"La lucha de territorios es una de las constantes políticas de nuestra
época.
Es curioso cómo la teórica división en clases a la hora de
articular la vida ideológica dejó paso a las cuestiones culturales,
incluidas las identitarias, cuyo punto de fricción más relevante en España
fue el enfrentamiento de la capital con las zonas periféricas
afortunadas, como Cataluña o País Vasco.
Un tercer giro, que añade un
elemento más a la dinámica previa, es el del vaciamiento de zonas
geográficas interiores por la presión de las grandes urbes, con
consecuencias obvias para las ciudades intermedias.
De algún modo, la nueva brecha parece abrirse entre los residentes en
las grandes ciudades y los de la España vaciada, como Castilla,
Extremadura, Asturias o Andalucía. Algo muy similar señalaba Christophe Guilluy en ‘No society’.
Sin embargo, quedarnos en ese estrato sería reducir el asunto de fondo a uno de sus factores, ya que la posición social y la geográfica interactúan, y de una forma muy explícita. Las ciudades globales están concentrado las oportunidades laborales, tanto en el sector servicios como en los sectores profesionales. Al mismo tiempo, las grandes empresas también están concentrando los mejores trabajos,
ya que los salarios son más elevados y sus condiciones suelen ser
mejores.
Las empresas del Ibex, las grandes consultoras, los despachos
jurídicos de renombre y las compañías de inversión ofrecen grandes
ventajas respecto de las demás firmas en lo que se refiere a la
remuneración, pero también en cuanto a capital simbólico: a muchas
personas, aunque estén en los estratos inferiores de la empresa y sus
salarios sean mediocres, les ofrece una identidad el trabajo en una gran
firma. Estas compañías se ubican principalmente en las ciudades
globales.
La región y el capital
Del mismo modo que las
pymes no pueden competir a la hora de captar mano de obra cualificada
con las ofertas de estas empresas, las compañías de las zonas
empobrecidas lo tienen muy difícil para captar a trabajadores formados,
que se han marchado, en especial los de generaciones jóvenes, a las grandes ciudades para conseguir recorrido profesional.
Aquí
el elemento de clase se cruza con el geográfico. El desplazamiento de
las ciudades intermedias o los entornos rurales hacia las urbes, al
igual que el movimiento hacia arriba en la escala social, requiere
fundamentalmente de un elemento: estar en disposición de poder
realizarlo. En este sentido, la variable territorial suma un elemento de dificultad
a la posibilidad de poder mantener la posición social o de mejorarla.
Por una parte, la mayoría de las cualificaciones requeridas para obtener
trabajos bien pagados son adquiridas en centros de formación,
universidades y empresas que están en las grandes urbes, lo que hace
necesaria una inversión familiar notable.
El precio de la
formación está aumentando, a lo que se suma el hecho del gasto adicional
que supone su realización en otra ciudad. Del mismo modo, desplazarse a
una urbe a trabajar o a buscar empleo requiere poseer un capital mínimo
para iniciar la andadura. Además, mucha gente emigra a las ciudades
globales para buscar opciones en la profesión para la que se ha formado
y, mientras llega, se mantiene con ahorros, dinero familiar o empleos
poco cualificados. En esta circunstancia, el capital acumulado sirve para comprar tiempo: la capacidad de resistencia hasta que llega esa oportunidad para quien tiene dinero es mucho mayor que para quien no lo tiene.
Buscar opciones fuera
En definitiva, el efecto es doble. Por
una parte, quienes se desplazan a la ciudad a sectores con salarios más
bajos sufren un descenso en el nivel de vida, ya que deben afrontar
gastos más elevados y pierden esa red familiar de referencia,
a menudo indispensable, en especial para la crianza; ocurre algo
similar en los trabajos cualificados, ya que los costes para acceder él
se elevan. Por otra, parte las zonas geográficas perdedoras
cada vez tienen menos empleos, lo que obliga a la gente a buscar
opciones en otros lugares, y tampoco pueden retener a la mano de obra
cualificada.
La interrelación entre estas dinámicas territoriales con las de clase es
el objeto de estudio de ‘Elites in the UK: Pulling away? Social
mobility, geographic mobility and elite occupations’, una investigación realizada por Katharina Hecht, Daniel McArthur, Mike Savage y Sam Friedman.
En ella se analizan las consecuencias para la movilidad social de esta
dinámica de concentración de recursos en las grandes ciudades en Gran
Bretaña a partir del reparto de los trabajos de élite. A pesar de la
expansión de los empleos profesionales y de gestión en la última parte
del siglo XX, afirma el estudio, las oportunidades para quienes proceden
de hogares menos acomodados ha disminuido. Un 20% de los nacidos entre 1955-61 que ocupaban trabajos de ese tipo provenía de clases menos acomodadas; para los nacidos entre 1975-1981, ese porcentaje es del 12%.
En segunda instancia, el estudio concluye que los nacidos en Londres tienen más oportunidades de situarse profesionalmente
y que esa probabilidad es menor para quienes crecieron fuera de la
capital: “Mudarse a Londres para trabajar en un empleo de prestigio está
en gran medida reservado a quienes provienen de hogares acomodados de
fuera de la capital”.
En este mismo sentido, “la idea de trasladarse a
la capital para ascender laboralmente es, en buena medida, un mito. La
mayoría de las personas que han ascendido socialmente lo han hecho en
los lugares donde crecieron”. La movilidad geográfica está asociada a la
reproducción de la ventaja de clase social.
Los londinenses "comunes"
El
estudio incluye otro elemento relevante que subraya que en la capital
tampoco las cosas les van bien a sus oriundos. Al igual que la mayoría
de las clases medias que trabajan en las urbes deben marcharse fuera, en general a las poblaciones de la periferia, para tener un nivel de vida aceptable a precios asequibles, la mayoría de los londinenses “comunes” que acaban ocupando posiciones de élite deben marcharse de Londres,
a otras ciudades, británicas o de otros países, para lograrlo. Sin
embargo, quienes provienen de entornos privilegiados, hayan nacido o no
en Londres, consiguen sus objetivos sin necesidad de salir de la
capital.
Londres es una urbe global, con características
diferentes de Madrid o Barcelona, pero precisamente por el carácter
mundial de estos movimientos de fondo, las diferencias están en el
grado, no en la tendencia en sí. Y la concentración territorial no es el
más que el efecto geográfico de la concentración generalizada que está
viviendo nuestro sistema.
Eso supone menos oportunidades laborales, una posibilidad de acceso a ella vinculada a la cantidad de recursos previos,
y por tanto a la posición de clase, y un cierre de las profesiones y de
los empleos mejor remunerados alrededor de sectores sociales que ya estaban en ellos. El territorio es un elemento más de esta dinámica, no el central." (Esteban Hernández, El Confidencial, 21/02/20)
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