27.3.20

Nuestros líderes están aterrorizados no del virus, sino de nosotros. Hay una especie de karma trágico en el hecho de que tantos países importantes están dirigidos por los hombres menos capacitados ideológica, emocional y espiritualmente para hacer frente al virus. La historia que nos han estado contando durante 40 años sobre las duras realidades económicas está a punto de ser expuesta como un cuento de hadas interesado. Nos han mentido, y pronto vamos a entender eso muy claramente

"Casi se puede oler el sudor cargado de miedo que rezuma por los poros de las emisoras de televisión y los posteos en las redes sociales, a medida que finalmente el establishment político y mediático advierte lo que el coronavirus realmente significa. Y no estoy hablando de la amenaza que supone para nuestra salud.


Una visión del mundo que durante casi dos generaciones ha desplazado a todas las otras se está derrumbando. No tiene respuestas para el actual atolladero. Hay una especie de karma trágico en el hecho de que tantos países importantes, es decir, economías importantes, están hoy en día dirigidos por los hombres menos capacitados ideológica, emocional y espiritualmente para hacer frente al virus.


Esto está quedando expuesto con claridad en todo Occidente, pero el Reino Unido es un caso de estudio particularmente revelador.


Arrastrando los pies


El fin de semana se supo que Dominic Cummings, el poder ideológico que está detrás de Boris Johnson, el primer ministro bufón, fue clave para retrasar la respuesta del gobierno británico al coronavirus, lo que llevó a Gran Bretaña por el camino italiano (malo) de contagio en lugar del surcoreano (bueno).


Según los informes de los medios de comunicación de este fin de semana, Cummings inicialmente paralizó la acción del gobierno, argumentando sobre la plaga que se avecinaba que “si eso significa que algunos pensionistas mueran, mala suerte”. Ese enfoque explica que el arrastre de pies durante muchos días, y los días posteriores de vacilación, que sólo ahora está llegando a una resolución.

Cummings, por supuesto, niega haber hecho esa declaración, calificando la acusación de “difamatoria”. Pero prescindamos de las formalidades. ¿Alguien realmente −realmente− cree que ese no fue el primer pensamiento de Cummings y de la mitad del gabinete, al enfrentarse a un inminente contagio que −percibieron− estaba a punto de desenmascarar la teoría social y económica que durante toda su carrera política se han dedicado a convertir en un culto de masas? Una teoría económica de la cual −por feliz coincidencia− derivan su poder político y sus privilegios de clase.


Y por supuesto, estos monetaristas duros ya se están convirtiendo en socialistas de mentira para enfrentar las primeras semanas de la crisis. Y hay muchos meses más por delante. (...)

Desde el colapso financiero de 2008, los conservadores han recortado hasta la médula los gastos sociales y de bienestar, creando una enorme clase marginada en Gran Bretaña, y han dejado a las autoridades locales sin dinero e incapaces de cubrir el déficit. Durante la última década, el gobierno conservador excusó su enfoque brutal con el mantra de que no había un “árbol mágico del dinero” para ayudar en tiempos de dificultades.  (...)

El “neoliberalismo” se convirtió en un término mistificador, usado para reformular el insostenible capitalismo corporativo de la última etapa no sólo como un sistema racional y justo, sino como el único sistema que no implicaba gulags o colas por el pan.


No sólo los políticos británicos (incluyendo la mayoría del partido laborista) lo suscribieron, sino que también lo hicieron todos los medios de comunicación corporativos, aun cuando el ‘liberal’ The Guardian se estrujara las manos muy ocasionalmente y de forma totalmente ineficaz respecto a si no sería el momento de hacer que este capitalismo exacerbado fuera un poco más cuidadoso.


Sólo los ilusos y peligrosos ‘devotos’ de Corbyn pensaban de otra manera. 
 
Pero de repente, parece que los conservadores han encontrado ese árbol mágico del dinero después de todo. Estuvo ahí todo el tiempo, y aparentemente tiene muchas frutas de baja altura a las que el resto de nosotros/as podemos acceder.


No hace falta ser un genio como Dominic Cummings para ver lo políticamente aterrador que es este momento para el sistema. La historia que nos han estado contando durante 40 años o más sobre las duras realidades económicas está a punto de ser expuesta como un cuento de hadas interesado. Nos han mentido, y pronto vamos a entender eso muy claramente.  (...)

La actual desesperación de la clase política y de los medios de comunicación tiene una causa sustancial −y una que debería preocuparnos tanto como el propio virus−.


Hace doce años el capitalismo se tambaleó al borde del abismo, exponiendo sus fallas estructurales ante cualquiera que se preocupara por mirar. El colapso de 2008 casi rompió el sistema financiero mundial. Fue salvado por nosotros, la gente. El gobierno metió la mano a fondo en nuestros bolsillos y transfirió nuestro dinero a los bancos. O más bien a los banqueros.


Salvamos a los banqueros −y a los políticos− de su incompetencia económica a través de rescates que fueron de nuevo mistificados llamándoles “alivio cuantitativo”.


Pero nosotros no fuimos los recompensados. No éramos dueños de los bancos ni teníamos una participación significativa en ellos. Ni siquiera obtuvimos supervisión a cambio de nuestra enorme inversión pública. Una vez que los salvamos, los banqueros volvieron a enriquecerse y a enriquecer a sus amigos de la misma manera que estancó la economía en 2008.


Los rescates no arreglaron el capitalismo; simplemente retrasaron un poco más su inevitable colapso.

El capitalismo sigue siendo estructuralmente defectuoso. Su dependencia de un consumo en constante expansión no puede responder a las crisis ambientales que necesariamente conlleva dicho consumo.

(...)  el capitalismo está ahora en modo de supervivencia. Es por eso que los gobiernos occidentales, por un tiempo, tratarán de “rescatar” también a algunos sectores de su sociedad, devolviéndoles parte de la riqueza común que ha sido extraída durante muchas décadas. Estos gobiernos tratarán de ocultar por un tiempo más el hecho de que el capitalismo es totalmente incapaz de resolver las mismas crisis que ha creado. Tratarán de comprar nuestra continua deferencia hacia un sistema que ha destruido nuestro planeta y el futuro de nuestros hijos.
 
No funcionará indefinidamente, como Dominic Cummings sabe muy bien. Por eso el gobierno de Johnson, así como la administración Trump y sus calcos de Brasil, Hungría, Israel, India y otros lugares, están en proceso de redactar una legislación de emergencia draconiana que tendrá un objetivo de más largo plazo que el inmediato de prevenir el contagio.


Los gobiernos occidentales llegarán a la conclusión de que ha llegado el momento de reforzar el sistema inmunológico del capitalismo contra su propia gente. El riesgo es que, cuando tengan la oportunidad, empezarán a tratarnos a nosotros, no al virus, como la verdadera plaga."             (Jonathan Cook  , Rebelión, 27/03/20)

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