"(...) Usar la Gran Encuesta Británica de Clase Social para explicar el voto del Brexit
El reciente referéndum del Brexit mostró cómo fue
masivamente dividido el Reino Unido sobre la cuestión de su permanencia
en la Unión Europea, y esta fractura es asociada con la brecha social
que se ha abierto. El primer mapa indica dónde se concentraron los
votantes del “remain” en Inglaterra y Gales, y revela una geografía muy
significativa.
Escocia e Irlanda del Norte no fueron incluidas por
el característico camino político que han tomado esas naciones. Para
Escocia, ser miembro de la UE se ha convertido en un símbolo de
soberanía escocesa y un medio de reconocimiento más allá de Inglaterra
que enfatiza su alteridad respecto a ésta.
Para Irlanda del Norte, la UE
es una superestructura que promueve un acercamiento transfronterizo a
un abanico de temas económicos y de infraestructura, por lo tanto
facilitando de facto un tipo de unificación discreta y tácita entre el norte y el sur de Irlanda a través de una gran variedad de cuestiones.
Centrándonos en Inglaterra y Gales, la mayoría de Londres y su
acaudalado interior occidental, votó sólidamente por el “remain”, como
lo hicieron también un número de ciudades con universidades reconocidas –
tales como Bristol, Manchester, Oxford, Cambridge, Norwich y York.
Las
áreas azules donde los votantes del “remain” fueron mucho menores en el
terreno fueron el corazón de las viejas zonas industriales del norte de
Inglaterra y las midlands, el Gales industrial y las áreas rurales, especialmente la zona este de Inglaterra.
Este
mapa está arrolladoramente asociado con el mapa de la desigualdad en el
Reino Unido como podemos ver usando los datos de la Gran Encuesta de
Clase Social, la cual, a causa de su inusualmente enorme tamaño de
muestra, puede ser representada a un nivel granular. El segundo mapa
muestra la geografía de los ingresos domésticos, el valor patrimonial y
los ahorros. Vemos, de forma poco sorprendente, cómo destacan Londres y
el área sudeste.
Pero el encaje con el voto del “remain” no es
perfecto. Este mapa no selecciona/destaca las ciudades universitarias
fuera del sudeste, las cuales fueron también fuertes defensoras del
“remain”, ni tampoco distingue claramente las áreas orientales de
Inglaterra – especialmente el Thames Gateway al este de Londres – las cuales fueron desproporcionadamente defensoras del “leave”.
Los datos de la GBCS nos permiten desarrollar una medida de cultura
“intelectual” – o lo que podría ser visto, siguiendo a Bourdieu, como
“élite” – para ver si esto está correlacionado con el voto del “remain”.
Como explicamos en nuestro libro Social Class in the 21st Century,
este mapa permite identificar gente que probablemente asista a
conciertos de música clásica, opera y teatro; que visite galerías de
arte y museos; que tenga majestuosas viviendas en propiedad, etc.
El mapa de capital cultural también muestra afinidades claras con el
voto del “remain”, especialmente con los que obtienen más valor
alrededor de Londres. Pero el encaje dista de ser perfecto – con bolsas
de cultura intelectual en el norte, este y oeste de Inglaterra no
relacionadas con fuerte presencia de votantes del “remain” en esas
áreas.
Podemos también desarrollar una medida de “capital social” –
las conexiones sociales de la gente. El mapa final extrae las áreas
donde los contactos sociales de la gente tienden a tener los valores más
altos de status profesional – o por decirlo de otra manera, donde las
relaciones sociales más elitistas y exclusivas están localizadas.
De
nuevo, vemos valores muy altos en Londres – pero también vemos con mucha
más claridad cómo las zonas del este de Inglaterra con apoyos débiles
al “remain” también presentan valores bajos de capital social. Algunos
de los baluartes septentrionales del “remain” también tienden a tener
más capital social selecto.
Correlaciones simples de dos variables además de modelos de
regresión confirman que el capital social selecto es de hecho la medida
particular con más éxito prediciendo si las zonas tienen alta
probabilidad de votar por el “remain”. Y ciertamente el coeficiente de
correlación, 0.790, es asombrosamente alto.
¿Cómo interpretamos este descubrimiento?
Lo
que demuestra el ejemplo del Brexit, por lo tanto, es que es esa
asociación entre diferentes facetas de la desigualdad es ahora
fundamental, y es la forma por la que las desigualdades económicas son
refractadas y se vuelven tangibles en terrenos sociales y culturales que
les dan tal significado.
El hecho de que el capital social selecto sea
el mejor previendo el voto “remain” explica por qué aquellos que
apoyaron el “remain” fueron tan sinceramente sorprendidos de que el
resultado no fuera aceptado por todas partes.
La gente con la que
estaban asociados, con la que compartían sus intereses culturales o de
ocio, y quienes estaban en una situación económica similar, pensaron
como ellos. Lo que este sector – en la cual se incluye profesiones
liberales tanto como directores ejecutivos – no había sencillamente
reconocido es el gran número de personas en Inglaterra y Gales que
estaban en una situación muy diferente a la suya, simplemente fuera de
su órbita social.
Los datos sobre capital social de la GBCS subrayan de
forma poderosa los altos niveles de aislamiento de clase que existen
dentro de las clases medias urbanas, particularmente en Londres.
Esta
división social fundamental cristalizó en dos cuestiones claves de la
campaña. Estaba primero la movilización de las visiones de “los
expertos”. Para aquellos que pertenecían al bando del “remain”, el apoyo
universal y claro al “remain” por parte de la opinión de científicos y
profesionales fue completamente persuasivo.
Sin embargo, lo que fallaron
en reconocer fue la existencia de enormes cantidades de personas que,
en una reacción anti-elites, consideraron repugnantes a los expertos,
hartos de ser clasificados y malentendidos por “expertos”.
Fue este punto el que Michael Gove, uno de los principales defensores de la campaña Tory del “leave”, incluyó como central en su retórica cuando defendió que “la gente de este país ha tenido ya suficiente de expertos".
Esto no debería ser despachado sencillamente como anti-intelectualismo,
desde el momento en que tocó un nervio profundo: el conocimiento de
expertos no es visto como una cualidad neutral y objetiva, sino como una
herramienta que es empleada en favor de los poderosos.
Este tipo de
discurso anti-élites ha aflorado en diversos ámbitos, como ha mostrado
muy bien la obra clarividente de Thomas Frank, What’s the matter with Kansas,
Y por supuesto, este discurso anti-élite tiene bases reales. Los
trabajadores desempleados del metal, del textil o de la alfarería habrán
visto sus cualificaciones convertidas en superfluas, pese a que
aquellos que invirtieron en expertise técnico y científico hayan salido bien parados. (...)
El segundo tema clave es la inmigración, cuestión que se ha probado
crucial durante la campaña. A pesar del racismo entre ejecutivos y
profesionales, hay un consenso cosmopolita y liberal a favor de la
inmigración, la cual se ve como un incremento de la reserva de
trabajadores cualificados así como una mejora del alcance de expertos y
mercados con los que uno trabajaría.
También se ve como ejemplificación
de la justicia social y una mejora la diversidad urbana y la calidad de
vida. Para mucha gente con capital cultural, esto es sentido común y
está fuera de toda controversia. Sin embargo, como nuestra colega Lisa McKenzie ha subrayado,
hay poca consciencia e incluso menos simpatía por cómo estas cuestiones
operan de diferentes maneras para aquellos más desventajados.
Para
mucha gente británica blanca en posiciones económicas más
desafortunadas, los inmigrantes pueden aparecer realmente amenazantes –
no sólo en términos de seguridad en los empleos, sino también en
términos de demanda de servicios, vivienda y cosas por el estilo. La
cuestión de la inmigración por lo tanto presentó dos orientaciones y
expectativas distintas que son difíciles de reconciliar.
El Brexit
demuestra, de una forma especialmente virulenta, que las desigualdades
no son cosas que existan confinadas en áreas específicas, como la renta o
la riqueza, o variables discretas diferenciadas, como la raza o la
clase.
Las desigualdades inundan los ámbitos sociales, culturales e
intelectuales hasta el punto en que acaban convertidas en escisiones
fundamentales y quedando relativamente pocas oportunidades para
construir puentes entre estos mundos. Estas divisiones están lejos de
estar confinadas en el Reino Unido – estaban inmediatamente presentes en
la campaña presidencial americana, también en muchos países europeos y
en otras zonas. (...)
Los circuitos de desigualdad son poderosos, se mueven entre diferentes
ámbitos de desigualdad, y están generando hoy día rupturas sociales
fundamentales. Las fuertes fracturas que ya nos rodean generan
crecientemente desafíos a nuestro tejido social que demanda correcciones
urgentes.
En este contexto, no podemos sencillamente retirarnos a
nuestras perspectivas académicas, o a mantras establecidos, sino que
debemos pensar en una forma creativa e interdisciplinar sobre cómo
abordar lo que está convirtiéndose en el mayor desafío social que
enfrentamos." (Mike Savage , Niall Cunningham
, Sin Permiso, 07/10/2016)




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