"Hay una guerra abierta entre EEUU y China, que es comercial, económica,
tecnológica y cultural, y que está recrudeciéndose estos días. El orden
global se ha roto y el coronavirus ha intensificado sus contradicciones,
que no pararán cuando la pandemia se ataje. De hecho, el Covid-19 se ha
convertido ya en un escenario más de la contienda. (...)
EEUU es la potencia dominante y fue la hegemónica desde 1989. Su modo de
ejercer el poder cambió con la llegada de la globalización, cuando
decidió adoptar otros caminos de expansión. (...)
Wall Street y la City fueron su destino: el capitalismo se hizo financiero, EEUU ha sido y es su centro y principal baluarte, y su dominio internacional ha ido ligado en las últimas décadas a su fortaleza financiera.
La otra forma de expansión estadounidense fue la tecnológica, con Silicon Valley como buque insignia. (...)
Al optar por las finanzas y la tecnología, EEUU dejó un espacio libre para lo productivo. Hubo una reorganización internacional del trabajo en la que EEUU se reservó el papel de asegurar la rentabilidad del capital. China era el complemento perfecto para ese nuevo orden,
ya que su régimen dictatorial y la abundante mano de obra barata
aseguraban una producción eficiente, a tiempo y a precios muy bajos, que
encajaba como un guante en las necesidades del capitalismo
financiarizado. China se convirtió en la fábrica del mundo. Solo que no
se conformó con ser la periferia. El régimen chino consiguió ingentes
recursos y 'know how' de Occidente que utilizó para crecer como
potencia. (...)
China aprovechó las fortalezas que le brindaba ser el centro productivo del mundo, pero no se conformó con eso,
y fue adquiriendo fortaleza financiera y construyendo una industria
potente en aquello de lo que parecía relegada, la innovación. (...)
Había, pues, dos potencias enfrentadas, una que se apoyaba en lo
financiero y lo tecnológico, y otra que se asentaba en lo productivo.
Justo antes del coronavirus vivíamos un momento peculiar, porque EEUU
había optado por tratar de recuperar lo productivo, relocalizando parte de sus fábricas fuera del alcance chino, mientras que el régimen de Xi Jinping quería seguir siendo la fábrica del mundo, pero había dejado claro que también iba a participar en la tarta tecnológica.
Estamos bajo ataque
Ahora
ha llegado el coronavirus, que no ha hecho más que acelerar las
tendencias que ya estábamos viviendo. Y en esos términos debemos
interpretar lo que está pasando estos días en la economía y en las
bolsas occidentales. Lo resumió bien Bruno Le Maire, ministro de Finanzas galo: “Francia está inmersa en una guerra económica y financiera que será larga y violenta… Protegeremos a las compañías francesas importantes, recapitalizándolas, comprando acciones o incluso nacionalizándolas”.
Las declaraciones de Le Maire van en la misma dirección que las de Sánchez cuando afirmó que impediría que las empresas españolas más importantes,
que estaban a tiro de opa, fueran adquiridas por firmas que no
pertenecieran a la UE: estamos bajo ataque y nos vamos a proteger. Por
eso la bolsa española subió ayer. Los Estados europeos temen, con toda
la razón, que su fragilidad sea aprovechada por las dos grandes
potencias para seguir incrementando su poder a su costa. (...)
De las crisis y de las guerras emergen potencias ganadoras. Del lado estadounidense, los grandes fondos van a sacar partido de este momento,
intensificando el poder anglosajón. Al atajar la pandemia rápido, China
también quedará en buena disposición para desarrollarse y penetrar más
en otras industrias, sectores y países.
Al mismo tiempo, no podemos olvidar que si un sector va a salir reforzado de la cuarentena, ese será el de la economía digital.
Amazon, Google, WhastApp, las firmas de redes sociales, las empresas de
telecomunicaciones y plataformas como Netflix, entre otras, serán
claras beneficiadas de este momento, y más aún con la cantidad de datos
que van a poder recoger de todos nosotros a todas horas. En ese terreno,
la potencia más beneficiada será EEUU, pero también China, que cuenta
con empresas similares con gran implantación, y que además tiene el 5G.
De modo que aquí tenemos una primera respuesta a la pregunta de quién ganará la guerra entre EEUU y China:
ambas potencias. O formulado a la inversa, si queremos saber quién
perderá, Europa tiene todas las papeletas, salvo que reaccione rápido. Y
el problema no es solo ahora, con la prima de riesgo ya castigándonos,
sino que cuando la crisis sanitaria haya pasado y los efectos económicos
persistan, es probable que los mercados nos pasen una factura grande y
que las empresas europeas, y las españolas más todavía, vuelvan a quedar
expuestas.
Y si la recesión afecta a las clases medias y a las
trabajadoras, las cosas van a complicarse en lo social. Seremos
regímenes débiles en términos económicos, financieros y sociales. Ocurre en todas las guerras: los territorios que las pierden se reparten entre los ganadores.
Esta situación está abriendo brechas profundas en la UE, y a menos que
exista una reacción contundente y coordinada, nuestro continente se va a
partir. (...)
La batalla comunicativa está siendo intensa, con la
propaganda y desinformación habituales, que ambos lados están
amplificando. A China no le está yendo mal en ese sentido, porque ha
ofrecido una respuesta rápida y contundente al caos, y eso suele
valorarse. Además, hay países que están recibiendo su ayuda, mientras
Occidente se ha olvidado de ellos, y eso tiene un coste.
Cómo se pierde una guerra
Sin embargo, el aspecto esencial está en otro lado, en el frente interno.
Ahí radica una fortaleza china y una posible debilidad de EEUU. Si el
coronavirus golpea con cierta fuerza en EEUU, la situación se volverá
muy tensa. (...)
Si el virus se extiende, la inestabilidad social
puede ser muy elevada. Por eso Trump ha tomado medidas contundentes,
contemplando incluso la posibilidad de dar dinero a cada estadounidense.
No controlar lo interno supone empezar a perder la guerra.
(...) el éxito del control social chino puede ser visto como una vía de futuro para ser más eficaces y atajar las tensiones sociales. Cuanto más eficientes se les perciba, más se creerá que es a causa de su régimen político, y mayores serán las tentaciones occidentales de girar hacia sistemas menos liberales políticamente.
Pese a que en este momento China parece estar saliendo mejor parada en
la guerra del coronavirus, no está aún en condiciones de ganarle la
guerra a EEUU. Las fortalezas anglosajonas son sustancialmente mayores
que las del régimen chino y es muy difícil que eso cambie a corto plazo.
Sin embargo, EEUU (como la UE, Alemania o España, por otra parte) tiene un punto débil, sus élites económicas y políticas.
Viven en un mundo aparte, en una ciudadela que les impide entender el
mundo real, aquel en el que viven, y por tanto tomar decisiones
adecuadas. La mala gestión de la crisis, entre deficiente y nefasta, ha
venido a ponerlo de manifiesto más explícitamente que nunca. Dicho de
otro modo, China no le puede ganar la guerra a EEUU, pero EEUU sí puede
perderla.
Esta es una gran lección que nos ofrece el coronavirus, pero que no sé si hay alguien fuera dispuesto a escucharla.
Las guerras comienzan a ganarse o perderse en el frente interno, en la
cohesión social, en la legitimidad que generan, en el bienestar que
ofrecen, en la capacidad de reaccionar frente a las crisis de sus
dirigentes. Europa no lo está haciendo, y España se está dejando llevar
por unas dinámicas que nos resultan muy perjudiciales: vamos camino de
ser el botín. La contienda entre EEUU y China la estamos perdiendo
nosotros, y algo deberíamos hacer para cambiarlo." (Esteban Hernández, El Confidencial, 18/03/20)
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