7.11.16

La izquierda tiene que dejarse de juegos, desobedecer a las instituciones europeas y aplicar un plan B radical... que es lo que hace la extrema derecha, con un gran éxito

"(...) La anulación de las deudas ilegítimas es para usted un paso obligado para una verdadera estrategia de izquierda. En pocas palabras, ¿qué significa «deuda ilegítima»?  

Muy simple. Es una deuda contraída para favorecer el interés de una minoría privilegiada. Se puede decir que es una deuda contraída sin respetar el interés general. Es decir, que si el Estado contrae una deuda para rescatar a los bancos, que por otra parte son ampliamente responsables de la crisis que estamos viviendo, esa es una deuda ilegítima.  

Por el contrario una deuda contraída para financiar la transición ecológica, reforzar la educación y la cultura, crear empleos o combatir las desigualdades sociales, obviamente es una deuda legítima.  
Las deudas contraídas masivamente para rescatar a los bancos responsables de la crisis financiera de 2008 (Fortis, Dexia, Ethias…) son ilegítimas. Es el caso de una parte de la deuda belga.  

Y la deuda griega va más allá. No solo es ilegítima porque favorece los intereses particulares de minorías privilegiadas. Además es odiosa porque conlleva claras violaciones de los derechos humanos, ya que la troika (Comisión europea, BCE y FMI) solo concede los préstamos si el Gobierno griego aplica una política de austeridad muy dura.  

Las deudas contraídas por Grecia a partir de 2010 se constituyen de préstamos de 13 países de la zona euro, del Fondo Europeo de Estabilidad y del FMI, con la condición de acabar con los convenios colectivos defendidos por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), violar los derechos a un salario y a una jubilación decentes, a un techo, a servicios básicos de sanidad, privatizar una serie de bienes y servicios públicos…  

Su experiencia hace pensar que es muy difícil para la izquierda radical mantener una posición firme sobre la anulación de la deuda cuando negocia una participación en el poder. ¿En qué esta reivindicación es central para la izquierda?  

En muchos países el pago de la deuda pesa mucho en el presupuesto del Estado. Con el fin de encontrar un margen de maniobra para los gastos sociales y una política alternativa hay que reducir radicalmente el peso de la deuda eliminando las deudas ilegítimas.  

Segundo argumento que es muy claro: esas deudas están vinculadas a las contrarreformas impuestas por los acreedores (Comisión Europea, BCE, FMI, Mecanismo Europeo de Estabilidad…). Es el caso de Portugal, Grecia, Chipre, Irlanda y España. La solución radical respecto a la deuda es suprimir esas imposiciones (llamadas condicionalidades). 

¿Por qué? Imaginemos que después de todas las concesiones del Gobierno de Tsipras los acreedores anuncian en tres meses que están de acuerdo en suprimir el 80 % de la deuda griega, pero a condición de seguir imponiendo restricciones presupuestarias en los gastos sociales y las privatizaciones.  

Aunque el stock de la deuda se redujera la situación continuaría siendo dramática porque las personas serían cada vez más pobres y cada vez se privatizarían más bienes públicos.  
Si se reduce la deuda pero se continúa disminuyendo los salarios y las pensiones de los griegos o se restringe más la sanidad, es inaceptable.  

Para mí toda experiencia de izquierda debe resolver el problema de la deuda. En algunos países es incluso la prioridad absoluta. Es evidente para Grecia y Portugal.  
En Francia, actualmente, puede que no sea la principal prioridad, pero sí la segunda o la tercera. 

¿Cuál es el futuro de esos partidos en una Europa cada vez más neoliberal? ¿Cree en el despertar de los pueblos frente a las políticas cada vez más injustas?  

Creo en el despertar de los pueblos pero estoy muy preocupado por el futuro de las fuerzas políticas de izquierda, porque se ha visto con Syriza que la evolución ha sido muy rápida hacia el abandono de sus compromisos y su programa. 

Syriza capituló en 2015 frente a los dictados de la Unión Europea. Los que asumen la capitulación se mantienen, están listos para aprovechar los puestos de los que dimiten por ética. También hay personas que permanecen en Syriza por resignación. 

La evolución de Podemos hacia el centro también es muy rápida. Se podría comparar con la evolución de los partidos verdes.  

Viví el nacimiento de los partidos ecologistas en los años 70 y me enfrenté, como trabajador de la ciudad, a las políticas de austeridad impuestas en Liège cuya mayoría comunal está compuesta por los socialistas y el ECOLO. El viraje de la gestión y la adaptación del ECOLO al sistema fue muy rápido (2-3 años). Pasó lo mismo, en el mismo momento, con Daniel Cohn-Bendit, que participaba en el gobierno municipal de Fráncfort.   (...)

Su conclusión es bastante pesimista… ¿Sin embargo no hay una esperanza en la unidad interna en los países (las alcaldías españolas, por ejemplo) y también a nivel internacional?  

¡Por supuesto! Viajo bastante por Europa y pienso que hay que aprender las lecciones de lo que pasa en Grecia y de lo que pasa en España. Es fundamental que toda una serie de activistas y de movimientos sociales mantengan como prioridad la capacidad de organización y movilización de las bases. Porque si no existe una presión de las bases sobre los partidos que llegan a pequeñas porciones de poder, puede llegar un retroceso muy rápidamente, incluso brutalmente.   (...)

Por lo tanto la unidad debe hacerse a todos los niveles: entre organizaciones políticas y movimientos sociales, entre las alcaldías para enfrentar al poder y a los acreedores y entre los partidos de la izquierda radical europea sobre un programa claramente definido. En este último punto el plan B es esencial. 

¿Qué es el plan B? 

Es una iniciativa europea de una serie de personas y grupos procedentes de la izquierda radical. No se está de acuerdo en todo, pero el punto común es decir: «El plan A, tipo Syriza, cuya estrategia fue negociar con las instituciones europeas respetando sus reglas y sin desobedecer, no funciona». 

El plan B incluye explícitamente el mensaje siguiente a los electores: «Hay que llevar al Gobierno a las fuerzas que tendrán la valentía de desobedecer a las instituciones europeas». Mientras los tratados europeos son contrarios al interés de los ciudadanos y al establecimiento de políticas sociales, tenemos el derecho y el deber de desobedecer. 

¿Cree que el plan B conseguirá la adhesión de muchos electores de los países europeos?  

Eso está muy claro. Hay una gran parte de la población dispuesta a apoyar a las fuerzas políticas que se comprometan a desobedecer a las instituciones europeas y sus exigencias. Es tan real que cuando la extrema derecha lo hace consigue un gran éxito. Porque existe un gran rechazo popular totalmente comprensible a «Europa» tal como está construida, tal como funciona

Es una Europa dominada por el 1 % más rico o, en pocas palabras, una Europa dominada por el gran capital. Es una Europa fortaleza. Hace falta otra Europa, una Europa por la integración de los pueblos y no del capital, una Europa solidaria con los demás pueblos del mundo, una Europa de la paz, de la justicia social, una Europa de la transición ecológica, de la multiculturalidad...  

Si dejamos el monopolio de la denuncia de la Europa real a la extrema derecha, esta ganará, porque muchas personas están disgustadas por la política europea. Mire lo que pasa con el brexit, con Marine le Pen en Francia, con el auge de la derecha en Alemania y en Austria.  

Si la extrema derecha reivindica alto y claro un fuerte rechazo a Europa y la extrema izquierda no se planta frente a Jean-Claude Juncker y Mario Draghi, no conseguirá nada.  
Así pues, la izquierda radical debe movilizarse por el plan B y anunciar claramente: «Desobedeceremos». Y no decir: «Quizá desobedezcamos».  (...)"                 (Entrevista a Éric Toussaint, Paul Blanjean y Monique Van Dieren , CADTM, en Rebelión, 12/10/16)

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