"Estoy preocupada por mi línea. La editorial también,
digo.
Últimamente, estoy flojísima de remos y de principios. Solo en los primeros días del año he hecho dos cosas que jamás pensé que haría en la vida. Me he descargado una app de VTC en el móvil y he suscrito un seguro de salud privado.
Últimamente, estoy flojísima de remos y de principios. Solo en los primeros días del año he hecho dos cosas que jamás pensé que haría en la vida. Me he descargado una app de VTC en el móvil y he suscrito un seguro de salud privado.
Lo primero, cabreada por
la huelga de taxistas y sus daños colaterales en mis rutinas: yo, que
he hecho todos los paros de mi gremio y he puesto de insolidarios para
arriba a esquiroles y boicoteadores de los mismos.
La segunda, cabreada
con la sanidad pública y sus esperas: yo, que he puesto a parir a
colegas pijoprogresque predican la excelencia
de lo público al tiempo que me llaman tacaña por aguardar semanas por un
análisis pudiendo costearme uno de pago.
Bien: hasta aquí hemos llegado. Hasta hoy me había
resistido por razones de corazón y conciencia. Si defiendo la calidad de
la sanidad pública, estoy traicionándola yéndome a la privada. Si
defiendo los derechos de los trabajadores, estoy traicionándolos
boicoteando sus huelgas. Pero al final una mira por su pellejo. Igual es
una cuestión de años.
Que con las décadas una se hace comodona para
buses y metros, y empieza a estar en edad de riesgo para casi todo, es
una evidencia. Que te manden una consulta con un especialista para siete
meses, y que te dejen tirada en un aeropuerto con tres maletas, son
gotas que colman vasos.
En esas me debatía cuando leí en este diario que
cada vez más defensores de la sanidad pública —y del servicio público
de taxi— están haciendo lo mismo. O sea, que no soy la única. Que no me
he vuelto individualista, neoliberal e insolidaria de repente.
Que lo
que queremos es un servicio de calidad y, ante su deterioro, buscamos
alternativas. En mi descargo diré que no he usado ni el seguro ni la app de marras. Solo ver el icono me da tan mala conciencia que me funciona como placebo. Quien me entienda que me lea." (Luz Sánchez-Mellado , El País, 31/01/19)
"El negocio de la sanidad privada se dispara tras los recortes en el sistema público. (...)
(...) Tras los drásticos recortes en la sanidad pública ordenados por el PP en 2012 — con el aumento del copago farmacéutico en función de la renta, pensionistas incluidos, exclusión de los inmigrantes y una sangría de 20.000 trabajadores en dos años, entre otras medidas, el Gobierno pretendía ahorrar 7.260 millones— y mientras la economía dibujaba gráficas negativas en el invierno de la recesión, las pólizas de salud no pararon de crecer hasta llegar a los 11,5 millones de personas cubiertas en 2017, un millón más (un 10%) desde el gran tijeretazo. Eso supone que uno de cada cuatro españoles puede acudir a la sanidad privada amparándose en un seguro. (...)
Hoy, uno de cada cinco hogares tiene un seguro sanitario, con un gasto medio de 1.186 euros anuales, según datos del INE. Estas pólizas tiraron del sector con un 5,6% de crecimiento en 2018 y una facturación de 8.520 millones. Parte de los suscriptores de esas pólizas han tenido malas experiencias en la sanidad pública.
Durante los años en que se desplomó la inversión, a partir de 2012, bajó la satisfacción de los usuarios del gran paraguas público de cobertura sanitaria, al tiempo que crecían las listas de espera. Ni siquiera llegó al 6,5 sobre 10, cifra que no se recuperó hasta 2016, coincidiendo con la curva dineraria ascendente.
Javier, un ingeniero de ideas progresistas, sintió molestias en el estómago en verano de 2013. A final de año acudió al médico. “Le dieron cita para el especialista ¡a mediados de 2015!”, rememora Belén, su hija. “Era un gran partidario de la sanidad pública, pero no podía explicárselo”. (...)
"El negocio de la sanidad privada se dispara tras los recortes en el sistema público. (...)
(...) Tras los drásticos recortes en la sanidad pública ordenados por el PP en 2012 — con el aumento del copago farmacéutico en función de la renta, pensionistas incluidos, exclusión de los inmigrantes y una sangría de 20.000 trabajadores en dos años, entre otras medidas, el Gobierno pretendía ahorrar 7.260 millones— y mientras la economía dibujaba gráficas negativas en el invierno de la recesión, las pólizas de salud no pararon de crecer hasta llegar a los 11,5 millones de personas cubiertas en 2017, un millón más (un 10%) desde el gran tijeretazo. Eso supone que uno de cada cuatro españoles puede acudir a la sanidad privada amparándose en un seguro. (...)
Hoy, uno de cada cinco hogares tiene un seguro sanitario, con un gasto medio de 1.186 euros anuales, según datos del INE. Estas pólizas tiraron del sector con un 5,6% de crecimiento en 2018 y una facturación de 8.520 millones. Parte de los suscriptores de esas pólizas han tenido malas experiencias en la sanidad pública.
Durante los años en que se desplomó la inversión, a partir de 2012, bajó la satisfacción de los usuarios del gran paraguas público de cobertura sanitaria, al tiempo que crecían las listas de espera. Ni siquiera llegó al 6,5 sobre 10, cifra que no se recuperó hasta 2016, coincidiendo con la curva dineraria ascendente.
Javier, un ingeniero de ideas progresistas, sintió molestias en el estómago en verano de 2013. A final de año acudió al médico. “Le dieron cita para el especialista ¡a mediados de 2015!”, rememora Belén, su hija. “Era un gran partidario de la sanidad pública, pero no podía explicárselo”. (...)
“El principal agente de la contratación es el deterioro”, apunta Rubén
Sánchez, portavoz de la asociación de consumidores FACUA, “la
saturación, las listas de espera y los recortes en prestaciones empujan a
darse de alta en aseguradoras”. Lectura similar ofrece la Federación de
Asociaciones para la Sanidad Pública (FADSP).
“La degradación del
sistema público, estrategia del PP, lleva a la gente a la doble
cobertura, un especialista privado para saltarse la lista de espera”,
observa el portavoz, Marciano Sánchez Bayle, “pero luego todas las
encuestas dicen que si hay un problema gordo, van a la pública”. (...)
“Lo que no se dice es que las empresas desgravan los seguros que
contratan para los trabajadores”, dice el portavoz de la FADSP, “con lo
cual, entre todos estamos financiando el seguro privado”. Además del
beneficio fiscal, si cabe, para los empleados, a quienes les sale más
barato contratar la póliza, las empresas se deducen el 100% de lo
aportado en el impuesto de sociedades.
Por otra parte, casi dos millones
de funcionarios eligen pólizas privadas frente al sistema nacional de
salud. “Ese modelo debería de desaparecer e integrarlos a todos en la
pública”, continúa Sánchez Bayle, “porque el Estado paga por ello” (...)" (Ana Alfageme, El País, 29/01/19)
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