Interpretaciones a favor de Pedro Sánchez:
"Las últimas cuarenta y ocho horas nos han
ofrecido imágenes que explican más que mil palabras la complejidad del
conflicto catalán.
Se ha pasado, sin solución de continuidad, de las
imágenes de apaciguamiento y dialogo del jueves a las de tensión y
cierto descontrol del viernes.
Dos días que explican el estrabismo político con el que el procesismo aborda el fiasco de la independencia exprés y low cost de
hace un año. La no asunción del fracaso, la frustración que ha
generado, la falta de una estrategia común y la pugna insomne entre las
fuerzas políticas y sociales del independentismo complica aún más un
panorama muy condicionado por el juicio a sus dirigentes y por el
irresponsable comportamiento de la Santísima Trinidad de la derecha
española.
Lo que hemos visto estos días por parte
del independentismo no es la legítima combinación entre diálogo y
movilización propio de cualquier conflicto, sino el fruto de la
frustración, el desconcierto y el caos en el que esta asumido el
movimiento, que le resta fuerza y que aumenta los riesgos descontrol. Es
lo que sucede cuando un movimiento de masas de esta envergadura se
queda sin dirección política.
Camuflado entre el conflicto que se vive
en el seno de la propia sociedad catalana y el conflicto con el Estado
español se está librando una batalla muy dura dentro del independentismo
sobre la estrategia a seguir. No saben cómo reconducir la situación y
eso es lo que explica los bandazos constantes.
Las imágenes de diálogo entre Gobierno y
Govern del jueves, reforzadas con la reunión de Pedro Sánchez con Ada
Colau, suponen una derrota del imaginario de “Catalunya siempre será
nuestra” que pretendía el independentismo al calificar de provocación la
celebración en Barcelona del Consejo de Ministros.
Y algunas de las
imágenes de tensión y violencia de este viernes representan el
reconocimiento de una clara derrota y la dificultad para mantener el
imaginario de la revolución de las sonrisas, la ampliación de las bases y
la perspectiva de victoria democrática del independentismo.
Pedro Sánchez ha demostrado una vez más
su voluntad de asumir riesgos, imprescindible para hacer política, y ha
optado por combinar claridad con capacidad de dialogo dentro de los
límites del ordenamiento jurídico. Ha evitado dejarse arrastrar por el
Triángulo de las Bermudas de la derecha (PP, Ciudadanos y Vox), que
engulliría al PSOE si este comete el error de acercárseles.
Sánchez apuesta por un guion propio, que
incluye la aprobación de la Ley de Presupuestos 2019, y con ello avala
también las actuaciones de Pablo Iglesias y Unidos Podemos en la
búsqueda del diálogo.
Un ejemplo de cómo la competencia cooperadora
entre la izquierda puede ser útil para todos.
A quien desautorizan las imágenes de
tensión de este viernes 21 no es a Sánchez, sino a Torra. Porque el día
después de celebrar una reunión entre gobiernos y de firmar una
declaración conjunta apostando por el diálogo, se confirma que nadie
dirige el independentismo.(...)" (Joan Coscubiela, eldiario.es, 21/12/18)
"La pinza ha fracasado. La pinza deseaba que diciembre volviese a ser
mayo: el colapso de una presidencia; el hundimiento de un marco
político.
La pata más robusta de la pinza deseaba una Barcelona en
llamas que justificase el estado de excepción en Catalunya, con la
consiguiente depresión de la izquierda en toda España, desmayo y
desarticulación que ya se ha producido en otros países europeos.
La otra
pata de la pinza, más nerviosa que fuerte, más excitada que
inteligente, sueña con el estado de excepción, para intentar la
insurrección independentista que no tuvo lugar durante la parodia de
octubre del 2017. “Cuanto peor, mejor”. Esta frase se ha repetido mucho
durante los últimos días.(...)
Acelerar, acelerar, acelerar las contradicciones en curso, para que todo
estalle y del caos resultante surja la Gran Oportunidad. La oportunidad
de borrar a la izquierda socialdemócrata del mapa –como ya ha ocurrido
en Francia, en Italia y va camino de pasar en Alemania–, y proceder a la
definitiva recentralización del Reino de España, guardando algunas
apariencias autonómicas.
La oportunidad de intentar la insurrección
ciudadana que en octubre del año pasado los dirigentes independentistas
no quisieron consumar, porque no creían en ella aunque lo hiciesen ver,
por sentido de la responsabilidad, por miedo al derramamiento de sangre y
por temor a durísimas consecuencias penales.
Una Barcelona con chalecos
amarillos invitando al estado de excepción en vísperas de Navidad. Ese
era el momentum que la pinza esperaba.(...)
El Consejo de Ministros en Barcelona, una idea maragalliana concebida en
agosto, cuando el Gobierno socialista aún disfrutaba de ese momento
embriagador y engañoso que durante un cierto tiempo suele acompañar a
toda reconfiguración del poder, se había convertido en una trampa de la
que Pedro Sánchez no podía huir, después de las elecciones en Andalucía. (...9
El rufianismo no tenia ni idea de las teclas que estaba tocando el día
que montó su último número en el Congreso. La huelga de hambre en la
cárcel de Lledoners –cuyo destinatario real eran Oriol Junqueras y los
demás presos de ERC– fue concebida antes de las elecciones en Andalucía.
El caldeamiento esloveno del ambiente, con vistas al juicio de enero,
fue decidido antes de conocerse el acontecimiento del sur.
Así se
explican los frenazos de esta última semana, el acelerado final de la
huelga de hambre y los reiterados llamamientos a la calma, con la
consiguiente acentuación de las contradicciones políticas y
sentimentales entre las diferentes ramas. (...)
El juicio a los líderes independentistas catalanes y el escaparate
andaluz. De ese cruce pueden salir, o no, los presupuestos del 2019. En
ese cruce se prepararán las elecciones locales. (...)" (Enric Juliana, La Vanguardia, 23/12/18)
"(...) podemos considerar que la jornada del 21
de diciembre en Barcelona ha tenido dos éxitos.
Uno, el de la protesta.
Buscaba que el Consejo de Ministros en La Llotja estuviese rodeado de
todo un día de gran desbarajuste, y lo consiguió.
El otro, la firmeza de
las nada fáciles apuestas del cada vez más imperturbable Pedro Sánchez
pese a la situación de debilidad política en que se mueve. Se reunió con
su Gobierno, se decidieron cuestiones importantes y tuvo una entrevista
evidentemente no claudicatoria con Quim Torra (al que hizo recular en
su anunciada postura de que o se realizaba un encuentro bilateral de
Gobiernos aparentemente iguales, o no se vería con él).
Sánchez ahondó
la división soberanista entre buena parte de su cúspide y las bases más
intransigentes. En las algaradas de protesta quedó de manifiesto que los
veinte mil más radicales estaban tan enfadados con la presencia
gubernamental española como con el hecho de que Torra y su equipo
estuviesen dialogando –en la calle decían que claudicando – al hablar con quienes tal vez aceptarán más descentralización pero de ninguna manera una secesión de Catalunya.
Sobre las movilizaciones el factor más
llamativo ha sido la inmensa eficacia de la publicitación y la
intimidación previa. Anunciando repetidamente, incluso desde TV3 con
todo tipo de detalles sobre la geografía de los futuros cortes y
obstrucciones a la movilidad, y de los lugares con posibilidades de
bofetadas, con relativamente muy pocas personas se paralizó
sustancialmente la normalidad ciudadana a partir de actuaciones
temporales y muy puntuales en diversos sitios concretos.
Se esperaba
muchísimo más de lo que hubo e infinidad de barceloneses contribuyeron
indirectamente al éxito de la protesta al renunciar de antemano a
circular, a abrir las tiendas y acudir al trabajo o a los centros
educativos. Eso creó incluso paradojas. El metro, por ejemplo, funcionó
casi con normalidad, pero iba casi vacío.
La táctica de fabricar mediáticamente
unas expectativas catastróficas en la nueva sociedad sustituyen a la
necesidad de materializar la mayor parte de lo anunciado. (...)" (Antonio Franco, eldiario.es, 22/12/18)
"A finales de noviembre, Pablo Iglesias
volvió a hablar por teléfono con Carles Puigdemont.
El líder de Podemos
está muy empeñado en que se aprueben unos presupuestos generales del
Estado que considera que llevan su sello. Durante la conversación, el
expresidente de la Generalitat se mostró dispuesto a negociar las
cuentas si se celebraba una cumbre bilateral entre los gobiernos central
y catalán, aprovechando el Consejo de Ministros en Barcelona.
A Iglesias le pareció un planteamiento
asumible y así se lo trasladó a Pedro Sánchez. El líder de Podemos creyó
que tanto el presidente del Gobierno como Puigdemont podían argumentar
el formato del encuentro ante sus respectivas parroquias.
Sánchez podría
decir que se trataba de una reunión de trabajo entre el Ejecutivo
español y el de una autonomía después de muchos años de incomunicación,
puesto que así era jurídicamente, mientras que el independentismo podría
vender que era un signo de bilateralidad, casi el germen de una cumbre
entre dos estados.
Se trataba, al fin y al cabo, de gestionar una
fotografía a cambio de negociar el presupuesto que permitiría agotar la
legislatura en 2020.
Pero lo que Iglesias veía como una
concesión simbólica para lograr un bien mayor podía convertirse en un
incendio político-sentimental de grandes dimensiones para Sánchez y el
PSOE. (...)
El resultado final ha sido confuso. (...) Es evidente que eso no puede calificarse de
cumbre (de hecho, esa es una palabra reservada a los encuentros
internacionales), ni siquiera de una reunión de gobierno a gobierno. En
el encuentro de segundo nivel no se abordaron asuntos de relieve.
Pero
es un gesto de deferencia hacia la Generalitat que ha provocado una
fuerte crítica fuera de Catalunya a Sánchez, quien no sólo ha recibido
una sarta de improperios de sus rivales, sino sobre todo la
incomprensión de barones y alcaldes socialistas, nerviosos tras el
fiasco andaluz.
Sánchez sólo podrá dar por buenos esos
varapalos si el independentismo se aviene a negociar los presupuestos. Y
su disposición es ahora mayor que hace unas semanas. Lo ocurrido en
Andalucía deja claro que una alianza de derechas es factible y el
independentismo cada vez tiene más claro que ese escenario no le
conviene en absoluto.
Sigue habiendo sectores que se resisten a asentar a
Sánchez en la Moncloa sin que este se avenga a negociar un referéndum,
pero cada vez son más minoritarios. Otra cosa es cómo justificar un
cambio de posición. (...)
Ahora bien, si no hay presupuestos y Sánchez convoca elecciones, aunque
las ganara podría ponerse sobre la mesa una alianza con Ciudadanos,
deseada por no pocos en el PSOE. El independentismo tiene en su mano la
gran decisión. " (Lola García, directora adjunta de La Vanguardia, 23/12/18)
En contra de Pedro Sánchez:
"(...) para muchos, ha sido evidente: la creación de una
relación especial entre gobiernos, que se diferencian bastante en lo que
es la relación de las Autonomías con el Gobierno central.
Aunque sea de
forma subrepticia, antes del Consejo de Ministros no sólo se celebro un
encuentro entre presidentes, sino también entre Gobiernos, algo que
solo suele hacerse entre Estados.
Eso es lo que ha causado indignación
en la oposición, en su conjunto, y en ciertos sectores del partido
socialista que no entienden esa entrega, dicen, al independentismo.
Posición que coincide con lo que ha manifestado, sobre todo, por
Ciudadanos.
Especialmente dura ha sido la reacccion del
presidente de Aragón Javier Lambán que ha criticado la cesión hacia el
separatismo, posición que es también criticada dentro de las filas
socialistas, especialmente en Andalucía, donde se sostiene que la
pérdida del poder en la Comunidad se ha producido, precisamente, por esa
cesión ante el independentismo. (...)" (José Oneto, República.com, 21/12/18)
"(...) Es un ejercicio ya melancólicamente ocioso seguir adosando adjetivos al presidente Sánchez .(...)
Para explicar su viaje a Barcelona se alude al propósito electoral como
recurrencia: tratar de prolongar un año más su gobierno con la
aprobación de los Presupuestos y consolidar la mayoría negativa que le
permitió ser presidente para volver a serlo.
No se sabe bien cuáles
habrán sido los recíprocos compromisos con el Valido. Entre ellos los
posibles indultos gubernamentales a los que puedan ser condenados por el
Proceso.
Pero lo que sí se sabe, y está escrito, es el comunicado
conjunto que los dos presidentes dieron a conocer tras su reunión, la
noche del jueves.(...)
La primera conclusión alude al concepto cumbre gubernamental
manejado con insistencia por la Generalidad en los días previos, y al
que el Gobierno se resistía por el carácter de doble soberanía que
insinúa. Si esa doble soberanía pasa de lo simbólico a lo real algún
día, la autodeterminación será una evidencia. La Generalidad debe de
pensar que por algo se empieza, si bien es verdad que llevan 300 años
empezando.
El inicio del comunicado es, en este sentido, inequívoco:
"Tras la reunión celebrada hoy entre el Presidente del Gobierno de
España y el President de la Generalitat de Catalunya y miembros de ambos
gobiernos". (...)
La segunda concesión del Gobierno es la palabra conflicto. Bien es verdad que es una palabra antibiótica, de amplio espectro. Pero en España y en la dialéctica con el nacionalismo, conflicto
será siempre la palabra con que los terroristas de ETA expresaban la
legitimidad de su lucha. Es una mala palabra, que asume la piedra de
toque nacionalista: la insuficiencia de la democracia española para
resolverlo.
El párrafo siguiente contiene la palabra vehicule y
ésa sería razón más que legítima para ignorarlo y seguir adelante. Sin
embargo hay que joderse y levantarlo a pulso, porque el Gobierno
comparte con la Generalidad "su apuesta por un diálogo efectivo que
vehicule una propuesta política que cuente con un amplio apoyo", etc.
Otra vez se trata de una carta marcada. La aparente inanidad de la frase se contrarresta con la evidencia de que propuesta política y amplio apoyo
son sintagmas nacionalistas que aluden al derecho de autodeterminación,
apoyado según sus cuentas por el 80% de la población catalana y
rechazado según las mías por el 80% de la población española.
Algo
parecido se puede decir de la médula del párrafo siguiente cuando se
cita la "respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía de
Cataluña". Aunque lo verdaderamente hiriente para un gobernante
responsable es la presencia del verbo previo avanzar.
"Avanzar
en una respuesta democrática" firmó el jueves el presidente Sánchez,
asumiendo que esta respuesta democrática no se estaba dando y haciendo
bueno otro de los mantras nacionalistas: que el Estado español debe
pasar (avanzar) de su actual configuración no democrática a otra
verdaderamente democrática que dé respuesta a las aspiraciones del
llamado pueblo catalán.
La respuesta, continúa el comunicado,
debe darse «en el marco de la seguridad jurídica". El marco es
ciertamente intempestivo. Solo faltaría, podría argüir cualquiera. La
seguridad jurídica es, latinajeando, lex praevia, scripta, stricta et certa,
que asume interpretaciones previsibles por parte de los tribunales. Una
Constitución, por así decirlo.
Y en el comunicado el eufemismo seguridad jurídica
atenúa a Constitución, de modo que el presidente Sánchez no es que no
firmara nada del otro jueves el jueves: firmó que la solución al
conflicto no pasa por la Constitución, sino por una Constitución
atenuada en lo que aquí interesa.
El interés del párrafo final está en instituciones:
"La vía del diálogo requerirá del esfuerzo de todas las instituciones".
Así debe ser, según lo que la Generalidad le dio a firmar al presidente
Sánchez. Instituciones son, antes que cualquier otra cosa, los jueces,
aunque nuestro Rey tampoco debería sentirse ajeno e ignorante al toque. (...)
Dado el resultado del viaje a Barcelona, la pregunta no es si Sánchez va
a destruir el Estado democrático, asunto imposible para la talla de
hombre implicada, sino cómo es posible que se haya inclinado con tanta
facilidad por la destrucción del Psoe.
En España hoy a Pedro Sánchez lo
votarían un par de columnistas del diario La Vanguardia a los
que no cito por caridad -tendrán que seguir viviendo y disimulando
luego- y tal vez su director, siempre que el presidente se avenga al
pronto pago. España se encamina hacia el escenario francés pre-Macron: una extrema derecha pujante (Le Pen-Vox), una derecha insuficiente (Fillon-Casado), una extrema izquierda amarilla (Mélenchon/Iglesias-Puigdemont y asociados), un socialismo testimonial (Hollande-Hamon/Sánchez) y un núcleo racional triunfante (Macron-Rivera).
El análisis requiere de dos matizaciones. La primera es que ese reparto
se produciría sin los taxativos beneficios de una ley electoral
mayoritaria como la francesa, lo que quizá obligase a incómodos acuerdos
con los restos del viejo mundo naufragado. La segunda matización es la
importante: que eso es lo que quiero yo, absoluta e innegociablemente." (Arcadi Espada, El Mundo, 23/12/18)
"El encuentro de Sánchez con Torra y la celebración del Consejo de
Ministros en Barcelona se han saldado con un estrepitoso fracaso.
Sánchez firmó un comunicado conjunto infame en el que llama ‘conflicto’
al golpe de Estado y y habla de una ‘respuesta democrática’ -lo que
supone decir ‘referéndum de autodeterminación’- en lugar de hablar de
‘respuesta constitucional’. (...)
Sánchez, pues, se ha humillado ante Torra y el demente catalán aprovechó
la ocasión para propinarle una patada en el trasero y dejarlo en
ridículo en Cataluña y en toda España. Lo que por otra parte anuncia el
fracaso de sus Presupuestos de 2019 y su obligación de adelantar las
elecciones generales en España, donde volverá a fracasar. (...)" (Pablo Sebastián, República.com, 21/12/18)
"Sánchez, enjaulado en su trampa.
Pedro Sánchez necesita los recursos del gran Houdini para escaparse de
la jaula en que se ha metido él mismo de tanto intimar con la medusa del
soberanismo. El colapso de Barcelona, la coacción de la violencia y el
búnker donde se reúne el Consejo de Ministros trasladan una victoria de
la propaganda independentista. (...)
La relación de Sánchez y el soberanismo —y viceversa— constituye una
patología política. Más lejos se posicionan, más necesitan acercarse. La
fórmula de ayer simboliza la paradoja: se reúnen, pero poco. Los
diferencia la Constitución y el chantaje. Les une la aversión al cambio
político que ha empezado a expresarse en Andalucía, pero la imagen de un
Gobierno asediado en Barcelona conlleva un desgarro que debería
resultar irremediable." (Rubén Amón , El País, 21/12/18)
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