"No hay atenuante alguno que palíe el horror que Donald Trump representa en sí mismo. (...)
Lo que no cuela es la sorpresa por un fenómeno que se gestó ante los
ojos de todos. Y menos la escasa autocrítica que los “bienpensantes”
con poder se dedican. Ese error de diagnóstico ahonda el problema y
ahuyenta las soluciones. No se puede afrontar aquello que se ignora por
voluntad propia.
Trump no ha propiciado la ruptura de la sociedad
como se cansan de repetir desde los púlpitos mediáticos. La ruptura del
pacto social, de la propia sociedad, es lo que ha hecho emerger a Trump.
Y ese monstruo, ese desastre, ese fantoche, no ha sido creado por las
redes sociales, sino por el sistema y sus medios que parecen no
enterarse nunca de nada.
Los púlpitos están demasiado lejos del suelo.
¿Cuándo
se alejaron los periodistas con voz de tal forma de los ciudadanos?
¿Dónde estaban cuando se fueron perpetrando todas las estafas? Cuando
tantas personas fueron perdiendo casas, trabajos, esperanza, futuro.
Nada era más indeseable que un triunfo de Trump… y de tantos otros.
Pero
han errado al pensar que la desigualdad y la injusticia, la corrupción
endémica, no pasa factura, siquiera sea a la larga. Peor si se enquista y
pudre. (...)
Los emails de Hillary Clinton salían como el pisito de Ramón Espinar
–por poner un ejemplo cercano y visual– con desproporción que disparaba
la mofa. La causa la confesó, Les Moonves, destacado directivo de CBS:
“Donald Trump quizás no sea bueno para los Estados Unidos pero es una
bendición para las televisiones”, dijo. (...)
Fraguar monstruos, produce monstruos.
Hay diversos tipos
humanos y variadas razones entre los votantes de Trump. Como los hay en
otros países. Los que mantuvieron a su gran precedente durante años en
Italia: Silvio Berlusconi. Los que optan ahora por Marine Le Pen o esa
temible saga ultraderechista del Este de Europa, que ya se extiende por
el norte civilizado.
O quienes decidieron hacerle un Brexit a la UE. Los
votantes se comportan de una forma muy extraña desde que sufren y pagan
la crisis que no provocaron. Para hacernos idea, solo en España este
tiempo de pagar abultadas facturas ajenas ha restado 1,6 billones de
euros del patrimonio de las familias, con cuanto implica. Al tiempo
crecía obscenamente la riqueza de unos pocos.
Cuando Trump dice
que los ricos –como él– se han beneficiado de las políticas neoliberales
y que el 1% de los multimillonarios se han enriquecido a costa del
común de la población, está en lo cierto. Otros lo denuncian desde hace
tiempo pero no han dado con la tecla en la que sí acierta Trump. (...)
Hubo un momento en el que el sistema se agrietó por su propia
degeneración y soberbia añadida, surgió la protesta y, lejos de verlo y
propiciar su mejora, los poderes no hicieron ni la mínima concesión. Ni
una sola. Pasó en España. Con el 15, con Podemos.
Con Bernie Sanders, el
candidato demócrata en EEUU, de alguna manera. El resto era en ambos
bandos un erial y Hillary había comprendido y admitido sobradamente los
deseos de los “bienpensantes”. Quienes perturban su torre de oro son
sujetos a perseguir, a criminalizar, como intrusos que invaden su
territorio, el que creen les pertenece en exclusiva.
A confundir en un
mismo saco. Y ahí tienen ya un Trump que se les desmandó con enorme
éxito popular. El que dice va a gobernar con la gente, con un
rascacielos a su nombre en Manhattan.
El discurso de Trump ha
sido, es, el del odio sin fisuras. Desnudo. Y es el odio de los votantes
el factor más ignorado por los comentaristas. El sistema ha expulsado
ya a muchas personas. Allí, por ejemplo, los que van a trabajar a la
gran cadena de supermercados y han de dormir en un albergue social. No
cuentan para nada, ni las ven.
Aquí tampoco. Y muchos de los excluidos
empiezan a pensar que, si de todos modos son unos perdedores, mejor
votar para que otros, culpables anónimos en particular, sufran también.
Ese ” Yo estoy mal, pero tú lo vas a estar también. Y yo lo decido”. Con
rabia, con rencor, con desquite.
Esa inhóspita senda marca el
camino y conviene verlo. Es cierto que inmigrantes mexicanos votan a
Trump o que en España vuelve a haber un Gobierno del PP contra toda
lógica. Y que el odio cabalga sin mirar a quien azota. No todas las
víctimas son buena gente, sufrida y generosa, responsable con el bien
común, como tampoco lo son sus verdugos.
No todos tragan y comprenden. Y
un día se piensa en tirar por la calle de en medio. Los establecidos no
se enteran aunque les tiemble la silla. Ven como causa lo que es
consecuencia. Pero éste es hoy el menor de los problemas, ante la
magnitud de tener a los mandos del poder en la Casa Blanca a alguien
como Trump. Esperemos que al menos se aprenda la lección.
Trump es hijo de este tiempo. (...) es hijo del sistema con cuanto ha fabricado y se
resquebraja de puro abuso. Atarlo no funciona. Los millones de votantes
de todos los Trump del mundo siguen ahí, en fila. Sobran púlpitos y
faltan respuestas." (Rosa María Artal, eldiario.es, 08/11/16)
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