"Un loco a cargo del manicomio.
Ocurrió lo impensable. Visto desde el resto de planeta tierra, los estadounidenses han sucumbido al suicidio político colectivo.
Estaban ahí en lo alto de Trump Tower
mirando para abajo, contemplando tirarse. Oyeron a los que les rogaban
que no lo hicieran pero no les hicieron caso. La locura se impuso a la
razón. Se dio el salto al vacío. El delirio se ha hecho realidad.
Trump en el ala oeste de la Casa Blanca será, en el mejor de los casos,
un Cantinflas interpretando el papel de Calígula en una versión moderna
del declive y caída del imperio. En el peor, representa una amenaza para
la estabilidad mundial.
A la misma conclusión habrán llegado hoy los políticos y
demás habitantes de la mayoría de los países del mundo. Pero pocos ahora
se van a reír. En Estados Unidos buena parte de la nación llorará:
entre ellos muchos de los que tienen un nivel educativo más alto de la
media, de los que saben distinguir entre los hechos y las mentiras, de
los que se interesan por lo que ocurre fuera de sus fronteras, sin excluir a varios altos mandos del partido republicano
que Trump en teoría representa.
El desconsuelo será tremendo; la
división dentro del país, abismal; la herida social que se ha abierto,
imposible de cicatrizar a corto plazo.
La victoria de Trump es, entre otros horrores, una victoria para la supremacía blanca. Se sentirán incómodos o vulnerables en su país los negros, los hispanos y los musulmanes.
Los analfabetos políticos que votaron a Trump han caído en
lo que la historia juzgará como un acto de criminal irresponsabilidad
hacia su propio país y, aunque pocos de ellos lo entenderán, hacia el
mundo entero. (...)
Con la victoria de Trump nos encontramos de repente sin brújula en tierra desconocida." (Jonh Carlin, El País, 09/11/16)
"(...) Por su parte, Mia Farrow, actriz involucrada en el activismo de Darfour, envió un mensaje mucho más corto y contundente mediante su cuenta de Twitter: "¿Realmente estamos a punto de dar armas nucleares a un tipo con problemas mentales?"
(...) También Angelina Jolie ha expresado su la "ansiedad" que le estaban produciendo las elecciones. Unas elecciones que han puesto los pelos de punta a muchos otros actores y cantantes. Jennifer López publica un tuit con un vídeo de Hillary Clinton en el que escribe "Esa es mi chica" y utiliza el hashtag #ImwithHer (Yo estoy con ella).
(...) Chris Evans, el actor conocido por su papel como Capitán América, tuitea que esta noche electoral ha sido una "noche embarazosa para América. Hemos dejado que un líder del odio conduzca a nuestra gran nación. Hemos dejado que un matón establezca nuestro rumbo. Estoy devastado." (...)" (Público, 09/11/16)
"(...) Por su parte, Mia Farrow, actriz involucrada en el activismo de Darfour, envió un mensaje mucho más corto y contundente mediante su cuenta de Twitter: "¿Realmente estamos a punto de dar armas nucleares a un tipo con problemas mentales?"
(...) También Angelina Jolie ha expresado su la "ansiedad" que le estaban produciendo las elecciones. Unas elecciones que han puesto los pelos de punta a muchos otros actores y cantantes. Jennifer López publica un tuit con un vídeo de Hillary Clinton en el que escribe "Esa es mi chica" y utiliza el hashtag #ImwithHer (Yo estoy con ella).
(...) Chris Evans, el actor conocido por su papel como Capitán América, tuitea que esta noche electoral ha sido una "noche embarazosa para América. Hemos dejado que un líder del odio conduzca a nuestra gran nación. Hemos dejado que un matón establezca nuestro rumbo. Estoy devastado." (...)" (Público, 09/11/16)
"Se consumó el desastre.
Por desgracia, vamos a tener mucho tiempo para analizar a fondo todas sus causas y sus implicaciones, y para experimentar en nuestras vidas las consecuencias de lo que sucedió ayer en Estados Unidos.
Pero de entrada, no creo que sea exagerado afirmar que el ascenso al poder de Donald Trump es el hecho político más amenazador que ha conocido el mundo desde la Segunda Guerra Mundial.
Así como la Gran Depresión de 1929 trajo a Europa el auge de los totalitarismos y condujo a una hecatombe, la Gran Recesión de 2008 ha desembocado en una convulsión política mundial aún más grave que la crisis económica que la generó.
La rabia se ha apoderado de las urnas, y las democracias occidentales se ven amenazadas desde dentro por una marea de populismo nacionalista que, desde el día de ayer, ha pasado a ser un tsunami; porque ya no es un partido extremista que crece espectacularmente o un referéndum autolesivo que pone en peligro una obra de décadas como la Unión Europea.
Es que la Internacional Populista se ha hecho con el despacho más poderoso de la tierra y, desde el día de ayer, tienen lo que les faltaba: un líder, un capitán, un jefe.
La irrupción de Trump en el Despacho Oval abre la era de la incertidumbre global. La primera potencia mundial se convierte, a partir de hoy, en el más potente generador de inseguridad y de temor; no sólo para los ciudadanos de su país, sino para el mundo entero.
El tránsito traumático de Obama a Trump es un cambio que altera demasiadas cosas importantes, y todas ellas para mal. Ya es bastante aterrador pensar que los códigos nucleares estarán en manos de dos psicópatas como Trump y Putin. (...)
Está pasando algo muy preocupante. Si todos hubiéramos podido votar en estas elecciones, Hillary Clinton habría ganado abrumadoramente. Había un consenso universal, incluso por encima de las ideologías tradicionales, en que Trump representaba un peligro altamente indeseable, para su país y para todos los demás países. Todos, los de derechas y los de izquierdas, lo veíamos claro…salvo los 60 millones de norteamericanos que le han dado esta victoria. (...)
Igual que todos estamos viendo el peligro que se cierne sobre Francia con la crecida imparable de Le Pen. (...)
¿Qué pasa? Que los problemas de los demás se observan desde la racionalidad. Y cuando hay un camino racionalmente obvio, se comprende muy mal que quienes han de tomarlo se empeñen en ir en la dirección contraria, haciéndose daño a sí mismos y poniendo en peligro cosas importantes para todos. Pero estos son malos tiempos para la razón.
Se ha apoderado de nuestras sociedades la peor emocionalidad, la de la ira, la que más ciega; y con ella han venido los sucios manipuladores de las emociones.
Ahora, ya tienen un líder planetario: un radical en la Casa Blanca. Toca resignarse y permitir que nos pasen por encima o llamar a la resistencia. O sumarse a ellos, que es lo más sencillo y lo que más asco da." (Ignacio Varela, El Confidencial, 09/11/16)
Pero lo que se está configurando ante nosotros tiene demasiados paralelismos como para ignorarlo alegremente: a una crisis económica de una profundidad excepcional añadimos ahora el asedio de la insurgencia populista, que tras tomar algunas pequeñas plazas (Budapest, Varsovia) se hizo con un trofeo de caza mayor (Londres) y ahora se encamina a tomar la capital. Proteccionismo, chovinismo, nacionalismo, xenofobia, un cóctel letal de infaustos recuerdos.
Para Europa, también para México, que será la primera víctima de Trump, el desastre tiene proporciones épicas.
Y no sólo porque el primer beneficiario de esta elección es Putin, que
puede ver alentadas sus tentaciones irredentistas en el espacio
exsoviético, sino porque el proyecto europeo puede no sobrevivir a la
conjunción del Brexit en Londres y Trump en Washington.
Y para China,
que hasta ahora se ha contenido geopolíticamente conformándose con los
beneficios económicos de una globalización abierta, un giro al
proteccionismo por parte de Trump puede proporcionar la excusa perfecta
para, a su vez, emprender una deriva nacionalista hacia dentro y hacia
fuera que haga estallar las tensiones larvadas con sus vecinos.
Trump ha convertido la mentira, la difamación y el odio en una eficaz arma política,
sentando un peligrosísimo y penoso precedente para todos los demócratas
del mundo, que hoy están de luto por una democracia, la estadounidense,
que se encuentra en franco peligro de ser capturada por el frente
populista.
(...) el mundo cambiará profundamente, y la imagen de EE UU nunca volverá a ser la misma." (José Ignacio Torreblanca, El País, 09/11/16)
"(...) La elección de Hillary Clinton no solo habría colocado a una mujer al
frente del país más importante del mundo, de la mano de grandes como
Alemania (Angela Merkel), Reino Unido (Theresa May, como antes Margaret
Thatcher) o Brasil (Dilma Rousseff hasta su defenestración).
Sobre todo,
habría permitido a Estados Unidos encadenar dos símbolos para dos
revoluciones seguidas: la de la igualdad racial y la igualdad de la
mujer. Si hubiera seguido la racha, por qué no imaginar un hispano en la
Casa Blanca. O hispana.
Por el contrario, Estados Unidos ha elegido al enemigo de las
minorías, de las mujeres, de los inmigrantes, de los musulmanes y de la
corrección política que ha facilitado la convivencia en las democracias.
El sueño se esfuma y, en su lugar, comienza la pesadilla." (Berna González Harbour, El País, 09/11/16)
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