"Las imágenes nocturnas de España, captadas desde la Luna, no
serán iguales de ahora en unas décadas. Y no es una reflexión más sobre
el suicidio climático ni sobre los avances de la óptica.
En unas
décadas, quizá los astronautas que observen la noche de la península
ibérica solo vean tres o cuatro, tal vez alguna más, enormes manchas
lumínicas. Porque no es distópico pensar que dentro de unos cuantos años
la práctica totalidad de la población española se haya concentrado en
tres o cuatro inmensas urbes, abandonando casi por completo el resto del
territorio.
– Leyendo tu estudio sobre la evolución de la demografía española, me
fui imaginando Santiago, Palencia, Burgos, Valladolid…, todas
silenciosas y vacías. Despobladas. Y a sesenta o setenta millones de
españoles hacinados en tres o cuatro metrópolis gigantes de cemento.
Suena aterrador.
– Es hacia lo que tienden ahora mismo las dinámicas demográficas y
económicas. A acabar en dos o tres núcleos de población y que
desaparezcan las ciudades medias –confirma Miguel González-Leonardo,
investigador del Centre d’Estudis Demogràfics de la Universidad Autónoma
de Barcelona.
González-Leonardo es autor del primer estudio
que alerta sobre el grave despoblamiento no solo del rural español,
sino también de sus ciudades medias e incluso de las capitales de
provincia. Las migraciones interiores (no solo exteriores) también están
vaciando el motor del futuro demográfico de estas urbes. Los flujos
migratorios interregionales de la población española de entre 25 y 39
años han sido analizados por el investigador entre 2013 y 2017,
añadiendo, además, factores socioeducativos para trazar mejor el retrato
robot de estos nómadas interiores.
Los resultados son muy inquietantes. Los jóvenes más formados se
marchan de sus ciudades, por muy completo que sea el abanico de
servicios y tentaciones de estas. González-Leonardo pone el ejemplo de
su propia ciudad, Valladolid. Tiene una universidad ya casi milenaria
con más de un millar de posgrados y 2.700 docentes; aeropuerto; un Ave
que la conecta más de 40 veces diarias con Madrid en menos de dos horas;
por carretera, sale a las autovías del Noroeste, del Duero, de León y
de Castilla; 300.000 habitantes la convierten en la décimotercera ciudad
más poblada del país; su renta bruta media es ligeramente superior a la
española; disfruta de dos orquestas sinfónicas, un conservatorio y
hasta un prestigioso festival de cine (la Seminci). Pero la gente joven
se va.
Para la gente joven –sobre todo la más cualificada, según esta
investigación–, Valladolid sigue siendo la “ciudad de tedio y
plateresco” que describió Francisco Umbral. Y, como el pucelano Umbral,
de allí huyen a Madrid. Sobre todo a Madrid, donde desembarca cada año
una media de 30.000 de trabajadores españoles de entre 25 y 39.
El estudioso explica que este éxodo se convierte en un patología
multitumoral para el futuro demográfico de estas ciudades medianas: “Se
van las personas en edad fértil, con lo cual la natalidad se desploma;
se van los más cualificados, con lo cual decrecen el emprendimiento y la
innovación, y la estructura económica de estas ciudades se va haciendo
más y más obsoleta y menos atractiva para la inversión; también decrece
entonces la calidad cualitativa y cuantitativa de las ofertas de empleo;
todo esto se conjura y la ciudad se hace cada vez menos atractiva para
recibir nuevos flujos”.
El fenómeno es global, pero en España, hasta ahora, no se había
cuantificado científicamente. Sí había estudios en otros países. E,
incluso, algún gobierno
ha emprendido difusos planes concretos para revitalizar estas ciudades
medianas que envejecen y mueren solo observadas por la languidez de sus
antiguos monumentos y la pasividad política. “Los resultados de esos
planes nunca han sido hasta ahora, por decirlo sin tremendismos, nada
esperanzadores”, atestigua González-Leonardo. (...)
“Madrid se posiciona como el principal importador de talento oriundo de
otras partes de España y como centro del sistema migratorio de capital
humano cualificado, a la par que expulsa jóvenes sin estudios
universitarios hacia lugares más baratos para vivir. Una parte
importante de estos últimos se trasladan a las provincias de Guadalajara
y Toledo, continúan trabajando en Madrid y realizan movimientos
pendulares diarios”. (...)
– ¿Estamos hablando de un fenómeno de expulsión de las clases más humildes de Madrid?
– Sí. Mayoritariamente, la emigración que va desde Madrid al norte de
Castilla-La Mancha es movilidad residencial, derivada principalmente
del alto precio de la vivienda en la capital. Madrid expulsa
generalmente gente con un nivel educativo más bajo, de los estratos
socioeducativos inferiores.
Cada año, 155.000 jóvenes de entre 25 y 39 años abandonan su
comunidad autónoma. El 19,3% de ellos emigra al extranjero, mientras el
otro 80,7% se queda en España. “Entre el 45 y el 55% de los jóvenes que
se marcha tienen estudios universitarios, frente al 30-35 % de los
sedentarios. En Madrid, sin embargo, el 42,9% de los autóctonos
residentes eran titulados universitarios y un 30,1% en el caso de los
emigrados”, certifica el estudio de la UAB. De los que se mueven dentro
de nuestras fronteras, el 30% de ellos acaba en Madrid. Con una gran
diferencia de atractivo sobre el otro gran polo de atracción migratoria
del país: Barcelona.
“La atracción que hay hacia Barcelona no está medida en nuestro
estudio”, explica González-Leonardo”. “Hemos estudiado los flujos entre
comunidades. En Cataluña, una provincia como Girona no atrae población
cualificada. Aunque es cierto que Barcelona tampoco es un atractor de
población española tan importante como Madrid. Atrae mucha menos
población española cualificada. Sin embargo, BCN sí es un polo de
atracción muy importante para extranjeros muy cualificados. Por encima
de Madrid.
A nivel mundial es una ciudad mejor conocida para los
extranjeros. Tiene mar, una imagen turística muy definida, muchas
empresas internacionales… Todo esto no lo estudiamos. Solo hemos medido
los flujos migratorios y los niveles educativos de la gente que entra y
que sale. Aunque, claro, con estos datos puedes hacer algo más que
especular”.
Los jóvenes de los núcleos urbanos más pequeños se desplazan a las
capitales de provincia para realizar sus estudios universitarios o
buscar sus primeras experiencias laborales, pero estas capitales solo
son, en muchos casos, lugares de residencia “trampolín” hacia las
grandes urbes una vez se completan los ciclos formativos.
La sobrecualificación de las ciudades receptoras (en una España cuya
juventud ya está sobrecualificada para la realidad de la oferta
laboral), tampoco las convierte en edenes de fineza, cultura y
bienestar. “Hay estudios demográficos sobre las ciudades globales que
compiten entre sí para atraer más talento. Economías de aglomeración que
tienden a aglutinar en las ciudades globales actividades de alto valor,
como está sucediendo en Madrid”, señala González-Leonardo.
Y, como en
Madrid, esto se refleja en fenómenos negativos como escasez de
viviendas, elevación de los precios, descenso de la calidad de vida y,
en muchos casos, frustración de las expectativas laborales por el exceso
de competencia. La castiza estampa matritense del físico nuclear
repartiendo pizzas en vespino o friendo en el McDonald’s no es tan
postiza. (...)
La contaminación causa, cada año, la muerte de 30.000 menores en
Europa, según la Organización Mundial de la Salud. Son datos que invitan
a creer en esas historias de familias urbanitas que regresan a la aldea
a mancharse felizmente las manos en el mundo de la agroecología, la
sostenibilidad rural u otros bucólicos destinos. Demasiado bonito para
ser cierto.
“En datos demográficos, eso no está pasando. No hay un
retorno de la áreas urbanas. Sí hay iniciativas de alguna comunidad que
decide irse al mundo rural, pero es algo anecdótico. Según los datos que
manejamos, este tipo de fenómeno no tiene ninguna entidad”, zanja el
demógrafo. Tampoco hay que confiar demasiado en los avances
tecnológicos, en el auge del trabajo no presencial como factor de
desconcentración, añade.
– Lo dice todo con un cierto pesimismo. ¿No hay soluciones?
– Es difícil. Ya dije antes que en otros países se han intentado
iniciativas para ciudades en declive, y los resultados no han sido muy
alentadores. Es como luchar contra el capitalismo globalizado del siglo
XXI con un palo. La solución vendría un poco por las políticas públicas.
Si el capital privado tiende a concentrarse en Madrid, hay que usar la
cosa pública para redistribuir esa riqueza.
– ¿Para ese final catastrofista de ciudades vacías que yo imaginé cuando empezamos a hablar, cuántas décadas o siglos quedarían?
– No sé si va a seguir evolucionando así este fenómeno. Yo constato
la dinámica demográfica actual. Nadie sabe si de aquí a unos años va a
venir una oleada migratoria brutal y va a llenar otra vez esas ciudades
medias. Pueden pasar muchas cosas. Entre 2000 y 2008 ya vino una oleada
migratoria enorme. No se puede hacer una previsión a futuro. Es
precipitado." ( Entrevista a González-Leonardo, Aníbal Malvar, CTXT, 30/10/19)
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