"(...) El domingo 4 de diciembre el pueblo italiana voto NO en el referéndum
sobre el cambio constitucional que pretendía centralizar poder y
favorecer la gobernabilidad de la República de Italia en mayor sincronía
con los mercados financieros.
Los inversores privados que se habían
comprometido hace unos meses a poner 5.000 millones de euros para recapitalizar el banco Monte dei Paschi di Siena
(MPS) -tercer banco italiano por volumen de activos y en quiebra
técnica desde 2014- si la propuesta de Renzi en el referéndum tenía
éxito retiraron su compromiso después de la derrota.
Esta situación
genera un riesgo sistémico para la banca italiana, por lo que
debió formarse un gobierno provisional rápidamente para solucionar la
crisis bancaria y llevar a cabo reformas que estabilicen la situación
bancaria. (...)
Las autoridades italianas quisieron aprovechar el vacío de poder
como pretexto para postergar la reestructuración del banco MPS, evitando
así el rescate público con bail-in, el cual supondría cargar pérdidas
de alrededor de 2.000 millones de euros sobre los 40.000 pequeños
inversores en deuda subordinada, que ostentan la mayor parte de tal
deuda del banco.
Por ello la administración italiana solicitó la semana
pasada al supervisor bancario europeo posponer este proceso de
reestructuración hasta mediados de enero, argumentando que la formación
de un gobierno dará garantías de estabilidad y permitirá atraer de nuevo
a inversores privados -principalmente el fondo soberano de Qatar-,
evitando el rescate público con bail-in.
Para ejercer presión sobre las
instituciones la administración italiana amenazó repetidamente con
culparlas -principalmente al Banco Central Europeo (BCE)- si no se
proporcionaba una vía de rescate blando que protegiera a los pequeños
inversores.
Parece que la amenaza ha dado cierto resultado, dado que el
brazo supervisor del BCE, a pesar de que en un principio pareció denegar
esta petición el pasado viernes 9 diciembre según la agencia de
noticias Reuters, ha ofrecido hasta final de año a la dirección del MPS para que intente encontrar capital privado para reestructurar el banco.
Paralelamente el jueves el Consejo del BCE
envío dos mensajes intentando reconciliar a las distintas partes
europeas de esta crisis cada vez más irresoluble: en el corto plazo
continúan las compras de bonos de deuda en cantidades de 80.000 millones
de euros mensuales, y a partir de abril se reducirán las compras a
60.000 millones de euros mensuales hasta final del próximo año.
Con
la primera parte se intenta estabilizar la situación italiana,
manteniendo el margen amplio de intervención del BCE en los mercados
para contener los tipos de interés de los bonos de deuda pública de los
estados de la periferia europea.
Las compras de bonos deben llevarse a
cabo de forma proporcional para todos los estado miembros, por lo que
existe el riesgo de no poder comprar deuda periférica en suficiente
cantidad para contener las ventas de bonos italianos si no existe
suficiente deuda soberana de estados del centro de Europa disponible
para comprar.
Un pérdida de confianza repentina en la capacidad de
intervención del BCE combinada con un deterioro de las perspectivas de
solvencia de los estados periféricos podría generar una crisis que
escapara al control del banco central. Si la crisis no pudiera ser
sofocada, seguramente llevaría a la quiebra financiera de uno o varios
estados periféricos, y generaría una crisis aún sin precedentes en la zona euro y la UE.
De momento dos de las tres grandes agencias de calificación de deuda
han lanzado sus avisos y han bajado la perspectiva de la deuda italiana,
lo que supone situarla a un paso del bono basura. Italia tiene una
posición deudora en el sistema de pagos bancario europeo Target 2 de
359.000 millones de euros, más elevada que en el pico de la crisis del
euro de 2012.
Esto podría significar que la huida de capitales ya está
sucediendo de forma silenciosa, aunque aún es pronto para afirmarlo. La
contraparte de tal deuda es principalmente Alemania, que tiene una
posición acreedora de 754.000 millones de euros, lo cual supone que la
quiebra de Italia podría llevar a la quiebra a la banca alemana, y
podría acabar con el proyecto europeo. Sin embargo el gobierno alemán no
muestra atisbos de duda. El ministro Schäuble no se desvía del guión:
«reformas, reformas o reformas».
En este mismo sentido el segundo objetivo de la declaración de Draghi es contentar al establishment alemán,
que presiona para que cese el programa de compras de bonos del BCE.
Esto parece no haber dado resultado si uno observa las publicaciones de
la prensa posteriores a la declaración del banco: desde la prestigiosa
publicación especializada en finanzas Handelsbatt hasta el tabloide
demagogo y populista Bild atacaron descarnadamente a Draghi y alertaron
de que el programa del BCE supone una bomba de relojería para Europa y
en especial para Alemania.
En el último Eurogrupo del pasado martes el
ministro de finanzas alemán usó de nuevo a Grecia para mandar un aviso a
navegantes: «O cumple con los compromisos o deberá salir de la eurozona».
Los
retos de los dirigentes en Italia y Europa para sortear la crisis
italiana y salvar el euro son varios: en primer lugar formar gobierno,
cosa que ya ha sucedido con nombramiento del ministro de exteriores de
Renzi, Paolo Gentiloni, como nuevo primer ministro.
En segundo lugar hay que llevar a cabo la reestructuración del MPS y posiblemente de otros bancos,
que posiblemente deba hacerse aplicando el bail-in, para retornar la
confianza a los mercados y cumplir con las exigencias europeas. Si esto
es así, sin duda podría generar un gran enfado entre parte de la
población que guarda sus ahorros en la banca, por las razones descritas
anteriormente.
Cabrá ver si la dirección de MPS es capaz de encontrar el
capital privada para evitar el bail-in, y en caso contrario si una
reestructuración de una parte pequeña del sistema bancario con bail-in
generará una crisis de confianza entre los pequeños inversores y
depositantes del resto de entidades, que haga que saquen el dinero de
sus bancos, como hicieron los griegos durante los distintos momentos de
crisis en los últimos años, por miedo a ser los siguientes en ver como
se esfuman sus ahorros.
El tercer reto, en vistas de todo este
descontento popular, será pararle los pies a las formaciones que
plantean la salida de Italia de la Eurozona. La amenaza más clara en
este sentido es la formación de Beppe Grillo, el Movimiento 5 Estrellas,
que aboga por consultar a la población sobre la permanencia de Italia
en la zona euro.
También la xenófoba Liga Norte plantea la salida
directa del euro si gana las elecciones. Cosa poco probable. Con el
actual sistema electoral Italicum Grillo podría ostentar una mayoría
cómoda en la Cámara de Diputados, la Cámara baja, en las próximas
elecciones, dado que este sistema premia a la formación más votada.
El
rechazo a la reforma constitucional, la cual hubiera completado la
reforma electoral cambiando también el sistema de representación para el
Senado haciéndolo no electivo, deja en el limbo el sistema electoral.
Si se llevara a cabo la reforma de la ley electoral que elimine el
premio a la primera fuerza los de Grillo tendrán combustible que
alimente su causa. Si además se impide que se lleven a cabo elecciones
cuanto antes estarán preparando el terreno para que los de Grillo ganen
las siguientes elecciones con mayor márgen.
Sin embargo, aunque los de
Grillo ganarán las elecciones con comodidad hay un hecho que impide
formalmente el referéndum sobre la permanencia en la Eurozona. Para
modificar los tratados internacionales italianos hace falta cambiar la
Constitución, por lo que no se puede hacer un referéndum sobre el Euro
sin cambiar antes la Constitución.
Algunos analistas predicen que solo
el hecho de poner en duda el euro, con la llegada de un gobierno de
Movimiento 5 Estrellas ya podría generar una profecía autocumplida,
generándose una huida de capitales y la quiebra financiera del estado y
de su banca. Otros viendo la importancia del euro para el proyecto de la
UE apuestan a que el establishment noratlántico pondría todos los
mecanismos monetarios necesarios para evitar la caída de Italia.
En
la UE se está convirtiendo en habitual hacer todo tipo de triquiñuelas
políticas para mantener el proyecto europeo en pie, y se hace demasiado a
menudo desoyendo la voz de los más perjudicados y enfadados por la
crisis económica. Las medidas económicas y los remiendos políticos para
salvar el euro están llevando a Europa por una senda cada vez más
peligrosa alejada de los principios democráticos y sociales.
Todo indica
que la actual dinámica está alimentando un sentimiento contra la UE que
puede acabar con el proyecto, además de generar nacionalismos y otros
movimientos reaccionarios. Sin embargo, aunque los dirigentes europeos
superaran todos los problemas financieros y políticos italianos sin que
sucediera ningún accidente, esto no solucionaría el problema principal
de Italia, que es la brecha de competitividad de su economía con
respecto a Alemania, la cual genera estancamiento o déficit en la
balanza por cuenta corriente, o las dos cosas a la vez.
Mientras Italia
no cierre esta brecha, o mientras Alemania no acepte establecer un
sistema de transferencias fiscales y financieras para compensar los
desequilibrios de las balanzas comerciales, la Eurozona seguirá
encaminándose al colapso, o hacia una muerte económica y democrática de
su periferia.
Un cambio de rumbo alemán no parece probable. Alemania
vertebra su posición geopolítica en su modelo de desarrollo
mercantilista que le proporciona enormes exportaciones y sitúa al euro
como moneda de uso mundial en un nuevo entorno multipolar.
Sin
anticipar acontecimientos primero habrá que ver hasta qué punto el
experimento euro es capaz de superar las numerosas pruebas de estrés que
le esperan en el vertigionoso 2017." (Sergi Cutillas , El salmón contracorriente"
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