"1/ Tu último artículo se titula 'Vuelve la crisis'. ¿Cuáles son los síntomas que así parecen indicarlo?
En
primer lugar, que en las principales economías del mundo, la deuda de
las empresas ha aumentado mucho desde la Gran Recesión de 2008. Al mismo
tiempo, ha habido una desaceleración del crecimiento económico global
(en los EE. UU., en China y otros emergentes, en Alemania y la zona
euro) que puede hacer que la deuda mencionada sea pronto una carga
demasiado grande para las empresas, cosa que podría desencadenar sus
quiebras. Como consecuencia, las instituciones financieras verían como
aumentan sus préstamos morosos, cosa que podría provocar una nueva
crisis crediticia porque estas instituciones se negarán a darse
préstamos entre ellas. (...)
Así, del mismo modo que la deuda en el sector inmobiliario (hipotecas de
riesgo elevado) desencadenaron la crisis de 2008, la deuda excesiva de
las empresas -mediante préstamos apalancados por instituciones
financieras que ya tienen mucha deuda- podría ser el chispazo financiero
de una nueva recesión.
Cada vez hay más voces en las grandes
instituciones internacionales (p. e., el FMI), en los principales medios
de comunicación de especialización económica y entre los académicos,
especialmente keynesianos, de las teorías dominantes del pensamiento
económico, que defienden que la economía mundial está atrapada en una
"trampa de bajo crecimiento", que la recuperación de la depresión
reciente ha estado más débil que después de la Gran Depresión de 1929 y
que crece la amenaza del caos que produjo la Gran Recesión de 2008. (...)
Unas voces que parecen reconocer que la flexibilización de la
política monetaria por sí sola no es capaz de restaurar las tasas de
crecimiento de la economía del período anterior a 2008. Creen que habría
vuelto el momento de una combinación de políticas económicas más
equilibrada, dando una mayor importancia a los estímulos fiscales de
carácter keynesiano. Insisten en decir que el gasto público puede servir
para compensar la inestabilidad inherente de la demanda privada. En el
periodo 1950-1970 este fue el consenso político y coincidió con "la edad
de oro" del capitalismo.
Aun así, como recuerdan los economistas
marxistas (como el británico Michael Roberts) la llamada edad de oro
llegó a su final por la disminución de la rentabilidad del capital a
partir de finales de los años 60 del siglo pasado, y no porque se
abandonaran las políticas keynesianas; a la inversa, estas se
abandonaron porque se acabó la edad de oro. (...)
De hecho, aunque las crisis puedan iniciarse por razones monetarias o
crediticias (colapso financiero) o por disputas/"guerras" comerciales
entre países, siempre tienen causas más profundas. Concretamente, la
caída de la rentabilidad de las empresas -de su tasa de beneficios, o
también de su volumen de beneficios- que hace disminuir las inversiones
y, por lo tanto, la demanda efectiva global y el crecimiento de la
economía.
En un primer momento, algunas empresas pueden intentar
contrarrestar esta caída de la rentabilidad con la especulación
financiera, pero esto acabará haciendo más graves las dificultades
monetarias y crediticias de las instituciones financieras y las mismas
empresas. Y los datos más recientes, del FMI o de las 500 empresas del
índice S&P 500, son de una clara disminución de las tasas de
beneficio. Y las previsiones para el próximo futuro van en el mismo
sentido.
Por lo tanto, los intentos para evitar una nueva
depresión mediante las políticas fiscales no parece que puedan frenar ni
revertir la caída de la rentabilidad, de los beneficios y de las
inversiones. Y, si es así, no podrán evitar una nueva recesión. (...)"
(Entrevista a Antoni Soy catedrático de economía aplicada de la Universidad de Barcelona. Ángel Ferrero, Sin Permiso, 15/12/19)
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