"(...) Hay un pasaje donde analiza la forma
en que los partidos se dirigen a los millones de personas que no están
interesadas en política. La derecha les considera “mayoría silenciosa”,
ciudadanos cuyas demandas no han sido atendidas; la izquierda, en
cambio, les insulta con el adjetivo “cuñados”, que alude a su escasa
sofisticación intelectual. Mucha diferencia, ¿no?
La
derecha está ganando la batalla cultural por goleada. Saben identificar
las fibras más sensibles de la población y dirigirse a ellas. Mira la
creciente importancia del evangelismo, que está relacionada con la
creación de lazos comunitarios en un mundo comido por la soledad.
Crean
tejido social, incluso con gente que se puede aburrir en misa pero sabe
que la iglesia es el lugar donde tienen trato humano con los demás. En
España, Vox ha hecho bandera de la caza, algo contra lo que yo tengo
objeciones morales pero eso no me impide ver que en los pueblos crea
vínculo social, es la ocasión de estrechar relaciones.
Los ‘incels’
rurales, por ejemplo, tienen su esfera social ahí. La derecha está
pillando muy bien estas necesidades. Cuando Vox reivindica la caza está
apelando hábilmente a la sensibilidad de la España vaciada. La prueba es
que en Salamanca ha arrasado Vox.
La izquierda está demostrando menos
capacidad para detectar estas cosas. Tenemos tendencia a los sermones
ideológicos, que nos hacen sentir calentitos, pero son mucho menos
eficaces. Además la religión nos lleva mucha ventaja, ya que en las
iglesias te bautizas, te casas y rezan por tu alma, rituales que no
tienen cabida en una delegación política.
¿Cómo ha perdido la izquierda sintonía con la calle?
Los
políticos de izquierda crecen en ambientes militantes donde se
establecen lazos sociales densos; eso puede contribuir a que no se
enteren del desierto que hay fuera de sus círculos. Tienen vidas con
muchas relaciones dentro del partido, pero el partido es algo pequeñito
dentro de la sociedad a la que te diriges.
De hecho, el núcleo de
partido en que te mueves ni siquiera da una idea de lo que ocurre en tu
barrio. La mayoría de la izquierda se ha formado en ideas
universalistas, con mucha atención a lo que ocurre en el espacio
público, por eso olvidan conflictos de la esfera privada, las relaciones
de distancia corta. El leninismo se fija en los grandes problemas
estructurales, pero no presta atención a las relaciones cotidianas.
¿Algún ejemplo cotidiano?
Una
cosa que me llama la atención es como la izquierda no tiene un discurso
sobre la ropa, ni sobre la moda. Se descalifica todo de un plumazo,
diciendo que el consumismo es algo malo. Se menosprecia al quinceañero
de clase trabajadora cuyo objetivo es coseguir un chandal de marca, que
está incluso dispuesto a robarlo, corriendo el riesgo de que le jodan la
vida por un delito. Creo que es mejor enfoque analizar por qué tiene
ese deseo, no decirle que lo importante es el cambio climático y la
evasión fiscal.
La derecha compra su ropa en la calle Serrano, mientras
que la izquierda desprecia la moda, pero luego estamos todos muy
pendientes de lo que llevamos, hasta el punto de que el uniforme de
persona de izquierda es muy reconocible para cualquiera. Vuelvo al
problema de la soledad: cuando te sientes solo, puedes resolverlo
emborrachándote con los amigos y saliendo a cazar jabalíes o buscando
entre todos formas menos agresivas. Digo “entre todos” porque muchos
problemas de la intimidad son comunes.
Por ejemplo: alguien de izquierda
se encuentra con un votante de Vox, pero descubre que disfruta el mismo
tipo de literatura que él y eso ya te hace consciente de que el mundo
es un lugar más complicado de los que pensamos. Una vez descubres eso,
es más fácil darte cuenta de que los discursos polarizadores -cada vez
más frecuentes- no nos dejan ver problemas comunes que son urgentes de
resolver.
Le noto desanimado con su militancia política.
Ser
de izquierdas ahora mismo es como ser del Atleti. Todas las semanas
sabes que te van a derrotar y que solamente un par de veces al año vas a
vivir algún momento excelso. Te juntas a gritar en el estadio pensando
que esta vez sí, que se puede ganar, pero luego pasa lo mismo de
siempre.
En gran medida, el 15-M fue un espejismo político: una de sus
grandes derrotas es comprobar cómo los “partidos del cambio” han
internalizado lógicas de derechas. Pienso en esas competiciones feroces
entre compañeros por ocupar un puesto remunerado.
Si protestas o tienes
una opinión diferente, te mandan al guardia para disciplinarte. Un
partido de izquierda debería encarnar unas formas de funcionamiento
distintas a una empresa capitalista hipercompetitiva." (Entrevista a Fernando Broncano, víctor Lenore, Vox Populi, 17/02/20)
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