"En la cosmogonía de los economistas no hay nada más aterrador que la
perspectiva de la crisis y el estancamiento secular. Ambos se acompañan
de la pérdida del paradigma sobre estabilización y crecimiento que desde
hace décadas orientó el trabajo de los economistas.
En la
actualidad, como huérfanos desorientados, los economistas cercanos a la
corriente dominante en teoría macroeconómica siguen buscando señales de
que su paradigma no ha muerto. (...)
Y sin embargo, esas señales eran bastante claras. En los últimos 30
años la tasa de crecimiento de la economía mundial disminuyó de manera
constante. Entre 1973 y 2015 la tasa de crecimiento del PIB mundial pasó
de 6.4 a 2.4 por ciento. Es decir, antes del frenazo que sufre la tasa
de crecimiento del PIB mundial por la crisis de 2008 ya se observaba una
tendencia decreciente durante más de tres décadas.
Otro indicador
es el comportamiento de la tasa de interés real. Durante el periodo
1975-2015 la tasa de interés real para activos libres de riesgo fue
disminuyendo brutalmente y pasó de un nivel cercano a 4 por ciento a
niveles negativos cercanos a –1.2 por ciento.
Los cálculos pueden variar
ligeramente, pero cuando se observa una tendencia de esta magnitud a lo
largo de un periodo de 30 o 40 años no se puede evitar pensar que aquí
están en juego algunas fuerzas económicas seculares muy poderosas.
El
problema es que frente a estas fuerzas del tiempo largo los economistas
convencionales no pueden ofrecer un remedio en materia de política
macroeconómica. Por ejemplo, los modelos macroeconómicos que utilizan
los bancos centrales en la mayoría de los países son incapaces de
sugerir medidas para afrontar un problema secular como el del
estancamiento de largo aliento. (...)
Frente a un escenario de estancamiento de largo plazo la política
macroeconómica convencional permanece muda. Es que desde hace décadas su
objeto no ha sido el control del nivel general del producto agregado.
Y
además, hoy los economistas convencionales no saben cómo articular una
política fiscal expansiva con una política monetaria no convencional de
tasas de interés muy bajas o incluso en terreno negativo. Tampoco tienen
algo que ofrecer frente al problema de la desigualdad en la
distribución del ingreso que tantos problemas macroeconómicos conlleva.
La
teoría y política macroeconómica convencional tienen graves
deficiencias, incluyendo sus anacrónicas hipótesis sobre el papel del
sector bancario (como simple intermediario) y la presencia de agentes
representativos (desacreditados teóricamente desde 1974).
Así que ¿cómo
pedirles que den el salto conceptual que les permita incorporar cosas
como la evolución de la tasa de ganancia, el nivel general de salarios y
la evolución del endeudamiento? Éstas son las preguntas centrales en
una discusión sobre las tendencias futuras del capitalismo, pero tienen
que ver con el espinoso tema de la distribución del ingreso y eso es
algo que la teoría convencional prefiere ignorar.
La hipótesis del
estancamiento secular invita a pensar en formas novedosas de política
macroeconómica. También impone la necesidad de reflexionar sobre la
necesidad de transformaciones económicas radicales porque el paradigma
perdido de los neoclásicos jamás será recuperado." (Alejandro Nadal
, Sin Permiso, 02/11/2016
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