"(...) Lo cierto es que más allá del eje
izquierda/derecha, cifrado en términos de políticas y programas de
Gobierno, lo que Vox está logrando es plantear un panorama, un
diagnóstico de la situación, que entronca con el sentir de un número
creciente de ciudadanos, y que en esencia se reduce a la identificación de una crisis existencial de España.
Ante las crisis existenciales se responde con la acción, contundente y
violenta si hace falta, no con argumentos. Se entra en la lógica del
enemigo, no del adversario. Y se responde desde las emociones y los
instintos más básicos, no desde los razonamientos más sofisticados. Y como es cuestión de vida o muerte, los matices sobran y los procedimientos pasan a ser algo muy secundario. Legítima defensa.
La
crisis territorial del Estado español, provocada por lo que parece ser
el irresoluble problema del encaje de Cataluña en España, es la pieza
central del imaginario que crea y a su vez da respuesta el partido de
Abascal cuando, con una escenificación de reconquista (caballo
incluido), promete «mano dura» para abatir el independentismo que
amenaza la integridad territorial del Estado, haciendo alarde de una
masculinidad protectora y salvadora de la nación en riesgo.
La nación en riesgo,
en el imaginario que construye Vox, parte del conflicto territorial
catalán, pero no se limita a él. El territorio amenazado es también el
que «invaden» inmigrantes ilegales que luego vacían las arcas del Estado
social. Y la nación amenazada lo es, no sólo en sentido territorial,
sino también en sentido identitario (¡vivan el castellano, los toros y
el catolicismo!). De ahí el elemento de islamofobia y la resistencia a
abordar de forma seria los retos que el plurilingüismo plantea en un
Estado, como el español, en el que conviven varias lenguas autóctonas.
El nacionalismo de Vox, como propuesta
de solución a lo que presenta y muchos perciben como una crisis de
Estado, explica también su agenda de género; una agenda que promete
recuperar la familia tradicional con roles de género bien definidos,
como célula fundacional y articuladora de la sociedad española, y la
maternidad como forma esencial de contribución ciudadana de la mujer
española (madre biológica de la nación que no puede abdicar de su deber y
honor abortando), más aún cuando la crisis demográfica apunta a la
inmigración y sus «impurezas culturales» como única alternativa real
viable.
En ese imaginario es en el que se despliegan los rasgos de la
masculinidad de la que alardea el partido: el macho alfa protector
(mejor si es con barba y pelo en pecho) que sólo es violento para
defender la justa patria. Digan lo que digan estadísticas y leyes, no es
cierto que ese macho sea con frecuencia violento en sus relaciones con
las mujeres.
Se trata de casos excepcionales que merecen, eso sí, el más
duro castigo (¿prisión perpetua?) o que provienen de los «culturalmente
retrógrados inmigrantes» (¿femonacionalismo, Sr. Abascal?). Ese macho,
llamado a proteger a la mujer, la familia y la nación no se reconoce en
la ciudadanía gay ni transexual. ¡Faltaría más!
Nada nuevo bajo el sol. El nacionalismo identitario ha sido siempre instrumentalizado como elemento para aglutinar y construir comunidad.
Y por eso constituye un verdadero canto de sirenas en sociedades que se
sienten en crisis existencial y en las que cunde el miedo y la
inseguridad. No todo es, sin embargo, construcción. Tenemos una
verdadera crisis en la articulación territorial de nuestro sistema
político y unos políticos incapaces de proponer soluciones.
Y tenemos
también retos demográficos importantes, así como los retos que plantean
la precariedad laboral y la creciente desigualdad, ante una economía que
además se desacelera, por no hablar del reto, este sí de naturaleza
verdaderamente existencial, que compartimos con el resto de la
humanidad: el del cambio climático.
Disculpar excesos
Por eso es clave entender que la gente siente inseguridad y que la inseguridad alimenta miedo.
Y que con miedo e inseguridad resulta fácil dejarse llevar por la
ensoñación de un todopoderoso salvador y de un imaginario que vuelve la
mirada hacia el pasado para exagerar burdamente su bondades.
Y es
también fácil disculpar los excesos liberales (como la ilegalización de
partidos políticos nacionalistas o el derecho a la información de los
medios de comunicación no afines), de quien promete recuperarlo, por el
medio que sea, en aras del buen fin: el restablecimiento del orden
perdido, la salvación de la patria. (...)
Mientras el reto del cuidado y de la
conciliación no se resuelva para todos, la tasa de natalidad seguirá
siendo baja y seguiremos necesitando mano de obra, a menudo extranjera,
para ofrecer los cuidados (no es sólo cuestión de solidaridad). Generar
una sociedad que haga de la reproducción algo natural y hasta deseable
pasa por políticas de dependencia y por la desfamiliarización del
cuidado. Pasa también, como sabe nuestra juventud, por vencer la
precariedad laboral y tener acceso a la vivienda.
Desafortunadamente las políticas fiscales, de corte ultraliberal de Vox, no
permiten pensar que ninguna de estas cuestiones puedan abordarse en
serio. Pero mientras la crisis de Cataluña sea una realidad y la
inseguridad que siente la ciudadanía por las razones apuntadas, otra,
siempre podrá un partido como Vox ofrecer un canto de sirenas. Es la
obligación del resto de los partidos explicarle a la ciudadanía tanto su
poder real de seducción como su realidad de quimera. Ignorarlo no es el
camino." (Ruth Rubio Marín , Economistas frente a la crisis, 08/11/19)
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