"La anécdota la ha contado Varoufakis y
no tiene desperdicio. Corría el año 2015 y el Gobierno de Syriza,
elegido en las elecciones del 25 de enero, se estrenaba en los foros
europeos.
El flamante ministro de Finanzas de Grecia acudió a la primera
reunión del Eurogrupo el día 11 de febrero, con la intención de exponer
ante sus colegas el programa económico de su gobierno. (...)
Cuando hubo terminado su intervención, pidió la palabra el entonces ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, que empezó su alocución con una frase lapidaria: “unas elecciones no pueden cambiar la política económica”. (...)
Algunos años más tarde, otro gobierno europeo elegido en las urnas ha recibido la misma respuesta por parte de las instituciones comunitarias. Lo anunciaba este martes Pierre Moscovici en una atribulada rueda de prensa: la Comisión Europea ha rechazado el borrador presupuestario presentado por Italia y ha instado a las autoridades del país transalpino a modificarlo en el plazo máximo de tres semanas.
Poco importa que su economía esté sumida en la recesión
y el estancamiento desde hace casi diez años debido a las políticas de
austeridad europeas. O que su renta per cápita sea hoy más baja que
antes de la introducción del euro. O que el desempleo juvenil se haya
disparado con la crisis, superando ampliamente el 40 por ciento en
algunas zonas del sur del país. Nada de esto parece importarle a las
instituciones europeas. (...)
Hace falta algo más para explicar la arrogancia que exhibe el poder de Bruselas. Es imprescindible una instancia superior que, en ausencia de un auténtico Estado europeo, sea capaz de imponer los parámetros neoliberales y domeñar a los países que osan desafiar al statu quo. Pues bien, esa instancia son los mercados financieros internacionales y su consagración se produjo con el Tratado de Maastricht de 1992.
La
clave era asegurar la independencia del BCE y prohibir la financiación
de los déficits públicos por parte de la autoridad monetaria, obligando a
los Estados miembros a acudir a los mercados para proveerse de fondos.
Hoy sabemos que Alemania condicionó su entrada en la moneda única al
cumplimiento de esta exigencia, que ha transformado la relación entre el
capitalismo y la democracia en Europa.
En
efecto, el Tratado de Maastricht dio entrada en el contrato social a
una instancia externa que amenaza con devorar la política democrática en
el ámbito de los Estados miembros: el poder financiero. Como señala
Wolfgang Streeck, el Estado deudor no responde solamente ante los
ciudadanos que expresan sus preferencias por medio de elecciones
periódicas.
Junto a ellos, o mejor dicho, por encima de ellos, se
encuentran los acreedores financieros internacionales, que prestan
dinero al Estado y reaccionan con virulencia a cualquier exceso que se
produzca en el ámbito de las finanzas públicas. Todo
el mundo sabe que un ataque especulativo puede provocar el colapso de
la deuda pública si los mercados se niegan a seguir financiando al
Estado.
Por eso conservar su confianza ha devenido una prioridad vital
para los gobiernos, que supeditan el bienestar de la ciudadanía a los
intereses de los mercados, llegando incluso a modificar las
constituciones para satisfacer a los prestamistas. La relación entre el
capitalismo y la democracia siempre ha sido conflictiva y
contradictoria, pero en esta UE está a punto de terminar con el triunfo
definitivo del capitalismo.
La
configuración institucional de la UE es estructuralmente
antidemocrática y constituye una amenaza para el bienestar de la
ciudadanía. Cualquier cuestionamiento de las políticas de austeridad
conlleva duras represalias por parte de los mercados, que gozan de la complicidad (y la instigación) de Bruselas.
Los pueblos del sur de Europa saben muy bien cómo se las gastan los
señores de las finanzas: entre 2010 y 2012, en los momentos más duros de
la crisis económica, el BCE alentó feroces ataques especulativos contra
la deuda soberana de los países periféricos, forzando a sus gobiernos a
emprender reformas durísimas que no habrían podido aplicarse sin la
presión de los mercados.
La reforma laboral, la privatización de las
pensiones públicas y el desmantelamiento del Estado social fueron
impuestas por la UE en contra la voluntad de la ciudadanía. Sólo cuando
los gobiernos estuvieron de rodillas, elevando las políticas de
austeridad al rango de criterio constitucional, Mario Draghi anunció que
haría “todo lo necesario para preservar el euro” y el BCE intervino en
los mercados de deuda para estabilizar la prima de riesgo.
En
este contexto, la vieja pregunta de Carl Schmitt adquiere un nuevo
significado: ¿quién es el soberano? El pueblo italiano va a comprobarlo
muy pronto. Su gobierno ha elaborado unos presupuestos de estímulo al
crecimiento en un país con una economía estancada, lastrado por el
desempleo y azotado por la pobreza.
Algunos aspectos, como los recortes
fiscales, son sin duda criticables, pero ello no debería ocultar la
cuestión fundamental: la respuesta de la UE es irracional, carece de
base científica y supone un nuevo golpe a la democracia en Europa. La
estrategia de la Comisión Europea empieza a surtir efecto: la prima de
riesgo italiana ya ha superado los 300 puntos básicos. Si el gobierno
italiano no se aviene a las exigencias de la UE, la presión irá en
aumento y el conflicto será inevitable.
El proceso se prevé largo y
complicado, y el desenlace es incierto. No obstante, una cosa es segura:
la sinrazón neoliberal acelerará la radicalización nacionalista del
electorado en Italia y otros países, y redundará en beneficio de
políticos como Matteo Salvini. Ya está ocurriendo. ¿Democracia en la
eurozona? Juzguen ustedes mismos." (Héctor Illueca, Manolo Monereo y Julio Anguita, Cuarto Poder, 28/10/18)
Como alternativa a la salida del euro y para conseguir la soberanía financiera:
europeseta electrónica
Existe una descripción con mucho humor, de economía-ficción,
sobre los beneficiosos efectos que se producirían si en Italia, el gobierno
impusiera una moneda digital (allá por el 2020), para salir de la quiebra
económica y política a la que la permanencia en el euro habría llevado al país. El objetivo se conseguiría rápidamente.
Los únicos perjudicados, los
especuladores de la deuda. Ver: J. D. Alt: ‘Europa,
2020: una ucronía iluminadora’. http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5467 )
Los artículos de Juan José R. Calaza (Juan José Santamaría y Juan Güell) muestran con
gran claridad las ventajas de una europeseta electrónica de circulación interna:
Para entender la europeseta electrónica. Qué es y, sobre todo, qué no es. Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2012/12/02/entender-europeseta-electronica/720458.html
Para salir de la crisis sin salir del euro: España
debe emitir europesetas (electrónicas). Enlace: http://www.farodevigo.es/opinion/2011/11/27/salir-crisis-salir-euro-espana-debe-emitir-europesetas-electronicas/601154.html
Las europesetas electrónicas, complementarias al euro, estimularán el crédito sin efectos colaterales perversos. Enlace: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=165815
Juan Torres insiste en que es necesario emitir una moneda complementaria al euro. Sus artículos:
Marear la perdiz. Enlace: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/02/08/andalucia/1360327224_588117.html
Hay alternativas, incluso dentro del euro.
Enlace: http://juantorreslopez.com/publicaciones/hay-alternativas-incluso-dentro-del-euro/
Más información en: 'Si Grecia, España, o
Andalucía emitiesen una moneda digital, respaldada por la energía solar
instalada en sus tejados, alcanzarían la soberanía financiera. La de dar
créditos a familias y empresas': http://comentariosdebombero.blogspot.com.es/2014/06/si-una-autonomia-o-una-gran-ciudad.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario