"La izquierda, como la hemos conocido, con un ala derecha
social-liberal por un lado y otra ecologista, radical y revolucionaria,
pero dispersa, por el otro, está desapareciendo. Es la reconstrucción
completa de una perspectiva de emancipación anti-capitalista,
democrática y ecologista lo que hay que perseguir "el día después". (...)
El PS ha disciplinado a sus críticos, pero ha perdido a Macron por su derecha. Y todo indica que será merecidamente castigado en las urnas. Los Verdes tratan de superar su crisis optando por el aislamiento. Afortunadamente, la mayoría de los militantes del PCF se han negado a seguir a sus cuadros, que a su vez habían repudiado a su dirección nacional.
Y se ha frenado la carrera hacia el precipicio que habría
supuesto la presentación de un candidato propio. Todo esto bajo la
amenaza del Frente Nacional, que nadie puede tomar a la ligera.
Si
existe una gran incertidumbre sobre lo que sucederá en los próximos
meses, una cosa es cierta ya: es probable que desaparezca la izquierda
tal y como la hemos conocido desde hace 40 años. El objetivo debe ser la
reconstrucción completa de una perspectiva de emancipación
anti-capitalista, democrática y ecologista "el día después". Hacerlo
será esencial para protegerse de los golpes de una derecha tan fanática
como la extrema derecha. (...)
"Hagamos un Frente Común". ¿Qué mejor manera de promover lo que tenemos que hacer "el día después"?
A
pesar de que, por definición, no sabemos cómo se organizarán las
fuerzas después de 2017, si conocemos las tendencias más generales. En
todas partes, especialmente en Europa Occidental, los partidos de
gobierno retroceden, en especial los de centro izquierda, como resultado
del creciente rechazo popular a las políticas neoliberales.
El espacio
político se polariza entre un partido xenófobo y autoritario y una
radicalización a izquierda, sin duda aún demasiado débil, y que puede
tomar muchos caminos.
Una forma partido relativamente tradicional como
Syriza (dejando a un lado la política seguida por Tsipras); una
formación sustancialmente nueva como Podemos; la voluntad de subversión
de las estructuras antiguas como Corbyn y Sanders. Esta izquierda se
está buscando, y la cuestión adquiere una importancia aún mayor tras las
señales de peligro inequívocas que han dominado el referéndum de Brexit
y la victoria de Trump.
Aunque la necesidad aprieta, no por ello
ofrece la solución. En Francia los intentos para resolver el problema, a
partir de supuestos muy diferentes, han fracasado hasta la fecha. Es
necesario constatar que la forma de coalición, como el Frente de
Izquierda, no ha durado mucho.
Pero la existencia de movimientos
sociales radicales e innovadoras (Nuit debout, NDDL, campaña
contra la Ley Khomry de reforma laboral ...) abre una posibilidad de
pensar una nueva "forma" de respuesta ecologista, social, democrática,
feminista, antirracista ... al neoliberalismo y el productivismo.
“France Insoumise”, el movimiento iniciado por Jean-Luc Mélenchon
puede tratar de ser la respuesta si se mantiene después de las
elecciones. Pero por ahora no extrae todas las lecciones de los fracasos
del pasado. Y la contradicción entre la horizontalidad que reclama para
su funcionamiento y sus mecanismos de adopción de decisiones
esencialmente verticales parece lejos de superarse.
Es la necesidad, a
pesar de todo, la que empuja a trabajar conjuntamente a las diferentes
tradiciones de la izquierda radical y ecologista, así como a los
movimientos sociales y los círculos intelectuales. Apertura y
colaboración absolutamente indispensables.
El espacio que se abre a
las nuevas fuerzas de transformación ecologista y social tiende ante
todo al rechazo de las políticas neoliberales, pero añade la doble
crisis de la democracia representativa – a partir de la auto-segregación
de la clase política - y la forma particular de los partidos políticos
tradicionales.
Un modelo de partido de masas basado en una red de
sindicatos y asociaciones construidas durante más de un siglo por la
socialdemocracia y que fue la inspiración tanto de los partidos
comunistas como de los partidos de derecha, gaullistas o
demócrata-cristianos. Una crisis que tiene raíces profundas y diversas.
La restricción de los márgenes de maniobra del estado-nación, debido a
la globalización y la Unión Europea, debilita el papel de los partidos, a
los que les cuesta comprender estas nuevas realidades. Esto se combina
con un aumento considerable del nivel educativo, que permite una mejor
comprensión de lo que pasa en el mundo.
Lo que junto a las nuevas
tecnologías permite potencialmente un acceso inmediato y casi gratuito
al conocimiento, y formas de coordinación y organización horizontales,
que erosionan las funciones tradicionales de los partidos políticos.
Esta situación no afecta exclusivamente a los partidos: hace más de
quince años, los primeros foros sociales permitieron la puesta en común
de movimientos, sindicatos, asociaciones u organizaciones no
gubernamentales.
O son los individuos, como en las Nuit debout,
después de los Occupy en EE.UU. y Gran Bretaña y los indignados
españoles. ¿Cómo puede converger todo ello sin excluir a ninguna parte
de este potencial conjunto? Ya sea en contra de los de "arriba" o a
favor de "los de abajo" esta necesidad de política no se debilita sino
que se fortalece. Pero para conseguirlo hay que encontrar nuevas formas. (...)" (Christophe Aguiton , Samy Joshua
, Sin Permiso, 16/12/2016)
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