"(...) Llevamos años oyendo que el riesgo estaba en la intervención de los
poderes públicos que, al querer afrontar los desajustes del mercado e
incrementar la protección, lo que provocaba eran mayores contratiempos.
Ahora, en cambio, lo que vemos es lo importantes que son las políticas
públicas para afrontar situaciones en que lo que está en juego es la
vida. (...)
Los Estados han reaparecido como garantes de un umbral básico de
protección generalizada. Como referentes de un “nosotros” que resulta
imprescindible cuando se alude a un riesgo compartido. Europa no
constituye ese techo común.
Pero la Comisión Europea no puede refugiarse
en que no tiene competencias ni dispone de políticas propias en materia
de salud. De la mano del control monetario y financiero, ha intervenido
enormemente en las políticas públicas de cada país miembro. Recordemos
la presión ejercida para reducir presupuestos públicos en educación,
salud o servicios sociales. (...)
Ni es una crisis sanitaria habitual ni sus secuelas lo serán. La
combinación cambio tecnológico-riesgo global y sus diversos componentes
obliga a repensar estructuralmente un modelo que ha dejado que la lógica
del mercado adquiriera vida propia y acabe definiendo lo que es
beneficioso o perjudicial general e indiscriminadamente.
Lo hemos visto
estos días con el trasiego de mascarillas y aparatos de ventilación por
toda Europa. ¿Para cuándo una normativa europea que revoque los derechos
de propiedad intelectual de instrumentos básicos de defensa de la vida?
¿Es la lógica del mercado la que debe guiar una investigación médica
que resulta imposible sin la inversión pública en ciencia básica? ¿No
debería ser abierta y genérica la vacuna de la Covid-19?
¿Condicionaremos las ayudas de recuperación económica a que se cumplan
objetivos públicos inaplazables? (...)" (Joan Subirats, El País, 22/03/20)
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