"(...) Dice Michael Moore, uno de los que mejor vio venir la victoria de ese
ovni reaccionario que es Donald Trump, que el nuevo presidente no
acabará su mandato. Estados Unidos se ha convertido en una fuente de
imprevisibilidad.
De puertas adentro hay cierto estupor en el establishment
de Washington y la mitad de los ciudadanos no consideran a Trump su
presidente. Solo con eso ya basta y sobra para unos cuantos incidentes.
Así que la pregunta es si el previsible follón interno que este nuevo
presidente pueda ocasionar, no mermará la capacidad de dañar al mundo de
la potencia. En otras palabras, ¿nos dará Estados Unidos cierto
respiro, ciertas vacaciones, mientras aclara qué hacer con eso, o mientras eso aclara lo que va a hacer y cómo? (...)
Con Rusia solo quienes creyeron la fallida propaganda de Clinton & Cia de que Trump era el candidato de Putin,
pueden esperar que haya una mejora de relaciones. Lo más probable es
que el par de frases benévolas lanzadas por Trump sobre el Presidente
ruso durante la campaña queden en nada.
Sea como sea, en China seguramente sí se han preocupado por esas
frases, pues saben que las mejores y más estrechas relaciones de Moscú
con Pekín fueron resultado directo de la negativa occidental a tener en
cuenta los intereses rusos metiéndole el dedo en el ojo al oso una y
otra vez hasta llegar a Ucrania. (...)
Todo esto habrá que verlo en la práctica, en caliente, y seguramente
será en el Mar de China donde la acción exterior de Trump será tanteada y
puesta a prueba.
Pero si en Rusia y en China, la situación es ambivalente, en la Unión Europea los efectos del trumpeteo
son tragicómicos. El mero anuncio de que el actual presidente electo
relativiza a la OTAN, es decir que cuestiona el papel preponderante de
Estados Unidos en el viejo continente, ha sembrado el pánico y el
desconcierto en Bruselas.
La situación recuerda a lo que ocurría en los
países del Este en 1988 y 1989 cuando Moscú dimitió del papel de
gendarme dirigente y les dijo a los vasallos: “ahora, haced lo que
queráis”.
Claro que no se ha llegado a eso, ni se llegará, pero el pánico y la confusión ocasionados son comparables.
Tal como están las cosas en la UE, es decir con sus promesas de
prosperidad y democracia completamente desprestigiadas por las crudas
realidades oligárquicas evidenciadas por la crisis del neoliberalismo,
lo único que cohesionaba a ese grupo de papanatas de Bruselas era el
fantasma del “peligro militar ruso”.
¿Y de repente el trumpetazo
sugiere desde Washington que no está interesado en ello? La reacción
solo podía ser militar. Una huida hacia delante es todo lo que son
capaces de ofrecer.
Bajo presión alemana, la última reunión de los ministros de defensa
de la UE ha enfatizado la puesta en marcha de estructuras militares
independientes de la OTAN. Su comunicado habla incluso de “autonomía
estratégica”. Más fácil decirlo que hacerlo.
Los británicos y algunos europeos del Este no quieren saber nada del
asunto. Se fían más de una estrecha cooperación militar con Estados
Unidos que de cualquier “ejército europeo” bajo liderazgo alemán, algo
que los militares franceses, obviamente, tampoco suscriben.
“Tras la elección de Trump la defensa de la democracia liberal pasa a
ser nuestra misión superior”, “Europa debe asumir mas responsabilidad
en política exterior y de seguridad”, señala un papel del think tank
alemán DGAP, correa de transmisión de las ambiciones exteriores
alemanas.
Como en Berlín se dice “Europa” pero se piensa “Alemania”, ver
a ese país erigirse en defensor de la “superior misión de la democracia
liberal”, es algo que produce bastantes escalofríos. Así que lo más
probable es que la reacción securitaria al ambiguo trumpetazo agudice aún más el inevitable proceso de desintegración europeo al que asistimos desde hace algunos años." (Rafael Poch , La Vanguardia, en Rebelión, 24/11/16)
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