"(...) una semana después de la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente paralelo de Venezuela
en una operación diseñada en Washington, una tesis parece bastante
creíble. Venezuela se ha convertido en el laboratorio de una nueva política exterior de Estados Unidos frente a sus rivales geopolíticos China y Rusia. Y, obviamente, en el país con más reservas de petróleo del mundo, el crudo es el meollo del asunto. (...)
Lo cierto es que el sector petrolero en Venezuela se encuentra en una
situación caótica, gestionado por el ejército con la intervención de
grupos cuasidelincuentes. “Recuperar la producción será tan difícil como
en Irak tras la invasión”, dijo Amy Myer Jaffe, experta del consejero
de Relaciones Extranjeras en Washington. Fue en una comparación
reveladora, dada la amenaza de John Bolton, el consejero de Seguridad,
de “meter en Guantánamo” al presidente venezolano, Nicolás Maduro. (...)
Guaidó ha intentado en los últimos días convencer a
China y Rusia de que ellos también se beneficiarían de un cambio de
gobierno y de la apertura del sector petrolero; las dos potencias han
mostrado un fuerte rechazo a la nueva política occidental de reconocer a
Guaidó y anunciar un embargo petrolero.
China teme que esté en peligro
su estrategia de extender créditos por 50.000 millones de dólares a
Venezuela a cambio de asegurar una fuente de suministro de crudo y
participar en obras de infraestructura. Un joint venture entre la petrolera china CNPC y PDVSA fue clave para duplicar la producción petrolera venezolana el año pasado.
Asimismo Rusia, que ha ido haciéndose con activos
petroleros a cambio de créditos al Gobierno de Maduro, teme un gobierno
pro Washington que cumpla con sus promesas de revertir todos los
contratos firmados por la Administración chavista. Decenas de directivos
de la petrolera Rosneft llegaron la semana pasada al hotel Gran Meliá
en Caracas. (...)
Puede resultar cínico hablar de una agenda oculta en
el plan supuestamente humanitario de cambio de régimen urdido en una
operación meticulosamente planificada por Washington, según explica en
un revelador artículo el Wall Street Journal el
pasado día 24. A fin de cuentas, nadie duda de la gravedad de la crisis
de desabastecimiento de bienes básicos, que ha convertido en un calvario
la vida diaria de millones de venezolanos.
Todo se importa menos el
petróleo en Venezuela, de modo que el colapso de las exportaciones
petroleras de 100.000 millones de dólares en el 2012 hasta 32.000
millones de dólares en el 2017 se traduce directamente en el
desabastecimiento de alimentos y, aún más grave, de medicamentos.
Sin embargo, es lógico cuestionar los motivos de la
Administración Trump por una sencilla razón. El resultado del embargo
petrolero anunciado la semana pasada que reducirá a cero los 11.000
millones de barriles que Venezuela exporta a EE.UU. probablemente será
el atrincheramiento en el poder de Nicolás Maduro.
“Lo más probable es
que Maduro se cave un búnker más profundo”, dijo Francisco Rodríguez, de
Torino Capital, en Nueva York, que da el 55% de las probabilidades de
que Maduro aún se mantenga en el poder en el 2020.
Asimismo, en vez de resolver una grave crisis
humanitaria, todo indica que el golpe la agravará. Rodríguez calcula que
el embargo provocará otra caída del 56% de la producción petrolera
venezolana en el 2019 con una debacle de las exportaciones del 50%. Esto
forzará un descenso del 40% de las importaciones, muchas de ellas de
alimentos básicos y medicamentos.
Puesto que se importan los productos
incluso en el sistema de distribución de bienes esenciales en los
llamados CLAP, que han protegido del hambre a cuatro millones de
venezolanos, las consecuencias de estas nuevas sanciones serán una
catástrofe humanitaria.
Es algo que varios portavoces de la Naciones Unidas
han advertido en los últimos días. No quedaba claro que el Parlamento
europeo, al apoyar el reconocimiento de Guaidó y –por defecto– el
embargo petrolero, haya tenido en cuenta estas consecuencias.
Rodríguez
calcula que el PIB va a caer otro 26% en el 2019, lo cual supondrá la
destrucción del 60% de la actividad económica desde el 2013.
El embargo tal vez sí servirá para cumplir con los
objetivos geopolíticos de la nueva política exterior en América Latina:
advertir a China y a Rusia de que América Latina vuelve a ser una esfera
de influencia estadounidense. (...)
Maduro ha basado su desafío a EE.UU. en su convicción de que el mundo ya
es multipolar y que sus aliados son China y Rusia. Pero es posible que
haya infravalorado otra tendencia que se confirmó con la llegada de
Trump a la Casa Blanca. El fin de la globalización parece estar dando
lugar a la consolidación de los bloques regionales. Las fuertes
tensiones comerciales entre EE.UU. y China están reforzando la
integración regional asiática. Se reestablece el poder ruso en parte de
Medio Oriente. Lo que queda es el hemisferio occidental. (...)
Ni los viejos halcones del equipo de Trump podrían haberse imaginado que
sería tan fácil que la mayor parte de América Latina y Europa se
apuntara tan dócilmente a la nueva doctrina Monroe en versión de Donald
Trump." (Andy Robinson , La Vanguardia, 03/02/19)
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