"Corría el año 2003. En Orozko (Vizcaya), Ainhoa Marigorta, de 35 años en aquel entonces, acudía a su primer día de trabajo en la fábrica de galletas Artiach.
Era un contrato de un día firmado a través de una Empresa de Trabajo
Temporal (ETT) que le permitía salir de su situación de desempleo, pero
que -no lo sabía en ese momento- se convertiría en una práctica habitual
durante más de una década.
Durante trece años estuvo alternando contratos
diarios con sustituciones por bajas hasta que en 2016, y tras un cambio
de ETT, pasó a encadenar contratos semanales aunque, según explica
Ainhoa, no siempre se trabajaban los cinco días de la semana. "A veces
trabajábamos dos días", cuenta a EL ESPAÑOL. De esta manera, en 16 años
en la empresa llegó a acumular 750 contratos.
Ainhoa aguantaba esta situación porque necesitaba el trabajo y porque confiaba que un día galletas Artiach -fabricante de icónicas marcas como Filipinos, Chiquilín y Marbú- le ofreciese un contrato en condiciones. Es decir, que la hiciese "fija". Pero no fue así.
Los únicos contratos que firmaba con Artiach y
no con la ETT de turno eran en verano, "para que estuvieses atada",
manifiesta. Ainhoa los aceptó y encadenó contratos con la ETT con otros
firmados con la empresa (dos o tres), renunciando a tener vacaciones
durante 14 años, explica, "teniendo dos hijas, un marido y una historia
detrás, como todo el mundo".
Irregularidades laborales
Llegó a estar 16 años acumulando contratos de
carácter temporal en la misma empresa, hasta que el sindicato LAB
conoció su situación y la de otras compañeras, a quienes animó a
denunciar a la empresa cuando todavía mantenía su puesto de trabajo en Artiach.
El inspector de trabajo, explica Ainhoa, "nos pidió la vida laboral y
vio que había irregularidades en los contratos". ¿Qué tipo de
irregularidades? Principalmente un alto índice de eventualidad, explica.
Pero estas no son las únicas anomalías. Ainhoa explica que a veces,
cuando suplía una baja y a esa trabajadora le daban el alta, coincidían
trabajando un mismo día y que en otras ocasiones, cuando cubría otra
baja, la llamaban de un día para otro para comunicarle que no fuese a
trabajar al día siguiente. (...)
Con esto, llegó el 4 de junio de este año. La Inspección de Trabajo, en un informe transmitido por la denuncia interpuesta por el sindicato LAB, requiere el paso de siete contratos temporales a indefinidos.
Artiach solo hizo fija a una de ellas y porque en ese momento "estaba
cubriendo una baja de un año", cuenta Ainhoa. A las demás, no. En ese
momento, Ainhoa fue despedida poniendo fin a una vinculación laboral de
16 años con un índice de eventualidad de récord y 750 contratos
laborales.
¿Por qué? La empresa, según explica la trabajadora,
alegó una serie de motivos que ella considera falsos. Estos fueron falta
de interés y disminución de su rendimiento laboral, algo que Ainhoa
desmiente. "Esto es una indecencia y un insulto hacia la mujer
trabajadora", cuenta. (...)
Ainhoa se ha pasado "los mejores años" de su vida esperando un contrato indefinido que nunca llegó.
Ahora tiene 51 años y, aunque se considera una persona positiva, ve su
futuro muy negro. Está en una edad en la que "es difícil que me
contraten", lamenta, y al trabajar días sueltos, de los 16 años que ha
operado en la fábrica, probablemente el periodo de cotización no
superará los 10 años, lo cual lógicamente afectará y reducirá su futura
pensión. (...)" (El Español, 22/10/19)
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