"El programa económico de Donald Trump, tal como está redactado, es
profundamente keynesiano, próximo al New Deal de Frank Delano Rooslvelt.
Es, por lo tanto, diametralmente opuesto a la línea social-liberal de
Hillary Clinton y a la deriva libertaria de gran parte del Partido
Republicano. Presenta, curiosamente, muchos puntos en común con las
propuestas de Bernie Sanders.
Su implementación, tal como está
redactado, permitiría reactivar un ciclo económico global estancado, lo
que facilitaría una reducción del endeudamiento real de gran parte de
las economías occidentales, pudiéndose reciclar parte de los superávits
por cuenta corriente de países como China o Alemania.
La clave está en ver si realmente será capaz de
implementar todas y cada una de las medidas que ha propuesto, o, al
final, las instituciones (formales e informales) que dan origen y
soporte a la apropiación de la riqueza por parte de ciertos grupos, a
través de mecanismos no competitivos, acaba cortocircuitándolo.
En
definitiva, habrá que ver si el mismo establishment que apoyó
masivamente a Hillary Clinton maniobrará en su contra y cómo.
Donald Trump se ha aprovechado de la ira de una clase media en declive que está harta del establishment,
de la política -¿qué es eso de perpetuar en el poder dinastías
familiares?- y de unos medios de comunicación que sirven de correa de
transmisión de las élites dominantes.
La gente está cansada de trabajar
más horas por salarios más bajos, de ver trabajos dignamente pagados
irse allende sus fronteras, de observar atónitos como los
multimillonarios o las grandes corporaciones no pagan impuestos sobre la
renta o sobre sociedades, mientras que empeoran las condiciones de vida
de ellos y de sus hijos.
Distintas propuestas económicas de Donald Trump se aproximarían a un New
Deal “a la Roosvelt”. En primer lugar, se incluye un plan de gasto en
infraestructuras públicas de hasta un billón de dólares.
A diferencia de
Hillary Clinton, Donald Trump ha entendido, por un lado, que la
inversión privada está estancada por falta de demanda efectiva, y, por
otro, ha comprendido que bajo soberanía monetaria la deuda pública
estadounidense no puede quebrar. Habrá que ver como lo financia, si a
través del Banco Central o vía emisión de deuda.
Entre sus propuestas también destaca la promesa de subida
del salario mínimo a 10 dólares la hora, nada que ver con las políticas
de devaluación salarial seguidas por Rajoy y sus muchachos. Pero sin
duda alguna lo más novedoso y llamativo de sus propuestas económicas, y
de lo cual no se dice ni pío, es que Trump apoya el restablecimiento de
la Ley Glass-Steagall.
Recordemos que esta ley, aprobada en 1933, en
plena Depresión, separó la banca tradicional de la banca de inversiones
con el objetivo de evitar que la primera pudiera hacer inversiones de
alto riesgo. Obviamente, todo el sector financiero se opone
absolutamente al restablecimiento de esta medida.
Trump,
al igual que Sanders, ha denunciado la globalización económica,
convencido de que ésta ha acabado con la clase media, mediante el cierre
de fábricas y la desaparición de millones de empleos industriales bien
remunerados.
En este sentido, Donald Trump ha desvelado que, una vez
elegido presidente, tratará de sacar a Estados Unidos del Tratado de
Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), mientras arremetía contra
el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP). Veremos.
Frente
a lo que se está diciendo en la prensa, el nuevo presidente
estadounidense; rechaza los recortes neoliberales en materia de
Seguridad Social. Nadie quiere volver a la situación previa donde 40
millones de estadounidenses estaban sin seguro médico.
Muchos de sus
votantes, víctimas de la crisis económica del 2008 o que tienen más de
65 años, necesitan beneficiarse de la jubilación de la Seguridad Social y
del seguro de salud que desarrolló el presidente Barack Obama
(“Obamacare”) y que otros líderes republicanos desean suprimir.
Trump ha
prometido no tocarlos, e incluso bajar el precio de los medicamentos,
ayudar a resolver los problemas de los sin techo, reformar la fiscalidad
de los pequeños contribuyentes y suprimir el impuesto federal que
afecta a los hogares más modestos.
Una vez que profundizamos en lo recogido en las propuestas económicas de
Trump, se entiende cada vez menos los análisis que estamos leyendo en
algunos medios de comunicación patrios sobre las elecciones
estadounidenses. (...)
Habrá que ver si realmente se materializan, y cómo, estas propuestas.
Pero parecen un buen comienzo, y, tal como señaló el propio Bernie
Sanders: “En la medida en que el señor Trump se disponga a perseguir en
serio políticas que mejoren las vidas de las familias trabajadoras de
este país, yo y otros progresistas estaremos preparados para trabajar
con él.
En la medida en que persiga políticas racistas, sexistas,
xenófobas y contra el medio ambiente, nos opondremos enérgicamente". No
nos queda más remedio que esperar y ver." (Juan Laborda, Vox Populi, 13/11/16)
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