17.12.19

'Vuelve la crisis'. ¿Cuáles son los síntomas que así parecen indicarlo?

"1/ Tu último artículo se titula 'Vuelve la crisis'. ¿Cuáles son los síntomas que así parecen indicarlo?

En primer lugar, que en las principales economías del mundo, la deuda de las empresas ha aumentado mucho desde la Gran Recesión de 2008. Al mismo tiempo, ha habido una desaceleración del crecimiento económico global (en los EE. UU., en China y otros emergentes, en Alemania y la zona euro) que puede hacer que la deuda mencionada sea pronto una carga demasiado grande para las empresas, cosa que podría desencadenar sus quiebras. Como consecuencia, las instituciones financieras verían como aumentan sus préstamos morosos, cosa que podría provocar una nueva crisis crediticia porque estas instituciones se negarán a darse préstamos entre ellas. (...)

Así, del mismo modo que la deuda en el sector inmobiliario (hipotecas de riesgo elevado) desencadenaron la crisis de 2008, la deuda excesiva de las empresas -mediante préstamos apalancados por instituciones financieras que ya tienen mucha deuda- podría ser el chispazo financiero de una nueva recesión. 

Cada vez hay más voces en las grandes instituciones internacionales (p. e., el FMI), en los principales medios de comunicación de especialización económica y entre los académicos, especialmente keynesianos, de las teorías dominantes del pensamiento económico, que defienden que la economía mundial está atrapada en una "trampa de bajo crecimiento", que la recuperación de la depresión reciente ha estado más débil que después de la Gran Depresión de 1929 y que crece la amenaza del caos que produjo la Gran Recesión de 2008. (...)

Unas voces que parecen reconocer que la flexibilización de la política monetaria por sí sola no es capaz de restaurar las tasas de crecimiento de la economía del período anterior a 2008. Creen que habría vuelto el momento de una combinación de políticas económicas más equilibrada, dando una mayor importancia a los estímulos fiscales de carácter keynesiano. Insisten en decir que el gasto público puede servir para compensar la inestabilidad inherente de la demanda privada. En el periodo 1950-1970 este fue el consenso político y coincidió con "la edad de oro" del capitalismo.

Aun así, como recuerdan los economistas marxistas (como el británico Michael Roberts) la llamada edad de oro llegó a su final por la disminución de la rentabilidad del capital a partir de finales de los años 60 del siglo pasado, y no porque se abandonaran las políticas keynesianas; a la inversa, estas se abandonaron porque se acabó la edad de oro.  (...)

De hecho, aunque las crisis puedan iniciarse por razones monetarias o crediticias (colapso financiero) o por disputas/"guerras" comerciales entre países, siempre tienen causas más profundas. Concretamente, la caída de la rentabilidad de las empresas -de su tasa de beneficios, o también de su volumen de beneficios- que hace disminuir las inversiones y, por lo tanto, la demanda efectiva global y el crecimiento de la economía. 

En un primer momento, algunas empresas pueden intentar contrarrestar esta caída de la rentabilidad con la especulación financiera, pero esto acabará haciendo más graves las dificultades monetarias y crediticias de las instituciones financieras y las mismas empresas. Y los datos más recientes, del FMI o de las 500 empresas del índice S&P 500, son de una clara disminución de las tasas de beneficio. Y las previsiones para el próximo futuro van en el mismo sentido.

Por lo tanto, los intentos para evitar una nueva depresión mediante las políticas fiscales no parece que puedan frenar ni revertir la caída de la rentabilidad, de los beneficios y de las inversiones. Y, si es así, no podrán evitar una nueva recesión. (...)"                    

(Entrevista a Antoni Soy catedrático de economía aplicada de la Universidad de Barcelona. Ángel Ferrero, Sin Permiso, 15/12/19)

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