Por
lo tanto no merece la pena a los precios actuales tomar riesgo de
mercado.
Y es esto lo que debería preocupar a los inversores, políticos y
medios de comunicación. En este sentido, el estallido pleno de la actual burbuja generada por los Bancos Centrales es un riesgo endógeno, no contemplado por los economistas, y cuyos efectos agudizarían la actual debilidad económica." (Juan Laborda, Vox Populi, 22/06/16)
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