7.11.16

Muchos aquí se sienten olvidados —si no directamente despreciados— por las élites políticas del país, incluidas las del Partido Demócrata“. No sé qué va a pasar el 8 de noviembre, pero tengo miedo”

"(...) Lorain es desde siempre un bastión demócrata: como centro obrero industrial con altos números de afroamericanos e inmigrantes no puede ser de otra manera. Y sin embargo, en las calles recorridas no faltaban los carteles de Trump y Mike Pence, su candidato a la vicepresidencia, muchas veces acompañados de una bandera americana.

Varios votantes, que según los datos estaban registrados como demócratas, indicaron que sí, que ya habían votado, pero no precisamente por Hillary Clinton. En una de las casas tiraban de ironía con una ventana entera cubierta con un cartel manuscrito: Dump Trump. Samuel L. Jackson for President (Abajo Trump. Samuel L. Jackson, presidente).

“No sé qué va a pasar el 8 de noviembre, pero tengo miedo”, dice Holly Dunn, una de las tres mujeres a cargo de la oficina demócrata en South Lorain. Aunque estamos a poco más de una semana del Día D, el ambiente en la oficina es tranquilo. Demasiado tranquilo, quizás. “Noto poco entusiasmo”, confiesa Dunn, una enfermera jubilada.  (...)

El declive imparable de las zonas industriales, tan visible en la ciudad de Lorain, ha venido erosionando la base del apoyo demócrata. En el año 2000, Ohio contaba con más de un millón de empleos de fábrica. El año pasado, quedaban solo 684.000. (...)

Al igual que en las zonas mineras de Pennsylvania y Virginia, muchos aquí se sienten olvidados —si no directamente despreciados— por las élites políticas del país, incluidas las del Partido Demócrata.

El mensaje de Trump, que promete una vuelta de los empleos desaparecidos por la globalización y los tratados de comercio como el NAFTA, resuena como lo hizo muchas otras partes del país la esperanza que decía encarnar Obama en hace ocho años. El mantra de Trump de que Estados Unidos “es un desastre” es una exageración mentirosa a nivel nacional.

Pero lo es mucho menos aquí. A los obreros de Youngstown, sindicalistas y demócratas de toda la vida que se sienten abandonados por su partido, no les falta razón; y tampoco cabe culparles por su escepticismo hacia Clinton. La Nueva Izquierda de los años noventa les pasó de largo.

 “Creo que nunca fui a Akron, o Flint, o Toledo o Youngstown”, reconoció Lawrence Summers, el responsable del Ministerio de Finanzas durante la presidencia de Bill Clinton y uno de los arquitectos del NAFTA, en una entrevista con el periodista George Packer en el New Yorker. Los problemas de la clase obrera blanca del Rust Belt, confesó, “no estaban en nuestro radar”.

Es posible que fuera la llovizna de esa tarde de domingo, o el gris del cielo, o los árboles ya casi deshojados, o la tremenda impresión de la fábrica de acero abandonada, o los muchos carteles de Trump que se veían en los veinte minutos de coche que separan la zona universitaria de Oberlin de esta antigua área industrial , o el impacto de las noticias recientes sobre los correos electrónicos descubiertos en el ordenador de Huma Abedin, asesora de Clinton, pero la verdad es que, pensando en el 8 de noviembre, es fácil que a uno le gane el pánico."              (Sebastián Faber, CTXT, 02/11/16)

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