"La situación que ha encontrado la Unidad Militar de Emergencias en su
labor de desinfección y apoyo sanitario a las residencias de ancianos ha
destapado situaciones absolutamente inaceptables.
La presencia de
ancianos abandonados en condiciones de salubridad deplorables y
cadáveres sin recoger indica que estas instituciones han quedado
absolutamente sobrepasadas, dejando en la indefensión a muchos
residentes. Es difícil evaluar cuánto de esta gestión se debe a un
desbordamiento inevitable, fruto del impacto de la epidemia entre los
cuidadores, y cuánto a una mala praxis o a gravísimas carencias
estructurales. (...)
Esta crisis ha destapado algo de lo que ya teníamos indicios y que
pone en cuestión todo el modelo de gestión de la atención de las
personas mayores. Algunos informes alertaban ya de que la dotación de
personal era en muchos casos insuficiente para un cuidado de calidad.
Otros informes advertían del uso abusivo de medicamentos para mantener a
los residentes en un estado de letargo y suplir así la falta de
cuidadores.
Reconociendo el gran esfuerzo que muchos trabajadores hacen estos
días, expuestos como están ellos mismos por falta de medios de
protección, y de los muchos ejemplos de sacrificio y abnegación que
hemos conocido, es evidente que lo que ahora aflora es un amargo agujero
negro en nuestro Estado de bienestar.
En cuanto podamos superar esta
situación de excepcionalidad, en la que lo prioritario es derivar
recursos y personal a las residencias, habrá que revisar con el máximo
rigor el modelo de gestión que tenemos, si el nivel actual de
financiación es suficiente y si el sistema de conciertos con entidades
privadas, muchas con ánimo de lucro, y los controles públicos garantizan
los cuidados de calidad que los mayores necesitan." (Editorial de El País, 25/03/20)
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